Edgar Ruano Najarro | Política y sociedad / LA RAZÓN DE LA HISTORIA
Aquí pueden leer la primera y la segunda partes.
Las abundantes condenas a la masacre de Panzós, así como las exigencias para que el Gobierno investigara y aclarara fehacientemente dicho crimen, provinieron de la más variada gama de sectores, tanto de colectividades, como de personalidades individuales. En su gran mayoría, las protestas y condenas se expresaron en una verdadera avalancha de campos pagados en todos los diarios capitalinos y, en segundo lugar, en declaraciones particulares de diversas personalidades. Notablemente, exigieron una investigación de los hechos, y castigo a los culpables, los partidos con bancadas en el Congreso, en tanto que dicho organismo no pudo aprobar un punto resolutivo condenando la masacre, ya que fue roto el quorum[1], lo cual indica que hubo fuerte controversia en dicho organismo por causa de la masacre.
El diario El Imparcial publicó que «Panzós está dando la vuelta al mundo ahora», ya que ha sido «extraordinaria la repercusión internacional que han tenidos los sucesos de Panzós»[2], en tanto que la misma cancillería guatemalteca reconoció que los hechos de Panzós «Perjudican la imagen de Guatemala en el campo internacional»[3]. En Costa Rica, la Asamblea Legislativa guardó un minuto de silencio por los campesinos asesinados en Panzós y culpó al Gobierno guatemalteco por no haber evitado la tragedia.[4]
La presencia del tema de la masacre en los más variados ámbitos tuvo como uno de sus efectos el rompimiento del cerco informativo impuesto por el Gobierno, que se expresaba en una autocensura forzada en todo lo que se relacionaba con la cadena de gobiernos militares y la institución armada. La prensa guatemalteca se volcó a informar de todo lo concerniente a aquel suceso, en el cual precisamente el Ejército era el que estaba en el centro de los hechos, no solamente reproduciendo las versiones oficiales, sino también aquellas de los campesinos y de otras fuentes. Los diarios capitalinos llevaron a cabo, en algunos casos, reportajes que casi eran verdaderas investigaciones periodísticas, con entrevistas a testigos y visitas al lugar de los hechos. Por supuesto, fue evidente que el enfoque que los distintos periodistas le daban a su reportaje oscilaba entre la versión oficial y la de los campesinos, desde la escogencia de los testigos y entrevistas, hasta inclinar la nota periodística a uno u otro lado. Por ello, puede decirse que la matanza de Panzós ayudó a clarificar la posición política, no solamente de los periodistas y medios de comunicación, sino de muchas personalidades y colectivos.
En los reportajes, los testigos dieron a conocer a una familia integrada por varios hermanos y su madre o abuela, todos de apellido Maquín. Un testigo y participante de los hechos, Juan Tut Cus, narró:
Cuando llegamos al parque por el lado del mercado, vimos que de otras entradas llegaban más compañeros que también fueron avisados por los Maquín, pero a la entrada de la alcaldía estaban los soldados que no nos dejaron pasar. La mamá de Juan Maquín empujó a un soldado para pasar y este no la dejó, fue cuando saltó uno de los hijos de la señora para protegerla y la respuesta fue que el soldado disparó su fusil frente a la señora y la mató. Esto nos dio cólera y cuando dijeron que no nos dejáramos, es cierto, sacamos nuestros machetes, pero ya era tarde porque los soldados disparaban más y más.[5]</p En otro diario, José Cabranal relató que Juan Maquín y Carlos Choc Caal eran los «instigadores, así como Mamá Maquín, abuela de cinco hermanos Maquín». Manuel Ucú, otro testigo, vio que los campesinos llegaban por todas partes y se dirigían a la municipalidad, al costado del destacamento militar. Frente a los soldados ─dice Ucú─ una mujer gritó en quekchí «Que viva el campesino y todos alzaron los machetes». Poco antes, en el parque ─agregó Ucú─ «Mamá Maquín le dio un garrotazo al subteniente al mando de la tropa y fue entonces cuando los soldados abrieron el fuego en defensa de sus vidas».[6]
Abraham Baca Dávila, enviado especial de El Imparcial, escribió con elevado dramatismo:
Un olor fétido, olor a muerto, que solo se siente en los cementerios, es lo que todavía persiste en la plaza principal de Panzós (…) En este municipio, el lunes de la presente semana derramó su sangre más de un centenar de campesinos, solo por el hecho de reclamar sus tierras (…) Todos los días llegan a Panzós mujeres y niños de las aldeas cercanas para llorar a sus deudos en el cementerio local, donde, en una fosa común yacen los restos de decenas de campesinos[7].
El jefe de la ocupación militar de Panzós se identificó ante el reportero como el coronel Valerio Cienfuegos, «ejecutivo» de la base militar con sede en la ciudad de Cobán. Declaró que la tropa había llegado a Panzós el viernes anterior a los «sangrientos sucesos» porque había denuncias de que grupos de gente armada estaban en la región. Luego reconoció que había invasiones de tierras en Telemán y que los campesinos eran engañados por FASGUA, la cual, junto con otras organizaciones «han venido a llenar de ideas raras a los campesinos».[9]
Este mismo jefe militar, en otras declaraciones, esta vez para el diario La Nación, dijo que el jefe del destacamento militar de Panzós era el capitán Galdámez (aunque luego se retractó de ese apellido) y que cuando se enteró de los sucesos arribó de inmediato a la población y supo que el destacamento había sido «prácticamente allanado» por los campesinos y frente a esos hechos no había más que defenderse y que, lamentablemente, «Las armas que usa el ejército son más ventajosas que cien machetes»[10]. En ese tono fue el resto de sus declaraciones.
Pese a que las versiones oficiales, y las recogidas por lo periodistas, se referían casi exclusivamente al hecho que desató el tiroteo aquel fatídico día, poco a poco, muchas veces entre líneas, se fue deslizando el factor decisivo que estaba detrás de todo: la cuestión agraria o, más claramente, el problema de la tierra. El alcalde de Panzós, un ladino llamado Walter Overdik, se hizo eco de la supuesta agresión de los campesinos a la tropa, pero luego añadió:
Para mí, los campesinos tienen toda la razón del mundo en pelear sus tierras que les pertenecen, pero para desgracia de esta zona netamente agrícola, así como de otros puntos del departamento, hay un culpable directo y este es, sin lugar a duda, el Instituto Nacional de Transformación Agraria (INTA).[11]
Con todo lo anterior, la primera versión de los hechos, emitida por Relaciones Públicas del Ejército, se había derrumbado. El Gobierno central había intentado maquillarla con un nuevo comunicado que decía:
Se ha confirmado que la guarnición militar de la indicada población fue efectivamente agredida por una multitud de campesinos movilizados por elementos subversivos, quienes han venido estimulando desde hace tiempo la ocupación ilegal de tierras en la población, y que han creado en sectores indígenas una actitud de hostilidad hacia el ejército; Que los miembros de la guarnición militar actuaron en legítima defensa ante la agresión, ya que ningún destacamento puede ser objeto de un ataque armado sin resistir y sin defenderse: Que la responsabilidad de estos hechos corresponde a los dirigentes de organizaciones de extrema izquierda que pretenden utilizar a los campesinos sin tierra como instrumentos de su política, sin interesarles las consecuencias de cualquier naturaleza incluyendo la pérdida de valiosas vidas humanas.[12]
Se trataba pues, de una lucha de narrativas en la cual el Gobierno siempre responsabilizaba a los campesinos de que la tropa abriera fuego sobre la multitud, pero ahora introducía a nuevos culpables, los guerrilleros, el Gobierno de Cuba y religiosos locales. En su primera declaración acerca de los sucesos en Panzós, el presidente Laugerud dijo que «Fidel Castro y sus secuaces, los comunistas del Ejército Guerrillero de los Pobres, tienen la culpa de lo que pasó en Panzós». También acusó a misioneros y sacerdotes, y otros ministros religiosos que, «Encubriéndose con sus distintas creencias, han azuzado a los campesinos para invadir tierras». Asimismo, señaló que lo ocurrido en Panzós «Obedece a un plan nacional de subversión encaminado a crearle problemas al gobierno, orquestando conjuntamente con un plan internacional dirigido por el primer ministro de Cuba».[13]
Al respecto, la antropóloga estadounidense Victoria Sanford[14], tiempo después, publicó un interesante trabajo en el que pone al descubierto ese juego de interpretaciones en el que Ejército y Gobierno, representantes del Estado frente a la ciudadanía, se desentienden de cualquier responsabilidad y culpan a los campesinos quekchíes de la tragedia.
El Gobierno, acorralado por la condena general a la masacre, pasó a la ofensiva. En primer lugar, presentó a la prensa a tres soldados heridos con arma blanca, supuestamente machetes. Se trataba de los sargentos segundos Pablo Sicay y Pedro González Tista, y el cabo Bartolo Rodríguez. Los dos primeros expresaron que fueron atacados en el destacamento, mientras que el tercero declaró que no fueron atacados y que el viernes anterior hubo una escaramuza con vecinos del lugar. De inmediato, el mayor Mario René Enríquez, indicó que el tiempo se había agotado, dado que el estado de los pacientes era muy delicado y había que dejarlos descansar.[14]
El día 6 fue capturada, y posteriormente deportada a El Salvador, sor Raymunda Alonso Queralt, monja española que llevaba a cabo su misión en el municipio de Cahabón, Alta Verapaz. Según el ministro de Gobernación, Donaldo Álvarez, la monja, con su trabajo religioso «Encubría una labor propagandística en favor del partido Democracia Cristiana Guatemalteca (DCG)»[16]. La religiosa, recluida momentáneamente en la prisión de mujeres Santa Teresa, dijo a la prensa que llevaba ocho años de residir en Guatemala y que nunca había tenido problemas con las autoridades, razón por la cual estaba muy extrañada de su captura. El ministro Álvarez agregó que las distintas misiones religiosas que operaban en el país estaban siendo investigadas, ya que estas entidades, junto con agitadores profesionales de extrema izquierda, sindicalistas y políticos inescrupulosos «querían llevar agua a su molino» en el caso de la masacre de Panzós.[17]
Paralelamente, el Ejército presentó ante la prensa, en las instalaciones del Hospital Militar, a seis campesinos sobrevivientes de la matanza en Panzós, quienes tenían heridas de bala en las extremidades y algunos en el tórax. Ninguno de estos campesinos hablaba español, y por ello el mayor Mario René Enríquez Morales, de Relaciones Públicas del Ejército, sirvió de traductor[18]. Según este oficial, los campesinos dijeron que los líderes son Juan Maquín y sus hermanos; que habían acudido a la plaza de Panzós avisados de que el alcalde les leería un documento llegado de la capital[19]. En la entrevista estuvieron presentes algunos dirigentes de FASGUA, quienes manifestaron que iban a solicitar que los heridos fueran trasladados a un hospital civil.
Sin embargo, AEU, y el movimiento estudiantil en general, no cejaron, mantuvieron la iniciativa. La entidad estudiantil convocó a una conferencia de prensa para el lunes 6 en la sede de la zona uno, la cual fue dirigida por Oliverio Castañeda, secretario general, acompañado de Edgar Canahuí, de la Facultad de Veterinaria; Alfredo Baiza, secretario de Asuntos Nacionales, de Agronomía; Iduvina Hernández, secretaria de Finanzas, de Psicología y Héctor Interiano, secretario de Divulgación, de Ciencias Económicas.
Oliverio dijo ante la prensa que
La matanza de campesinos en la plaza del municipio de Panzós no tiene ninguna justificación a la luz de la ley vigente en Guatemala, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de diversos convenios internacionales firmados por el Estado de Guatemala y que, además, contraviene y es flagrante violación de los artículos 43, 63, 215, 143, 145, 146.[20]
Asimismo, con base en el artículo 62 constitucional[21], la AEU solicita la renuncia inmediata e irrevocable del ministro de la Defensa Nacional, general Otto Spiegeler. Igualmente, ante los rumores de que el nuevo presidente de la República, general Romeo Lucas García, quien estaba a pocos días de tomar posesión, confirmaría en esa cartera al general Spiegeler. La AEU pide al futuro mandatario que no lo incluya en el gabinete.
AEU consideraba que el ministro de la Defensa Nacional era el responsable de la actuación de elementos militares en cualquier lugar de la República y que
Lejos de investigar las causas de la masacre y castigar a los responsables directos, a quienes ordenaron abrir fuego, y a los responsables indirectos, tales como civiles que instigaron a la tropa a asesinar a los campesinos, ha justificado la acción militar de ese día.[22]
Cuando decía estas palabras, Oliverio nos sorprendió a los periodistas y a todos los que presenciábamos la conferencia de prensa. Dijo que el coronel Valerio Cienfuegos, comandante de la ocupación militar de Panzós, no se llamaba así, sino que era de apellido Mendoza. AEU continuó en la conferencia con la exigencia al respeto al derecho de organización y manifestación que asistía a los ciudadanos del país, y especialmente, que se llevara a cabo una justa distribución de la tierra en la región destinada a los campesinos que desde siempre la han trabajado.[23]
Algo que me pareció que impresionó mucho a los periodistas fue la seguridad y seriedad con la que Oliverio anunció que AEU había realizado un «detallada investigación» de los hechos en los cuales perdió la vida más de un centenar de campesinos. Esta investigación –añadió─
está basada en informes de testigos presenciales y documentos emitidos por el Centro Universitario del Norte, con sede en la ciudad de Cobán, Alta Verapaz, de sacerdotes y religiosas de la diócesis de la Verapaz y de algunos heridos entrevistados en el hospital de Cobán el día 29 a las catorce horas.
La declaración del secretario general de AEU fue respaldada por un extenso documento distribuido a los periodistas instantes después, en el cual se consignaba todas las afirmaciones aludidas.[24]
Finalizada la conferencia de prensa, la cual consideramos un éxito, dado el número de periodistas que había acudido, María Alejos y yo nos acercamos a Oliverio y le preguntamos de dónde había salido la información sobre el supuesto verdadero apellido del coronel Valerio Cienfuegos. Nos respondió que una persona la había llevado a la sede de la AEU. Nuestra recomendación fue que era necesario tener mucho cuidado con lo que se decía sobre el Ejército, porque una cosa era condenarlo públicamente por la matanza y otra era revelar conocimiento de hechos muy internos de la institución armada. Al día siguiente, María Alejos me comentó que ninguno de los medios que habían asistido a la conferencia de prensa se había atrevido a publicar esa información.
El general Spiegeler no tardó en responder a la petición de su renuncia y ese mismo día dijo a la prensa que «Como vivimos en un país democrático, el derecho de petición no está vedado, pero es el presidente de la república el que toma las decisiones de prescindir de sus colaboradores».[25]
El mismo día 6, por la tarde, la Asociación de Estudiantes Universitarios de Occidente (AEUO) llevó a cabo en la ciudad de Quetzaltenango una marcha que recorrió las principales calles y avenidas de dicha ciudad con el mismo objetivo, es decir, condenar la matanza de Panzós por parte de los efectivos militares. Participaron junto con los universitarios sectores sindicales agrupados en el Frente de Trabajadores del Sur Occidente (FRETRASO). [26]
Al día siguiente, por la mañana, en la ciudad de Guatemala, varios miles de estudiantes de educación media de la jornada diurna llevaron a cabo una corta manifestación, que culminó con una masiva concentración frente al Palacio Nacional, con el objeto de protestar por la masacre de Panzós y en conmemoración del primer aniversario del asesinato del abogado laboralista, Mario López Larrave[27]. Los jóvenes colocaron una corona con crespones en la puerta de Palacio. Por la tarde noche, los estudiantes de educación media de la jornada nocturna llevaron a cabo otra concentración frente al Palacio para condenar a los autores de la matanza de Panzós.
Las reuniones entre los representantes del movimiento popular, tendientes a la organización de la marcha del día 8, se intensificaron y en ellas la representación de AEU estuvo a cargo de Iduvina Hernández, miembra del Secretariado estudiantil. En una de dichas reuniones se le dijo a la prensa que cerca de trescientas organizaciones sindicales, estudiantiles y campesinas participarían en la manifestación, la cual partiría de la plazuela Italia y se dirigiría al llamado entonces parque central.[28]
La manifestación, según explicó a la prensa el representante de FASGUA, condenaría la muerte de más de cien campesinos de los cuales veinte eran mujeres y cinco niños. Se rechazaría también las declaraciones oficiales que hablaban de una supuesta infiltración «subversiva» en los movimientos reivindicativos para así justificar una matanza.
El miércoles 7 por la tarde, en las facultades de la universidad se desarrollaba una intensa actividad. Los distintos grupos estudiantiles, los directivos de las asociaciones de facultad, en fin, docenas de estudiantes, estaban inmersos en la tarea de pintar mantas y carteles para el día siguiente. Seguramente pasaba lo mismo en los sindicatos, en la CNT, en la Federación de Empleados Bancarios (FESEBS), en la FASGUA, en el Comité de Unidad Campesina (CUC), en el Sindicato Central de Trabajadores Municipales (SCTM), esto es, en todas las organizaciones participantes en estas reuniones.
Continuará.![]()
La Gazeta
Imagen principal, portada de Prensa Libre del 2 de junio de 1978, tomada de Prensa Libre.
[2]«Panzós dando la vuelta al mundo ahora. En repercusión internacional», Guatemala, El Imparcial, 1 de junio de 1978, p. 1.
[3]«Se perjudica la imagen de nuestro país», op. cit,
[4]«Minuto de silencio por muertos de Panzós en la asamblea tica», Guatemala, El Imparcial, 2 de junio de 1978, p. 1.
[5]«Panzós; sangre, duelo y misterio», Guatemala, La Nación, 2 de junio de 1978, p. 3.
[6]«Testigos dan su versión sobre los hechos», Guatemala, Diario El Gráfico, 2 de junio de 1978, p. 3.
[7] Abraham Baca Dávila, «En Panzós lloran a sus muertos», Guatemala, El imparcial, 2 de junio de 1978 p. 1.
[8] Ricardo Gatica Trejo, «Panzós, una población bajo ocupación militar», Guatemala, Diario El Gráfico, 2 de junio de 1978, p.2.
[9] Ibíd.
[10]«La posición del gobierno ante los hechos de Panzós», Guatemala, Diario El Gráfico, 31 de mayo de 1978, p. 2.
[11] Ibíd.
[12]«Panzós; sangre, duelo y misterio», op. cit.
[13]«Panzós: conmoción sigue. Presidente señala a los culpables de la matanza», Guatemala, El Imparcial, 1 de junio de 1978, p. 1
[14]«Soldados heridos en Panzós dieron declaraciones», Guatemala, Prensa Libre, 1 de junio de 1978, p. 7.
[15] Victoria Sanford, La masacre de Panzós: etnicidad, tierra y violencia en Guatemala, Guatemala, F&G editores, 2009, pp. 65-115
[16]«Monja dominica aprehendida por adoctrinamiento a campesinos», Guatemala, El Imparcial, 7 de junio de 1978, p. 1.
[17] Ibíd.
[18]«Señalan acción de agitadores», Guatemala, El Imparcial, 7 de junio de 1978, p.1.
[19] Ibíd.
[20]«En Panzós no hay toque de queda se declara», Guatemala, El Imparcial, 6 de junio de 1978, pp. 1 y 9.
[21] Derecho de petición, según la Constitución de 1965 entonces vigente.
[22]«En Panzós no hay toque de queda», op. cit.
[23]«En Panzós no hay toque de queda se declara», Guatemala, El Imparcial, 6 de junio de 1978, pp.1 y 9.
[24] Ibíd.
[25]«Spiegeler: «Solo el presidente puede prescindir de sus colaboradores», Guatemala, La Tarde, 6 de junio de 1978, p. 5.
[26]«Sectores estudiantiles y laborales repudiaron la muerte masiva de campesinos en Panzós», Guatemala, La Nación/Quetzaltenango, 8 de junio de 1978, p. 2.
[27]«Miles de estudiantes manifiestan en protesta contra matanza de Panzós», Guatemala, El Imparcial, 7 de junio de 1978, p. 1.
[28]«Manifestación de protesta por tragedia de Panzós», Guatemala, La Tarde, 1 de junio de 1978, p. 4.






