sábado, 28 de mayo de 2016

GUATEMALA: PROHIBIDO OLVIDAR, EL 29 DE MAYO DE 1978 LA MASACRE DE PANZÓS


MORIR PARA GANAR LA VIDA: La Masacre de Panzós   
  20 minutos Realizado Por Asociación COMUNICARTE
Dirección: Arturo Albizures y Boris Hernandez 
Documental que reconstruye la tragedia vivida por el pueblo de Panzós en su lucha por la tierra, el 29 de mayo de 1978.
 
Este documental ha sido galardonado con dos premios: Primer lugar al Documental Profesional en el Segundo Festival ICARO a la Creación en Vídeo y Premio Saúl Yelín, otorgado por la Asociación de Cineastas de Latinoamérica, en el 21 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, celebrado en la Habana, Cuba.
 
  
El 29 de mayo de 1978, campesinos hombres y mujeres de las comunidades de Cahaboncito, Panzós, Semococh, Rubetzul, Canguacha, Sepacay, Finca Moyagua y barrio Soledad de Alta Verapaz, manifestaban frente a la Municipalidad de Panzós, con decisión y coraje, liderados por Mamá Maquin. En ese momento el ejército quien se encontraba ya en el lugar comenzó a disparar asesinando a hombres, mujeres y niños. Asimismo, antes y después de este hecho se registraron varias desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales de campesinos que luchaban por sus tierras.
Ese día el alcalde les había citado para responder a las demandas y resistencia del pueblo en cuanto a los desalojos de sus tierras por parte de finqueros, autoridades locales, y militares a favor de los intereses económicos de la compañía Explotaciones Mineras de Izabal –EXMIBAL, además de la explotación minera de otros minerales por la empresa Transmetales, S.A. Otra de las amenazas de ese entonces eran los proyectos de explotación y exploración de petróleo: Exxon, Shenandoah y los contratos de Hispanoil y Getty Oil, al igual que la necesidad de expansión territorial de dos megaproyectos de esa época: la Franja Transversal del Norte y la hidroeléctrica Chixoy.
Esta masacre fue el inicio de toda una estrategia de genocidio contra la población maya impulsada por el Estado de Guatemala durante el conflicto armado interno, a través de las sus fuerzas represoras, éstos graves crímenes aún continúan en la impunidad.
Adelina Caal Maquin (Mamá Maquin)

Adelina Caal Maquin, conocida como Mamá Maquin, fue una mujer con un liderazgo reconocido en la zona. Tenía poder de convocatoria entre la gente, que promovía la reinvidicación de la tierra y que impulsaba las actividades culturales de la población q'eqchi 


Foto: Mauro Calanchina

lunes, 23 de mayo de 2016

GUATEMALA: CLAVELES ROJOS PARA VICTOR HUGO CRUZ, EL POETA, DRAMATURGO, DIRECTOR TEATRAL, DECLAMADOR, CINEASTA Y SOBRE TODO UN GRAN REVOLUCINARIO


CLAVELES ROJOS (Fragmento, Poema de Ada Valenzuela)

Claveles rojos por la vida,
Claveles rojos por la sangre derramada.
¡Claveles rojos contra la hambruna!
Claveles rojos para quien sigue en esta lucha.

Claveles rojos para el poeta de la revolución,
Claveles rojos para quien canta la verdad arriesgando la vida.
¡Claveles rojos contra el conservadurismo!
Claveles rojos que llenen las calles y avenidas de este país.

El día viernes 20 de mayo la CASA ROJA, la casa de Poncho se lleno de Claveles, El Colectivo CLAVEL ROJO realizo una actividad cultural en honor al dramaturgo Victor Hugo Cruz, reconociendolo como un revolucionario con una trayectoria de honestidad y compromiso social, como artista Y escritor.

 

VICTOR HUGO CRUZ

El dramaturgo Víctor Hugo Cruz comenzó su carrera como actor en 1958, en el Teatro de Arte Universitario (TAU). Es declamador, director teatral y técnico. Ha escrito obras de teatro con las cuales ha ganado tres premios en los Juegos Florales Centroamericanos de Quezaltenango: Dos y dos son cinco (1971); De frente, March (1973), y Smog (1974). También escribió El benemérito pueblo de Villabuena (1973), con la que ganó el VI Festival de Cultura en Antigua Guatemala, en 1974.

Victor Hugo Cruz sorprendio a todas y todos los presentes al declamar poemas de varios poetas en su mayoria de Otto Rene Castillo.



VIDEO: 
Se proyecto un video donde Victor Hugo Cruz declama el poema "Vamos Patria a Caminar" del poeta Otto Rene Castillo.








POESIA:

Presentación de dos poetas Guatemaltecos:
 
La Poeta y escritora MAYA CU y GODO DE MEDEIROS  periodista, poeta, escritor y narrador guatemalteco

RABIA (fragmento) Maya Cu

Te aterras Guatemala y te das vergüenza Guatemala.Te da miedo verte al espejo y ver tu viejo rostroadolescente, agrietado, herido; morenísimamente hermoso.  Te horrorizas al saberte híbrida y te lavas la cara. Tus ojos yTu boca aparecen indios; te ves los rizos, y una parte de ti Vibra tropical y negra.

 

BAJO EL INVIERNO DE NUESTRA INOCENCIA
GODO DE MEDEIROS (FRAGMENTO)

Todo cuenta. Cuentan las palabras que dejamos morir en nuestro pecho, las lágrimas de quienes no han querido vernos tristes. Todo cuenta y todo vale. Cuentan los fracasos y las humillaciones. cuentan los abrazos y los besos. Las bienvenidas y las despedidas.



LLegada de Victor Hugo Cruz
Recuerdos y anegdotas con dirigentes y artistas
Fotos: Arturo Albizures

sábado, 21 de mayo de 2016

MAYO

Sandra Xinico Batz
Recuerdo a mayo en mi infancia entre la lluvia, el mercado abarrotado de frutas y su olor particular a nance. Ningún mayo pasaba desapercibido pues era el mes de la feria de mi querido pueblo, Patzún. Pasear entre los juegos y ventas de la feria era un regalo que las y los niños recibíamos cada año.
En mayo también celebramos el nacimiento de una de mis hermanas, Ana, quien nació en una de las habitaciones de la casa de mis abuelos paternos, en medio de un clima de miedo y terror, en uno de los años más duros del Conflicto Armado Interno, 1982, dos semanas antes de que mi abuelo materno, Tomás Batz, fuese secuestrado y desaparecido. Su nombre Ana es en honor a una de mis bisabuelas.
Seguramente no fue la única que nació ese año y ese mes en estas condiciones, entre la alegría de una nueva vida y el dolor de una desaparición forzada. Nuestro pueblo tampoco la pasaba bien, un mes antes (abril) una de sus aldeas, Chipiacul había sido masacrada y el día que mi abuelo desapareció, también desaparecieron a otras personas de Patzún.
Con el tiempo y ya teniendo conciencia de lo que mayo significaba en mi vida y en la de mi familia, me di cuenta que uno de los poetas que admiraba había sido desaparecido un mayo, esta vez era 1984 cuando secuestraron a Luis De León, maestro kaqchikel. También, ese mismo año y mes, en la universidad donde estudié y donde me organicé por primera vez, la Usac, desaparecieron a muchos estudiantes, entre ellos el secretariado de la Asociación de Estudiantes Universitarios: Carlos Cuevas, Otto Estrada, Rubén Farfán, Sergio Alvarado, Gustavo Castañón, Irma Hichos, Hector Interiano.
Leo el informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico y son cientos de personas las que en un mayo fueron capturadas, desaparecidas y/o asesinadas; comunidades arrasadas y miles de muertos que el genocidio dejó. Pienso en los cientos de personas cuyos nombres no conocimos y de los cuales, incluso, no existen registro, cientos de luchadores y luchadoras cuyos nombres no aparecen en las plaquetas de conmemoraciones, pero que también pelearon por resguardar sus vidas y las de sus comunidades.
Fue un mayo también en 2013, cuando nos devolvieron la esperanza de que en este país puede haber justicia y escuchamos dictaminar que sí hubo genocidio y que Efraín Ríos Montt sería solamente uno de los primeros en asumir las consecuencias de lo que conscientemente planificó y ejecutó con el objetivo de exterminar a los pueblos mayas; sentencia que en nuestras memorias nadie podrá botar ni borrar, como no borraremos de nuestras vidas a toda la gente que seguimos buscando y esperando que vuelvan.
Un mayo de 2014, mi abuelo paterno, Basilio Xinico, fallece, luego de una vida completa, envejeció en su casa y rodeado de su familia, pudimos llorar, reír, recordar y enterrarlo. Las flores adornan el lugar donde posa y yo llevo sus enseñanzas en mi vida cada día.
Todo esto en mayo.
http://lahora.gt/mayo/

jueves, 19 de mayo de 2016

Refundar el Estado. Nada se puede hacer si no están presentes en la lucha, quienes abiertamente se han enfrentado al sistema.


MIGUEL ÁNGEL ALBIZURES
Es indudable que el Estado guatemalteco necesita transformaciones profundas, pues los pilares que lo sustentan: discriminación, racismo y exclusión, siguen intocables porque siguen siendo los mismos los que lo mantienen secuestrado y a su servicio. Pero esa transformación tiene que venir desde abajo, desde el sentir del pueblo, de los movimientos sociales, desde dentro y no desde Panamá, pues aunque César Montes plantea que no se trata de rescatar a un personaje que está en el exterior, ese es el intento que recién hicieron con su presencia y sus aplausos en la reunión en Panamá.
Presente tengo cuando frente a la casa donde vivía, pasaba una hilera de soldados y la noticia del autogolpe empezaba a difundirse. Ese día, recordé los temibles años de persecución y como pude, me fui a las oficinas de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (Famdegua). El acuerdo en esa reunión improvisada fue empezar a hacer cartelones y unirnos a la resistencia. La censura ya había caído contra los medios de comunicación, pero ya no importaba si nos quedábamos en el camino como sucedió a muchos compañeros en 1984-85 cuando Mejía Víctores emprendió la última limpieza de líderes sociales, o lo sucedido en 1989 con los dirigentes estudiantiles asesinados y desaparecidos.
Por eso no comparto las afirmaciones de César Montes quien en esa reunión señaló que: “los militares que están aquí, fueron los que nos enfrentaron a nosotros sin enlodar su uniforme con crímenes, son los que combatieron, como combatimos nosotros, por ideales”, se le olvidó que fue la época en que no hubo presos políticos, solo asesinados y desaparecidos y que ellos, los militares, se pusieron a las órdenes de la oligarquía para defender el sistema de represión, opresión e injusticia. Señaló también que estaban presentes: “patrulleros que defendieron las fincas, que defendieron las fábricas de todos aquellos que se enriquecieron con el proceso de enfrentamiento”. La historia recoge la participación de patrulleros en muchas de las masacres por las cuales varios han sido juzgados. No se puede negar que en esa reunión hubiera gente digna y que la propuesta sea importante, pues fue una de las exigencias en las movilizaciones del año pasado. Compartimos con César Montes que, al igual que él, “queremos un Ejército digno, patriótico, al servicio de las comunidades”, no de la oligarquía y el sistema.
Pero insistimos, nada se puede hacer si no están presentes en la lucha, quienes abiertamente se han enfrentado al sistema y han hecho temblar a la oligarquía del país, y eso es lo que han hecho las principales vertientes campesinas que marcharon por el agua y quienes realizaron el último paro nacional y hoy en día, son las organizaciones criminalizadas, con presos políticos y líderes comunitarios asesinados. Lo mismo se puede decir de las organizaciones de mujeres y de jóvenes que han estado en las calles reivindicando sus derechos y que ya se han pronunciado en rechazo al proyecto Serrano.
http://elperiodico.com.gt/2016/05/19/opinion/refundar-el-estado/

miércoles, 18 de mayo de 2016

Con la “Guatemala profunda”. Pues sin las mayorías del agro ningún poder puede llamarse democrático.


MARIO ROBERTO MORALES*
El 22 de abril pasado, Guatemala atestiguó una colosal Marcha por el Agua convocada por dos grandes organizaciones campesinas. El 11 de mayo, el país se vio de nuevo sacudido por los paisanos rurales movilizados en un Paro Nacional, dirigido por otras dos grandes agrupaciones del agro. A ninguna de estas poderosas expresiones del descontento de las mayorías respecto del modelo económico neoliberal, le dieron los medios de comunicación una cobertura siquiera cercana a la que le suelen dar a percances de tránsito, notas rojas, revoluciones de colores y carteleras de farándula y diversión enlatada. En Guatemala esto es “normal”, porque aquí la prensa –con contadísimas y honrosas excepciones– está al servicio del capital corporativo transnacional y de su socia minoritaria, la atrasada e inculta oligarquía local.
Las cuatro organizaciones que convocaron a estas dos magnas movilizaciones no han convergido nunca en una unidad de acción. Si lo hicieran, paralizarían del todo la economía oligárquica. Tal es el poder del campesinado organizado que protesta por la corrupción del sistema, reivindicando el derecho al agua al oponerse a las hidroeléctricas que desvían los ríos y desertifican con ello grandes regiones habitadas por las pobrerías del campo. También se oponen a la minería en gran escala y se posicionan en contra del cultivo intensivo y extensivo de la palma africana y de la caña de azúcar, porque dañan el ambiente e impiden que los campesinos siembren alimentos básicos para su subsistencia y para garantizar una estable seguridad alimentaria interna.
Estas cuatro organizaciones y las dos acciones multitudinarias que hicieron en menos de un mes, expresan el estado de desesperación de la “Guatemala profunda”. Y aunque tales organizaciones no convergen en una unidad de acción, tienen el denominador común de no estar financiadas por la cooperación internacional, de modo que la motivación de sus extendidas movilizaciones tiene que ver con una raigal conciencia de clase de sus miembros y con sus legítimas aspiraciones de cambio estructural, dentro de una economía oligárquica que les niega el acceso a la tierra, a la salud, la educación y los servicios básicos.
En esta época de desesperanza ciudadana, abundan las propuestas para crear un instrumento político de mayorías que democratice el capitalismo desoligarquizándolo, y que modernice el Estado haciéndolo probo, eficiente, fuerte y libre de los inveterados clientelismos y mercantilismos oligárquicos de siempre. Resulta obligado que forme parte esencial de estos esfuerzos la “Guatemala profunda” organizada –esa que realizó la Marcha por el Agua y que provocó el Paro Nacional–, pues sin estas mayorías agrarias ningún poder puede llamarse democrático.
En tanto que democratizar el capitalismo implica que haya más pequeños y medianos empresarios y más asalariados (agrícolas, industriales y comerciales), la pequeña burguesía y las capas medias necesitan superar la ideología oligárquica y pensar según sus intereses de clase particulares –no según los oligárquicos–, y converger con las reivindicaciones de la “Guatemala profunda” en un proyecto unitario de país que enarbole un interés nacional interclasista e interétnico. Esto les exige enfocarse en denunciar y erradicar la corrupción del sistema más que la de los políticos, pues éstos son el resultado y aquélla la causa estructural de los problemas económicos. ¡Converjamos ya!
www.mariorobertomorales.info
http://elperiodico.com.gt/2016/05/18/opinion/con-la-guatemala-profunda/

III CUMBRE CONTINENTAL DE COMUNICACIÓN DE ABYA YALA SE PRESENTA EN EL FORO PERMANENTE DE NACIONES UNIDAS PARA CUESTIONES INDÍGENAS 2016

La III Cumbre Continental de Comunicación Indígena del Abya Yala es convocada por las 5 confederaciones indígenas originarias campesinas de Bolivia: Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia CSUTCB, la Confederación Sindical de Comunidades Interculturales Originarias de Bolivia CSCIOB, la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia “Bartolina Sisa” CNMCIOB-BS, la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia CIDOB y el Consejo de Ayllus y Markas del Qullasuyo  CONAMAQ, mismas que son parte del Comité Organizador Nacional de este evento, planificado para llevarse a cabo entre el 14 y 18 de noviembre de 2016, en la localidad de Tiquipaya del Departamento de Cochabamba, Estado Plurinacional de Bolivia y que espera la participación de más de 1500 delegados.

    Para este acto de presentación oficial de la III Cumbre, se contará con la presencia de importantes personalidades de las organizaciones y colectivos indígenas de diferentes países del continente, integrantes de los Comités Organizadores Nacional e Internacional, como lo son Myrna Cunningham Kain | Miskitu, Nicaragua | Primera Vicepresidenta del Fondo Indígena; Tarcila Rivera Zea | Quechua, Perú | Miembro del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas; Sandra Cossio Colque | Quechua, Bolivia | Representante del directorio de la Coordinadora Audiovisual Indígena Originaria de Bolivia (CAIB) y comunicadora de la Federación Departamental de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Santa Cruz-Bartolina Sisa y David Hernández Palmar | Wayuu, Venezuela | Asesor Político de la Coordinadora Latinoamericana de Cine y Comunicación de los Pueblos Indígenas (CLACPI), entre otros.    
Los representantes de la Comisión Internacional de seguimiento a la Cumbre Continental de Comunicación Indígena, procuran realizar un encuentro con la Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, Sra. Victoria Tauli-Corpuz, con la finalidad de vincular con la autoridad la realización de esta tercera Cumbre.


La III Cumbre Continental en Bolivia
         
Para Bolivia, el desarrollo de la III Cumbre tiene un carácter estratégico, pues se espera lograr una importante articulación de experiencias de comunicación indígena originaria campesina en el plano nacional en pos de objetivos y metas comunes, desde una visión transformadora, descolonizadora, despatriarcalizadora y en busca del vivir bien, que son las bases filosóficas y de acción del proceso de cambio que vive el Estado Plurinacional de Bolivia; del mismo modo en el plano continental, se espera contar con un plan concreto que marque una ruta de trabajo para guiar el proceso de la comunicación indígena en el continente. 

    Esta III Cumbre en el ámbito político será una plataforma ideal para difundir los importantes avances del actual proceso y confirmar a Bolivia un lugar destacado de liderazgo en el campo de la comunicación indígena originaria campesina.
http://www.cumbresdecomunicacionindigena.org/13-noticias/22-iii-cumbre-continental-de-comunicacion-de-abya-yala-se-presenta-en-el-foro-permanente-de-naciones-unidas-para-cuestiones-indigenas-2016

domingo, 15 de mayo de 2016

GUATEMALA: LUCHAMOS CONTRA EL OLVIDO

Recuerda la vida de Irma Hicho, Héctor Interiano, Carlos Cuevas, Gustavo Castañon, Otto Estrada y Amilcar Farfán, quienes desaparecieron en mayo de 1984 cuando formaban parte de la dirigencia de la Asociación de Estudiantes Universitarios, desde ese momento sus familiares los han buscado, pero a la fecha no tienen noticias de su paradero.

.
        Luchamos contra el Olvido Parte 2


Luchamos contra el Olvido Parte 3 - 

Héctor Interiano, a las 6 y media de la tarde de un lunes cualquiera


Foto Mauro Calanchina / Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
Sin-título-5-3.jpg Manolo E. Vela Castañeda
manolo.vela@ibero.mx
Se te identificaba rápido: tu pelo largo, peinado a dos aguas, tu bigote, a veces usabas barba también, una barbita dibujada. Y tus lentes, de aro grueso, como se usaban entonces, y tus zapatos de plataforma. Eras inconfundible. Todo eso era tu marca, ese eras vos. Pero este eras vos en 1978, como en la foto que ilustra esta nota. En 1984 ya eras otro: pelo corto, a veces te dejabas el bigote, pero nada más, traje formal, lentes de aro delgado; con lo que se comprueba que todos cambiamos, unos más, otros menos.
Te metiste a estudiar Economía en ese nido de comunistas que, a finales de los años setenta, era la Universidad de San Carlos; el mero mero foco de la subversión. ¡Qué va! Ya los militares no hallaban ni qué inventar. Allá se hacía lo de siempre: estudiar, investigar y algo más. Pero a los militares siempre les ha dado miedo el conocimiento, la gente que lee, que estudia, que pregunta, que sabe hacerse de una opinión propia.
Te tocó vivir los años gloriosos, donde, por un momento, se pensó que iba a ser posible cambiar –un poquito, o mucho, quién sabe– el país. Pero no se pudo y aquello terminó en tragedia. Y ese “no se pudo” está lleno de muertos, miles. Entre ellos, tus amigos, que te tocó ver de cerca cómo iban “cayendo”. El eufemismo para decir que te tocó ver cómo desaparecían e imaginarte cómo habrán sido salvajemente torturados y asesinados, botados sus cadáveres en alguna parte, si bien les iba. Así pasó con Baiza (Manuel Alfredo Baiza Molina), capturado el 14 de mayo de 1984, en los helados Pops de la Avenida de las Américas. Ahora, cuando un domingo cualquiera usted va allí, a pasos y pedales o qué sé yo, a comerse un su helado, un día cualquiera, recuérdese de esto: que allí mismo fue capturado uno de esos patojos que lucharon porque Guate pudiera ser un país mejor. Y lo asesinaron, supuestamente un 1 de agosto de 1984 y de su cuerpo –hasta hoy– no se sabe nada.1 Y así podría seguir enumerando, a uno, y a otro, y a otro más, y no acabaría este relato.
Te tocó ver el ascenso del ciclo de movilización social, en 1977 y 1978, cuando la gente dijo basta, y salió a las calles a reclamar sus derechos. Y la reversión de este, que las fuerzas de Lucas García lograron a sangre y fuego, matando a uno y a otro dirigente, o activista, a todo lo que se interpusiera en su camino para proteger al sistema.2  Y después, cuando todo había acabado y vos sobreviviste, decidiste seguir, ya cuando estar en la AEU (la Asociación de Estudiantes Universitarios) era una locura. Vos dijiste aquí estoy yo, con ustedes, compañeros. Fuiste del secretariado de Oliverio, de FRENTE, como parte del grupo Unidad de Vanguardia Estudiantil, UVE-Praxis, de la Asociación de Estudiantes “Manuel Cordero Quesada”, de la Facultad de Ciencias Económicas. Entonces era 1978, a tus 23 años, sin saberlo, estabas a seis de tu encuentro con quienes iban a secuestrarte.
Una noche, durante un receso entre clase y clase, tus compañeros te bromeaban, diciéndote que ya mejor te fueras del país, porque si no te iban a poner de apodo “muerto al que no le han avisado”. También trabajabas como auxiliar de investigación en el IIES (el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales) de la facultad, que por aquel entonces reunía a mucho de lo mejor de la intelectualidad guatemalteca.
Y el lunes 21 de mayo de 1984 llegaría el día: tu encuentro con los señores de la muerte. El 19 habías regresado a Guate, por El Salvador, porque creías que, ante el secuestro de Carlos Ernesto Cuevas Molina, el secretario de la AEU, vos tenías la obligación de estar allí, de apoyar de alguna forma. Y desde aquella tarde que saliste de tu casa, a las 2, ya no supimos nada de tu vida. Un carro “como los que usaba la judicial” te estaba esperando en la entrada de la U. A las 6 y media de la tarde Elizabeth, tu esposa, te esperó, como habían quedado, en la parada del restaurante Pollo Campero de la Avenida Bolívar, y nada. Entró al lugar, como habían quedado, para dar otro chance a que llegaras. De allí en adelante, todo se llenó de niebla, de miedo, de dolor, de memoria.
Tu secuestro, junto al de Carlos Ernesto, Gustavo Castañón e Irma Marilú Hichos (ocurrido ese mismo 21), deparó el cierre de la AEU. Se acabó, como era el plan de los militares. De Oliverio, en 1978, hasta 1984, con Lucas, Ríos Montt y Mejía Víctores, la dirigencia de la AEU soportó siete años atroces. Eran patojos, que, sin más armas que sus libros y sus cuadernos, se enfrentaron a bandas armadas de asesinos despiadados con todos los recursos del Estado a su disposición. ¡Hoy exigimos justicia, carajo!
Después de secuestrarte el 25 de mayo, tus captores llegaron a la casa de Betty, tu compañera, Elizabeth Florián, en la zona 7 de la ciudad capital, para seguir haciendo lo que mejor sabían hacer: matar. La suerte hizo que ni ella ni tu hijo de nueve meses estuvieran todavía allí. Salieron a la mañana siguiente del día de tu secuestro y ahí empezaron a encontrar gente que iba atenderles la mano.3 Ella regresó, 15 días después, para recoger ropa y otras cosas, que en las carreras de aquella mañana que salieron fue imposible cargar.
Este 21 de mayo harán 32 años que ya no supimos de vos, pero te recordamos, mirá. Y le escribimos este pequeño homenaje a tus sueños, a tu lucha, a tu valentía para seguir, cuando ya todo en este país se había puesto color de hormiga, como entonces, recuerdo, solía decirse. También, a la lucha de tu esposa, Elizabeth, a tu mamá, doña Ángela Ortiz de Interiano, y tu hermana, Lidia, quienes hicieron parte de esa inmensa gesta de corazón y coraje que, en 1984, fue el Grupo de Apoyo Mutuo.
En la Biblioteca Latinoamericana de la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans, está el archivo de los papeles que, ordenadamente, en tu oficina del IIES fuiste guardando. Este es el mejor archivo –de acceso público– sobre la organización en la que también militabas: el Partido Guatemalteco del Trabajo. En muchos de estos papeles pueden leerse tus anotaciones, al margen. En ellas se deja ver la agudeza de tu pensamiento, tu inteligencia. Se ve que eras, como se decía en aquellos años: un cuadro. Qué va un cuadro, un gran dirigente. Cómo nos has hecho de falta en todos estos años, a tu esposa, a tu hijo, a tus papás, a tus hermanos, y a tu hermana. Y a Guate, gobernada unas veces por ladrones, otras por gente inepta, muy inepta, tarados pues, como ahora.4

1.- Estos son datos contenidos en “El diario militar”, que se pueden consultar aquí: http://bit.ly/1s4essP
2.- La mejor obra para entender este proceso, desde la ciudad de Guatemala, es el “Oliverio” de Ricardo Sáenz de Tejada.
3.-  Carta de Elizabeth Florián a sus amigos y amigas, ciudad de Guatemala, mayo 2007.
4.- Esta nota fue posible gracias a entrevistas realizadas a varios amigos, compañeros y profesores de Héctor, quienes no quisieron que sus nombres se dieran a conocer. Pero especialmente a su esposa, Elizabeth Florián. A todos ellos un agradecimiento muy especial por haber compartido sus recuerdos y darme un poco de su tiempo.
http://elperiodico.com.gt/2016/05/15/domingo/hector-interiano-a-las-6-y-media-de-la-tarde-de-un-lunes-cualquiera/

sábado, 14 de mayo de 2016

REUNIÓN DE CLAVELES CON EL CAMARADA VICTOR HUGO CRUZ


REUNIÓN DE CLAVELES CON EL CAMARADA
VICTOR HUGO CRUZ

DÍA: VIERNES 20 DE MAYO 2016 HORA: 4:30 DE LA TARDE
LUGAR: CASA ROJA 3ra. Avenida 6-51, Zona 1, Ciudad.

Claveles Rojos en tu Memoria Camarada Luis de Lión.




Articulo del Colectivo Clavel Rojo, mayo 2007

  Era por aquellos aciagos días, cuando las fuerzas represivas del Estado bajo la conducción de la inteligencia del ejército, habían puesto en marcha un enorme plan de control, persecución, captura, tortura, desapariciones forzadas y asesinatos en contra de miles de ciudadanos y ciudadanas que de una u otra manera expresaban su rechazo a la oprobiosa y perversa represión que los oligarcas estaban ejecutando, a través de su ejército, y todo tipo de organizaciones criminales que esos oligarcas crearon y financiaron.

El gran pecado del poeta y revolucionario, cuyo ejemplo hoy rememoramos, así como, el de otros catorce camaradas igualmente capturados en aquél siniestro 15 de mayo de 1984,  fue empeñarse, en  lucha desigual,  por cambiar las caducas e injustas estructuras económicas-sociales sobre las que se asienta la vida de grandes  grupos humanos desposeídos, explotados, oprimidos, marginados de Guatemala.

La desaparición del poeta y de miles y miles de hombres y mujeres, se inscribe en la horripilante vorágine que el imperialismo yankee y sus lacayos locales desataron en contra del pueblo de Guatemala y sus pre-claros hijos e hijas.
Hoy, a 23 años de tu desaparición física, abnegado camarada evocamos tu alegría por la vida, tu irrenunciable lucha por la Revolución. Recordamos y valoramos altamente la coherencia, solidez y firmeza de tus principios revolucionarios con tu quehacer cotidiano.

Hoy a 23 años de tu sacrificio, en este país, nada ha cambiado. Nada ha cambiado para las grandes masas de trabajadores de la ciudad y del campo, indígenas, ladinos, obreros, campesinos, amas de casa, niños, niñas, jóvenes, estudiantes. Ignorancia, hambre, desempleo, miseria, insalubridad, injusticia, impunidad, violencia es todo cuanto se les ofrece. Eso es lo que saben producir los dueños de la propiedad privada. Los dueños de este país.

Pero en medio de innúmeros ajetreos, propios de alguien que desarrolla una vida comprometida con causas justas como la tuya, como la nuestra,  hiciste tiempo y espacio para una de las expresiones más altas y bellas del género humano, tal es el arte literario que legaste a la sociedad.

Ejercitaste tu pluma, desde el fondo de tu alma brotaron a raudales heroicos, sublimes, naturales versos; en ellos expresaste con diafanidad, sin regateos, tu concepción del ser humano, del  mundo y de la vida. De tu pluma nos han quedado exquisitas piezas literarias en verso y en prosa. ¿Podrían entender de algo ello las bestias que te martirizaron?

Cómo no gozar lo estético en ese singular vínculo que practicaste entre Arte y Compromiso Social.  ¿Acaso se podría desmentir este rasgo en la pieza literaria de honda tristeza que compusiste tras el martirio de Oliverio  “Acerca del venado y sus cazadores”,  o ¿se puede evadir esa característica de tu creación artística en el Poema “octubre es un gran músico”? para sólo mencionar algunas de tus creaciones literarias.

Pero como lo dices proféticamente en  tu  poema Epitafio

¿Por qué se empeña la muerte
en matar, vanamente a la vida,
si la más humilde semilla
rompe la piedra más fuerte?

Hoy, aunque no quieran, aunque no sea del agrado de quienes ordenaron a las bestias tu martirio, tus narraciones, tus poesías, se leen, se publican. Tu arte paulatinamente va ocupando prominente lugar en el ámbito guatemalteco.  

Por ello, quienes compartimos con vos sueños, anhelos, afanes, en aquella gloriosa gesta, hoy, una vez más rompemos el cerco del silencio y cantamos a la vida, cantamos a la lucha revolucionaria, cantamos a la esperanza por un mundo mejor.

¡Honor y gloria a los mártires del pueblo!

¡ Carmarada Luis de Lión Presente ¡
  
¡No renunciaremos Ni a la Revolución; Ni a la Alegría por la Vida ¡

Colectivo Clavel Rojo



Luis de León, el maestro, y Luis de Lión, el escritor

(Del blog Cartas a Marco Antonio 19 de mayo 2012) http://cartasamarcoantonio.blogspot.com/2012/05/luis-de-leon-el-maestro-y-luis-de-lion.html

A Tula, Mayarí e Ixbalan en un aniversario más de la desaparición
forzada de su amado esposo y padre el 15 de mayo de 1984

Imagen tomada del Diario Militar

De mi prehistoria personal atesoro el privilegio enorme de haber conocido a Luis de León, el maestro de escuela. En 1973 había participado en el movimiento huelguístico del magisterio, por lo que la organización política en la que por entonces militaba, por medio de Emilio, me delegó la tarea de acercarme al Frente Nacional Magisterial (FNM) y, de ser posible, incorporarme a su equipo. Era 1975, era muy joven y quería cambiar el mundo, una convicción que se enraizó profundamente en mí tras lo vivido y que encuentra miles de motivos para hacerse más fuerte día a día.

Una tarde de principios de ese año, un enero frío de cielos estrellados, sin nubes, dirigí mis pasos a la Casa del Maestro, la misma que está en la 4ª. avenida entre 5ª. y 6ª. calles de la zona 1, que albergaba a varias organizaciones magisteriales. Además del FNM, allí se alojaban el Colegio de Maestros, la Coordinadora Nacional de Claustros de Educación Media y dos agrupaciones de docentes de escuelas nocturnas y de párvulos. El Frente ocupaba el segundo piso de la parte que da hacia la avenida, a dónde se subía por una endeble escalera de cemento hechiza, como se dice de las cosas mal hechas.

Traspasé su vetusta entrada, un portón de madera formado por cuatro hojas, y allí estaban Luis y Mirta, sentados en una grada, muy cerquita del suelo. Fue la primera vez que vi su figura entrañable: el suéter negro, eternamente sobrepuesto sobre su espalda, con las mangas hacia adelante cruzadas sobre los hombros; su pelo también negro, liso, abundante, coronando su cabeza; los anteojos de gruesa montura y su sonora carcajada, contagiosa. Luis se reía con todo el cuerpo, entornando los ojos.

Esa noche me incorporé al reducido grupo del Frente Nacional Magisterial conformado por cinco o seis gatos y gatas: Álvaro, Luis, Mirta, Nery, Elsita y yo. Éramos el rescoldo de la hoguera del 73, el sonido del trueno que nos queda vibrando en los oídos. El FNM era una instancia gremial desestructurada, informal e ilegal –la Constitución prohibía la organización del funcionariado público- conformada durante la huelga del 73, que había movilizado a decenas de miles de maestros/as de primaria a lo largo y ancho del país. Ese fue el preludio del repunte del movimiento popular y sindical tras varios años de desmovilización ocasionada por la violencia terrorista estatal de los sesentas. Este grupúsculo, como les encantaba denominarnos a los detractores de variopintos pelajes derechosos, pretendía representar al magisterio del departamento, pero también fungía como tal en el nivel nacional a falta de otra entidad. Así, insignificante como parecía ser, no fueron pocos los dolores de cabeza que el FNM les ocasionó a los ministros de educación de turno, como a nuestra vez nos encantaba decirles, con las huelgas emprendidas entre el 73 y el 78 y las críticas y protestas que les hacíamos llover sobre sus medidas antipopulares. Para disputarle terreno, el gobierno creó la Unión Magisterial Guatemalteca.

Nos reuníamos los sábados en sesiones formales de trabajo para planificar actividades diversas, como asambleas, festejos, manifestaciones y entierros, o el análisis de alguna disposición ministerial de política educativa o que afectaba al gremio. Entre los sepelios recuerdo el del profesor Luis Ernesto de la Rosa Barrera, asesinado en 1976; y el de Andrés Gilberto Cuxil, lúcido dirigente de la huelga del 73, que falleció de leucemia. También determinábamos contenidos y representaciones en las entrevistas con autoridades gubernamentales, entre ellas Donaldo Álvarez Ruiz y el militar Leonel Vassaux Martínez, que fue ministro de la Defensa de Kjell Laugerud (1974-1978), en cuya oficina me sentí como en ese acto de circo donde alguien mete la cabeza en la boca del león.

A Donaldo lo vimos varias veces. El rechoncho abogado -apodado “Coche” (chancho, cerdo), un hombre perversamente astuto, prófugo por sus crímenes desde hace varios años- fue presidente del Congreso y ministro de gobernación durante los gobiernos militares fascistas de Laugerud y Romeo Lucas (1978-1982). Esa fue otra larga y estéril discusión en el movimiento popular y revolucionario, ¿eran o no fascistas?

Recuerdo particularmente una ocasión. En 1976, en Retalhuleu, el maestro José Víctor Yancor Rivera fue asesinado en la puerta de la escuela, frente al alumnado. Tono, dirigente magisterial de este departamento suroccidental, se refugió en la capital; estaba seguro de que esas balas iban dirigidas a él y que los criminales volverían a corregir su error.

En el FNM decidimos denunciar ambos hechos, el asesinato del profesor Yancor y las amenazas contra Tono, por lo que, entre otras acciones, solicitamos una entrevista a Álvarez Ruiz. Y henos allí, un trío de ingenuos docentes en el Palacio Nacional, metidos en el despacho de uno de los hombres más poderosos del régimen. Luego de las presentaciones y explicaciones del caso, con argumentos como la obligación constitucional de proteger y salvaguardar la vida de los ciudadanos, el ministro se despachó con una respuesta alucinante que se quedó grabada en mi memoria; como se verá, en ese tiempo no se empleaba el lenguaje políticamente correcto de ahora.

“Y ustedes, ¿qué creen? ¿Qué puedo ponerle un policía a todos los que temen por su vida? Solo tengo doce mil policías y somos millones de guatemaltecos. Además, no creo que a usted le gustaría que un policía lo siga a todas partes, ¿verdad?

Nosotros, apabullados, movimos la cabeza, negando.

“Por supuesto que no le gustaría”.

Y se dirigió a Tono: “¿A usté le sale barba, tiene bigote?” Tono calladamente asintió. “Cambie de aspecto, déjese la barba y el bigote para despistar, córtese el pelo de otro modo. Cambie su rutina, no duerma todas las noches en la misma casa, use diferentes rutas. Que sus amigos vigilen que no lo estén siguiendo…”

Mientras tratábamos de mantener la mandíbula inferior en su sitio, Álvarez Ruiz siguió diciéndonos “Yo lo entiendo, también me tengo que cuidar. El Mico Sandoval[i] me quiere matar, a mí también me gustaría matarlo, pero para hacerlo tendría que echarse a todos mis guardaespaldas, igual yo a los suyos. Pero usted, no tiene guardaespaldas…”

A esas alturas del “diálogo”, los tres –perplejos- nos estábamos poniendo de pie, dándole las gracias por su tiempo, caminando hacia afuera tratando de actuar despreocupadamente. Salimos de la oficina palaciega más corriendo que andando. La calle estaba oscura, había anochecido. Caminamos en silencio durante varios minutos. Al final, seguramente comentamos algo con palabras como cinismo, descaro, desparpajo. No sabíamos si reír o llorar.

No mataron a Tono, se quedó un buen tiempo en la capital y luego le perdí la pista. Vivió aún muchos años y murió de muerte natural, siendo aún joven, según supe después.

En una de las oficinas de la Casa del Maestro había un mimeógrafo del Colegio de Maestros, que dirigía el profesor Roberto Cabrera Guzmán. Era el que usábamos a escondidas Luis y yo para imprimir “mosquitos”, que no eran otra cosa que los volantes que repartíamos en la Tesorería los días de pago, cuando acudían cientos de docentes a recoger sus cheques; también los boletines y comunicados que repartíamos en las escuelas y en los medios radiofónicos y escritos; y una hoja impresa por ambos lados titulada “Durmiendo al sueño”. El nombre lo inventó Luis y lamentablemente no recuerdo cuál fue su explicación para algo aparentemente tan inútil como dormir al sueño. En fin, lo que contenía nuestro modestísimo medio eran notas de no más de diez renglones en las que se comentaba sobre política educativa y se denunciaba la situación de la educación; también se incluían noticias sobre el movimiento de los trabajadores/as en otros países de la región, expresando solidaridad, y brevísimas creaciones literarias del maestro. Ambos redactábamos las notas y a mí me tocaba “picar” los esténciles en una maquinota de escribir Olivetti, de mi papá.

Con la prepotencia de las edades jóvenes, esta que recuerda y escribe confiesa con pena que “corregía” las notas de Luis. Él, al enterarse por mí de mi osadía, solo dijo “está bueno, patoja”. Después se me cayó la cara de vergüenza cuando me enteré que estaba cometiendo un delito de leso poeta, escritor y novelista, ganador de los Juegos Florales de Quetzaltenango de 1972 con su novela “El tiempo principia en Xibalbá”. Encogida, me disculpé con él. Con una de sus sonoras carcajadas le oí decir “no te preocupés, patoja”, con lo cual me dio una lección de modestia que nunca olvidé.

Con un poco más de plata, porque todo salía de nuestros precarios bolsillos y de las contribuciones de unos pocos fieles maestros/as al Frente, publicamos algunos números impresos de un periódico que, si no recuerdo mal, llevaba el original nombre de FNM. Entre los artículos que preparamos, hubo uno sobre el 25 de junio de 1944 que escribí con base en las noticias de la prensa de la época, la que consulté en el Archivo General de Centroamérica.

Compas solidarios, en 1976 – 77 trabajamos codo a codo en “Unidad”, el periódico del Comité Nacional de Unidad Sindical, instancia de cuya Comisión de Organización éramos miembros, delegados por el Frente, hasta que nos echó un ex abogado laboralista que ahora es defensor de Ríos Montt. También del 75 al 77 fuimos parte del equipo de redacción del programa “La Voz del Magisterio”, una radiorrevista que se transmitía los domingos a las 9 pm por la radio Nuevo Mundo, de dónde también tuvimos que salir debido a la “lucha ideológica” y a la “democrática” decisión de la mayoría.

Expulsados del FNM y del CNUS en 1977, junto con Maco Blanco, muerto en el exilio un 1º. de octubre de 1980, formamos un grupo de estudio sobre los problemas educativos del país y el papel y demandas del magisterio. Además de Luis y yo, lo integraban Maco, Marta G., Julio y Sergio. En ese esfuerzo, fuimos apoyados por el querido profesor Carlos González Orellana y expertos/as internacionales de la UNESCO. Desde esa trinchera, continuamos con nuestra labor difundiendo un programa de lucha gremial que recogía demandas educativas y laborales.

Fue entonces, después de una larga discusión sobre estos asuntos, que Luis transformó el lema del FNM, “El maestro no es un apóstol, es un trabajador” en “El maestro es un apóstol y es un trabajador”. De esa manera, resumió la responsabilidad del magisterio en la formación ciudadana y en la construcción de una educación liberadora con la que soñábamos y su derecho al goce de garantías laborales.

Por ese tiempo, pudo haber sido en 1979, Luis recibió una misteriosa invitación –misteriosa para mí, porque nunca supe de dónde provenía- para un encuentro magisterial en algún país de África. Se fue, volvió, y aparte de las discusiones interesantes, me contó que lo que más le había asombrado era la forma de comer (“todos metíamos las manos en el trasto de la comida”). En su paso por Nueva York, donde le tocó hacer escala, estaba aburrido y talvez temeroso de poner un pie en la calle, cuando se le acercó un empleado de la limpieza y le preguntó “¿usté es guatemalteco?”; ante su respuesta, inquirió “¿quién ganó el campeonato? ¿Los rojos o Cobán Imperial? Esto último lo relataba entre grandes carcajadas y, sorprendido, hablaba sobre la increíble coincidencia de que el muchacho no solo era guatemalteco, sino que había estudiado en la Clemente Chavarría, donde él daba clases. El compatriota resultó ser un excelente guía y anfitrión, lo sacó del aeropuerto y se lo llevó a conocer la ciudad. Muchos años después, en un viaje en el que hice escala en un aeropuerto gringo, me atreví a preguntarle a un joven si podía acompañarlo a hacer compras; increíblemente, era chapín, de la zona 8 y había estudiado en esa misma escuela…

Pese a la diferencia de edades, quince años, Luis y yo nos hicimos amigos. Lo respeté y lo quise tanto que cuando pensaba que un día de aquellos seguramente nos iban a matar, me decía a mí misma que su muerte iba a dolerme mucho. Un día, conocí a su familia: Tula, su esposa, la inspiradora de su poesía amorosa; y a sus niños, Mayarí y Luis Ixbalanqué, ahora adultos. Visité su casa y me prestó sus libros. Ambos compartíamos el amor por las letras y por la docencia. Con él y por él conocí la obra de Miguel Hernández, César Vallejo, Luis Alfredo Arango, Francisco Morales Santos, Mario Roberto Morales, Juan Rulfo, José Luis Villatoro, Marco Antonio Flores y otros escritores de aquí y de allá.

Generoso, compartía conmigo sus formas de enseñar a disfrutar de la lectura y a escribir a sus pequeños alumnos de la escuela Clemente Chavarría de la zona 8, donde trabajó después de estar en el Sur, en Escuintla, y en una aldea cercana a la capital, Las Escobas, “donde el viento era tan fuerte que era capaz de levantarte del suelo y llevarte muy lejos”. Producto de sus enseñanzas fue mi breve experiencia con mis propios alumnos/as, de donde salió en el 79 “El cuento de Camilo”.

En nuestras muchísimas conversaciones de camioneta –vivíamos por el mismo rumbo, el de la ruta siete- me contaba de su obra mientras yo, secretamente, soñaba con llegar a ser la heroína de alguna de sus novelas. Muchas veces me mostró los manuscritos de sus poemas, así conocí “Acerca del venado y sus cazadores”, su homenaje a Oliverio Castañeda de León tras su asesinato el 20 de octubre de 1978. Cuando la muerte llegó para quedarse entre nosotros, escribió “Epitafio” y, con una gran sonrisa, me enseñó “Acerca del poeta y sus creaciones”, en el que en cuatro breves líneas manifestaba su vocación revolucionaria; y, así, conocí muchos otros.

Años después, probablemente en 1984, fui testigo de su sufrimiento cuando su hijo, que era aún menor de edad, fue detenido porque se encontraba en la sede de la organización Amigos del Arte Escolar (AMARES), que casualmente estaba situada al lado de una casa ocupada por una organización político militar que fue destruida por el ejército.

Ese año lo vi con alguna frecuencia. Por casualidad me fui a vivir muy cerca de San José Las Rosas, de camino a El Milagro, donde estaba su casa sencilla y modesta como él, maestro pobre, la que había construido con sus propias manos. La seña era un alto arbusto de chipilín en la entrada, vestido de mariposas amarillas. Allí llegaba con mi niño de meses a compartir preocupaciones, a componer el mundo mientras el nuestro se caía a pedazos y a escuchar sus Poemas del Volcán de Fuego, leídos despacito y con voz suave, mientras tomábamos café sentados a la mesa. Al lado, mi hijo en su carruaje, adormilado por el calor de las tardes de marzo.

Luis fue quizá la última persona a la que dije adiós cuando me fui de Guatemala el 26 de marzo de ese año desgraciado. Nos juntamos una noche por la Kodak, cerca de la escuela de Pamplona y, al despedirme le pedí que, por favor, por vida suya, saliera del país. “No puedo, no tengo medios económicos para moverme ni para dejar segura a mi familia”, esa fue su respuesta desoladora. Tampoco quería dejar solos a Tula y a Ixbalan. Mayarí había volado fuera del país y su carta para ella me acompañó en la huída. Con mucha tristeza, haciéndonos los fuertes que aquí no pasa nada, nos abrazamos. Jamás lo volví a ver.

En septiembre de ese año, en un vagón del metro mexicano me encontré a Otoniel Martínez, el poeta. Mi corazón, encallecido por la muerte reiterada, apenas tuvo un sobresalto cuando le oí decir que Luis estaba desaparecido desde el 15 de mayo. Aún guardo las lágrimas que debí haber llorado cuando me enteré de su detención; esta se dio en el marco de un operativo que acabó con el intento de mantener el trabajo político en la capital, cuando las bandas militares capturaron ilegalmente y desaparecieron a varios compañeros y los arrastraron a las cárceles clandestinas.

La foto de Luis, su nombre, filiación política y los datos de su captura y posterior asesinato están en la página 33 del Diario Militar, donde alguien escribió a mano “05-06-84: 300”, el código de la muerte. Sus restos no han aparecido aún. Quién sabe con cuántos poemas fue enterrado, como si fuera cualquier cosa en una fosa clandestina en un cuartel cualquiera. Allí yace todavía al lado de quienes corrieron su misma maldita suerte, decretada por los uniformados. ¿Cabrían en esa tumba improvisada todas las hermosas palabras que anidaban en su alma? ¿Cuántos niños más hubiesen aprendido a amar los libros y las letras y cuántos muchachos y muchachas universitarias dejaron de tenerlo como profesor?

Hurgo en mi interior. Encuentro, junto con la tristeza, todos los sentimientos, el respeto, la admiración, el cariño que le tuve y le tengo al maestro, al poeta pobre y, sin embargo, dueño de una enorme riqueza espiritual. Revivo con nostalgia nuestra camaradería, él, el profesor; yo, su discípula, que sigue atesorando todas sus enseñanzas y tratando de poner en práctica la de aprender de las demás personas y de mi propia experiencia, tanto como de los textos. Gracias a Luis, pero también a Marta, a Maco, Julio y Sergio, entendí que tengo una fracción del mundo en mi cabeza, que debía compartirla y juntarla con las demás para crear, para conocer, para tejer los sueños, las canciones, y para hacerlo todo nuevo, entre eso, un mundo de justicia.

Luis de León/Luis de Lión era un ciudadano y padre de familia, un maestro; también era un poeta, novelista, cuentista y revolucionario, un comunista. Por eso lo detuvieron y lo desaparecieron, dejando a Tula y a sus jóvenes hijo e hija en una situación de total desamparo. Lo mataron los amos de la palabra estéril, falsa, letal, los decidores de mentiras, los pronunciadores de las órdenes de muerte. Los criminales de uniforme nos privaron de sus enseñanzas y de su verbo hermosamente fértil. El alfabeto quedó huérfano de este maestro de origen kakchiquel, que puso en el mapa a su pueblo, San Juan del Obispo.

No sé si verdaderamente aprendí a ser modesta a su lado, a respetar el aporte de todas las personas en el trabajo colectivo, a escuchar con respeto y atención las voces diversas y a darle a cada una el valor que merece, pero trato. De lo que sí estoy segura es de que Luis de León, el maestro, y Luis de Lión, el poeta, escritor y novelista, fueron mis guías y mentores, los formadores espirituales que me acompañan hasta el día de hoy.
(Del blog Cartas a Marco Antonio 19 de mayo 2012) http://cartasamarcoantonio.blogspot.com/2012/05/luis-de-leon-el-maestro-y-luis-de-lion.html