jueves, 23 de julio de 2026

EL ABISMO DE LA PACIENCIA: ¿RUPTURA O REVOLUCIÓN?


Edgar Rosales | Política y sociedad / DEMOCRACIA VERTEBRAL

De cuando en cuando, a los guatemaltecos nos ha dado por hacer derroche de creatividad para buscar fórmulas que nos lleven a superar nuestros serios problemas sociales, económicos y políticos, tan arraigados en esta sociedad de altos contrastes.

Así, nos inspiramos para aferrarnos al carro de la democratización propuesta por los militares a principios de los años 80 y creímos que la fórmula descansaba en el proceso de promulgación de una Constitución Política que reemplazara los vicios de su predecesora, también impulsada desde lo castrense en 1965. 

Se logró elegir una Asamblea Nacional Constituyente de corte pluralista, con influencia de diversas corrientes sociales. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo y de los hechos políticos, fuimos cayendo en la cuenta que aquel hermoso texto no era suficiente para asegurar la consolidación de un proceso que realmente nos llevara a la democracia.

Otros intentos, igualmente creativos, tampoco causaron los efectos larga y ansiosamente esperados: el proceso de Paz Firme y Duradera quedó muy lejos de ser la hoja de ruta esperanzadora, porque no se pudo conquistar por la vía de la democratización antes mencionada, gracias a que las élites derechistas se confabularon para propiciar su empantanamiento.

En lugar de sentar las bases de una democracia «Firme y Duradera», lo que se fue edificando fue un enclave de nuevos y más severos problemas, como la entronización del crimen organizado y la normalización de la corrupción como elementos inherentes al Estado guatemalteco. Cooptación del Estado le denominó la extinta Cicig, un proceso que se fue apuntalando gracias a una entente perversa, conformada por organizaciones políticas, empresarios, entidades neoparamilitares y, sobre todo, un aparato de justicia rendido incondicionalmente ante esta nueva versión del deterioro institucional. Pacto de Corruptos fue y es conocido coloquialmente.

Dentro de esa dinámica perversa, observamos que Guatemala se asoma a un precipicio histórico donde las certezas institucionales, antes bien, se desmoronan. En los últimos años, aquel relato de la transición democrática se sostuvo sobre la prioridad de depurar el sistema de justicia, como prerrequisito para rescatar al Estado del secuestro en que lo mantienen las mafias corporativas y políticas. 

Lejos de ello, poco a poco esa ilusión va careciendo de sustento. El optimismo popular va siendo sepultado por una terca realidad: cada intento de reacción desde la ciudadanía, es asimilado y neutralizado por un sistema diseñado expresamente para preservarse a sí mismo, obligándonos a plantear una pregunta incómoda pero ineludible: ¿Se han agotado los caminos civilizados para rescatar nuestra democracia? ¿Acaso quedan opciones institucionales para recuperar el rumbo del país?

El mayor síntoma de este agotamiento se evidencia en la parálisis de las altas cortes. La expectativa de reestructurar la Corte de Constitucionalidad (CC) con magistrados probos, tropezó ante la implacable matemática del poder fáctico que representa Roberto Molina Barreto. La sistemática reiteración disfrazada de razonamiento jurídico, en los fallos divididos por 3 votos contra 2 no es una coincidencia legal; es la constatación de un bloque monolítico que opera como dique de contención contra la legalidad independiente. Esta correlación de fuerzas ha convertido la deliberación constitucional en un mero simulacro, un trámite donde la justicia ya ha sido sentenciada de antemano. Y así, cuando el máximo tribunal actúa como blindaje legal del statu quo, la ciudadanía queda en la total indefensión.

Este patrón de captura se replica en el ámbito académico. Sin la menor duda, el asalto a la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) representa el capítulo más vergonzoso del desmantelamiento cívico. A pesar de las voces que se alzaron en resistencia contra el fraude que impuso al rector usurpador, la maquinaria judicial ha convalidado, hasta hoy, tan aberrante ilegalidad. Con un abierto menosprecio hacia quienes han denunciado las maniobras que convirtieron a la universidad nacional, de centro de excelencia académica en un santuario del crimen, las autoridades han legitimado el atropello. El mensaje es devastador: la verdad, la ciencia y el derecho carecen de valor ante la fuerza bruta de las alianzas delictivas.

Mientras tanto, el Ministerio Público (MP) permanece sumido en un letargo que poco a poco pierde justificación. Lejos de actuar como el órgano independiente que devuelva la confianza ciudadana por medio del aporte de resultados tangibles, la institución opera bajo una lógica de inacción que parece calculada. Esta parálisis consolida una impunidad estructural donde los arquitectos del retroceso político actúan sin consecuencias. Sin una fiscalía dispuesta a romper el cerco, el marco legal se vacía por completo y el descontento social se incrementa ante la falta de justicia.

Este oscuro horizonte proyecta su sombra más larga sobre el 2027, año en que se llevarán a cabo las próximas elecciones generales. En cualquier otra latitud, el llamado a las urnas representaría una válvula de escape democrática, una promesa de renovación y la esperanza de vislumbrar una luz al final del túnel. 

En Guatemala, sin embargo, el proceso electoral se perfila más bien como la consumación de una trampa perfecta. Lejos de ser un espacio de corrección ciudadana, el engranaje institucional actual parece estar abonando de manera minuciosa el camino para un retorno definitivo y legitimado del Pacto de Corruptos al poder. 

Con un árbitro electoral impredecible, con partidos políticos convertidos en franquicias de la impunidad y la disidencia criminalizada desde las cortes, los comicios del año entrante amenazan con no ser más que un simulacro democrático diseñado para sellar, por la vía del voto capturado, el secuestro permanente de la nación.

La salida tampoco parece descansar en una reforma constitucional. Y es que el diseño vigente no permite sino algunas modificaciones a ciertos artículos, pero ello significará únicamente darle oxígeno a un sistema desfalleciente y que demanda una cirugía mayor.

Ante este panorama, las rutas tradicionales para una transición democrática y pacífica parecen estar selladas. Cuando las urnas, los tribunales y las aulas son capturadas, el espacio para el disenso civilizado se reduce a cero. Históricamente, el cierre sistemático de las vías legales no conduce a la sumisión perpetua, sino a la acumulación de un resentimiento social profundo. Al clausurar las salidas institucionales a la crisis, las élites no garantizan su estabilidad; por el contrario, están pavimentando de forma peligrosa la ruta hacia un hecho que muchos prefieren evadir del análisis realista. 

Sí, ese hecho está contenido en la palabra revolución. No una violenta como la francesa; tampoco ideológica como en la Guerra Fría. Simplemente, una revolución ciudadana motivada por la desesperación, la falta de respuesta del Estado y la terrible pérdida de confianza en las instituciones. 

Y es que la paciencia popular tiene límites… aunque el sistema se empeñe en ignorarlos.

https://www.gazeta.gt/95318/



lunes, 20 de julio de 2026

DEMOCRACIA CHAPINA VISTA POR MIGUEL ÁNGEL ASTURIAS


Miguel Angel Sandoval

En unos cuantos meses habrá una convocatoria para las nuevas elecciones en nuestro país. Otra vuelta en el carrusel de las Alegres Elecciones, como alertaba la pieza teatral de Víctor Hugo Cruz. O como decía Asturias en uno de sus poemas, es el caso de hablar… Para cuando haya el llamado a nuevas elecciones, Asturias ya estará descansando en nuestro país, pero sus advertencias sobre la democracia a la chapina espero que tengan mejores lectores.

Si vemos con frialdad y sin apasionamientos, podemos concluir que las elecciones no han permitido o no han servido para abordar los cambios estructurales indispensables que el país requiere para poder dar pasos como un país que cuente con una democracia real, no con la de mentiritas que tenemos en la actualidad. Como he dicho en reiteradas oportunidades, es necesario una lucha a brazo partido para salir de la barbarie en que nos encontramos y dar paso a una democracia real no de ficción.  Sin presos ni exiliados, sin marginados ni discriminados.

No hablo al tanteo. Tuvimos las elecciones del 2023 y con ellas las expectativas crecieron, mucho, mucho. Pero hay un largo trecho entre las expectativas y las realizaciones. Es duro constatar, pero es dramáticamente real. Un par de ejemplos pueden ser suficientes para ilustrar sobre esas carencias, limitaciones y olvidos. Es el caso de Pacheco y Chaclan que continúan presos, acaso secuestrados. ¿Por la falta de democracia?

Es posible pensar en Pacheco y Chaclan presos en un sistema democrático. Salvo que se haya instalado el cinismo en nuestro país. O que se pretenda hablar de 30 años de firma de la paz y de desarrollo democrático con estos líderes presos y con la existencia de un grupo enorme de exiliados, por buscar justicia o defender resultados electorales. ¿Hay democracia con presos y exiliados?

En esas condiciones nos encontramos hoy. No basta solo con decir que la democracia es imperfecta y que la misma es perfeccionable. Estoy diciendo que existen estructuras del estado que funcionan con lógica antidemocrática. Ejemplos de ello tenemos y muchos. Así pasa en la USAC hoy. Los opositores al usurpador ganaron 21 cuerpos electorales, que fueron desconocidos por el mismo usurpador, pero lo más grave, fueron esta burda maniobra antidemocrática, ¡¡¡fue avalada por las más altas cortes!!!

Los grupos campesinos firmaron un acuerdo agrario con el electo presidente Arévalo, y hoy a dos años y medio, el acuerdo sigue en las gavetas. Eso, ni aquí ni en China es una manera de hacer democracia. Es cualquier cosa, menos una expresión democrática. Y no quiero continuar con los ejemplos que nos dicen que no estamos ante la existencia de un régimen democrático, sino ante una especie de híbrido, con instituciones formalmente democráticas, pero con bolsones que funcionan como dictadura.

Se habla ya con naturalidad, que existe la dictadura de la toga. Fuera, por supuesto, de los poderes fácticos que le tienen miedo a la democracia. Es por esta última razón que fue suspendida por la CC una consulta comunitaria en el área Ixil. Y fue suspendida a petición-exigencias, de las élites económicas, y políticas de este país. Son los hechos documentados de forma amplia.

De nuevo uno se pregunta. ¿Puede haber democracia sin consultas con la población debido a que así lo dice la CC a exigencia de sus patrones reales? O puede haber democracia con unas 40 franquicias denominadas partidos políticos, ¿Sin programa, sin ideología y que nadie conoce? Con símbolos partidarios que más parecen un zoológico, como pueden ser un elefante, un gallo, un jaguar, un caballo, una paloma. ¿Pero cuál programa?

Todo esto viene a cuento pues hace ya unos 60 años, Miguel Angel Asturias que ahora está de moda pues sus restos se repatriarán en unos meses, decía al analizar al gobierno civil de Julio Cesar Méndez Montenegro, que presentado como el tercer gobierno de la revolución, sería un gobierno prisionero de los militares, que a diferencia de lo que vemos hoy, no serían éstos los que le ponen la hipoteca al gobierno que venga, sino las instituciones convertidas en cotos privados del pacto de corruptos. Es el caso de las altas cortes, como ya se ha visto y que les ha ganado el calificativo de dictadura de la toga.

Escribía Asturias: “Al margen de este comentario hay que decir que en materia alguna el problema guatemalteco es solo de carácter eleccionario. Dar soluciones eleccionarias a lo que sucede en Guatemala y otros países latinoamericanos es desconocer las realidades vivientes en aquellos países”. Ojo, no estaba hablando de la situación actual, pero algo se parece.

Continúa diciendo nuestro premio Nobel Miguel Angel Asturias, “Que las elecciones han sido casi siempre en esos países una farsa, muy bien, pero ahora ya ni esa farsa sirve y se torna en tragedia, como puede ocurrir en Guatemala. “Estos propósitos de Asturias se pueden leer en el tomo 2 de una antología de textos de Asturias titulada “Antes del Relámpago”, con el respaldo del Ministerio de Cultura. En las páginas 227 a 240.

Estas reflexiones de Asturias parece que fueran hechas en estos días, pues si analizamos con detenimiento lo que ocurre en nuestro país con la llamada democracia o el proceso electoral que viene, en realidad parece que estamos ante una nueva expresión de las alegres elecciones de Víctor Hugo Cruz, o las reflexiones cargadas de conocimiento y de alerta o alarma, que daba Miguel Angel Asturias en 1966 el premio Lenin de la paz y nobel de literatura.

Ahora bien, esto que se señala en esta nota, tiene que ver con las perspectivas reales para las próximas elecciones. Si, como ya sabemos, las derechas, o las elites de toda la vida, que caracterizamos como el pacto de corruptos, que ahora cuentan con la visión binaria realmente propia de la guerra fría de los EEUU y de personajes como el jefe del departamento de Estado, el cubanito Rubio, que andan a la caza de chairos, zurdos, etcétera, piensan que los progresistas de este país, tienen que ser cazados y expulsados de la vida política, pues el desafío es mucho mayor.

En esa dirección leía un post en redes sociales sobre lo que se considera puede ocurrir en nuestro país. Y lo cito de manera textual “Hay una constante en las últimas elecciones en Latinoamérica. Elecciones amañadas con las TREP, vía manipulación de algoritmos y otras trampas. Sin aludir lo presente.”

Lo señalado a lo largo de estas líneas nos dice varias cosas. Lo que Asturias miraba y valoraba hace 60 años, es lo que ocurre ahora, con la sola diferencia de que existen las redes sociales, y que los mecanismos de la ciencia informática han generado nuevas herramientas para el fraude electoral o mejor, para la adulteración de los resultados políticos de los procesos eleccionarios.

Vivimos el proceso electoral de los años 60 en donde los resultados fueron adulterados por la presencia del ejército, pero ahora, es por la existencia de la dictadura de la toga y otras instituciones cooptadas por el pacto de corruptos, que como vimos, intentaron adulterar los resultados políticos del proceso electoral del 2023. Y señalo que son los resultados políticos, pues es inconcebible que los defensores del triunfo electoral estén guardando prisión, que los defensores de la justicia sigan en el exilio, o que una institución como la USAC siga secuestrada por la ilegalidad y la burla a la convivencia democrática y pacífica en nuestro país.

Por ello las reflexiones de Miguel Angel Asturias tienen tanta validez en esos años como ahora. Y entonces surgen las preguntas que se deben responder: ¿Están las fuerzas progresistas conscientes de esa tendencia perversa que en nuestro país es más que real, es concreta y actúa todos los días? Y ante ello, ¿están las fuerzas progresistas dispuestas a intentar modificar eso con la más amplia alianza de los progresistas, revolucionarios, demócratas, y todos los sectores de nuestro país para cortar el paso a los del pacto de corruptos?

Se que la respuesta no es fácil, ni de manual, pero en las actuales condiciones hace falta vencer las tendencias retardatarias, que, con las nuevas técnicas informáticas, desvirtúan, estafan, alteran los procesos electorales. Y esto solo tiene solución en la política, en las alianzas, en los compromisos. La experiencia vista en cualquiera de los países que han superado la marginalidad de las fuerzas progresistas, nos dice que de una convicción de que solos, no se va a ninguna parte, y de que solos, no se logra alcanzar victorias.

https://publicogt.com/democracia-chapina-vista-por-miguel-angel-asturias/

viernes, 17 de julio de 2026

IMPULSO PARA MODERNIZAR GUATEMALA

Por: Factor Méndez
Esta semana el Gobierno que preside Bernardo Arévalo, presentó la Agenda Nacional de Modernización del Organismo Ejecutivo que surge de la Política General de Gobierno 2024-2028, la cual proyecta como eje estratégico la construcción de una función pública legítima y eficaz para transformar la forma de hacer Gobierno, brindar servicios públicos de calidad y optimizar la atención de la gente que hace trámites de diversa índole ante las instituciones de Gobierno. 


En 2024 el Acuerdo Gubernativo No. 106-2024, creó el Comité Nacional para la Modernización del Organismo Ejecutivo (CNM) que está presidido por el Ministro de Finanzas Públicas y lo integran la Secretaría Privada de la Presidencia (SPP) que ejerce como secretaría técnica, la Secretaría General de la Presidencia (SGP), la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia (Segeplan), la Comisión de Gobierno Abierto y Electrónico (GAE), la Comisión Nacional contra la Corrupción (CNC) y la Oficina Nacional de Servicio Civil (Onsec). Para iniciar sus actividades realizaron un diagnóstico institucional que identificó necesidades, dividió el trabajo en cuatro pilares de transformación y creó cuatro mesas temáticas que integran la agenda de modernización. Los pilares son: 1. Transformación institucional. 2. Transformación del servicio público. 3. Transformación digital. 4. Transformación del territorio.

El objetivo central de cada pilar es el siguiente: El institucional persigue “modernizar normas, procesos y cultura del Organismo Ejecutivo”. El del servicio público, se propone “profesionalizar y modernizar el sistema de recursos humanos”. El digital aspira a, “poner la transformación digital al servicio de la población”. El del territorio es para, “activar Gobiernos Departamentales y desconcentrar el Gobierno central”.

Con relación al objetivo general de cada pilar la agenda de modernización indica: Pilar 1. Transformación Institucional. Los problemas a atender son cuatro, (a) un aparato estatal que creció por agregación y no por diseño; (b) duplicidad de funciones entre entidades; (c) trámites administrativos lentos y complejos; (d) sistemas de planificación, presupuesto y monitoreo desconectados entre sí. Guatemala ocupa una posición secundaria en el GovTech Maturity Index del Banco Mundial (2022), el objetivo es: “Fortalecer las capacidades institucionales para modernizar y hacer más eficientes los procesos administrativos y de gestión pública, con transparencia y rendición de cuentas. Es el pilar que sienta las bases normativas para que los otros tres pilares puedan avanzar.” 

Pilar 2. Transformación del servicio público. El problema es que, la Ley de Servicio Civil, vigente desde 1968, tiene una aplicación limitada y fragmentada que no responde a las necesidades actuales de la administración pública. El diagnóstico institucional identificó seis nudos críticos: Discrecionalidad en los nombramientos, estancamiento institucional de la ONSEC, débil planificación del recurso humano, uso inadecuado de contrataciones temporales para funciones permanentes, negociación colectiva sin control técnico y asimetría salarial entre instituciones. Esta combinación de debilidades normativas y operativas erosiona el mérito, la transparencia y la coherencia salarial dentro del Estado, limitando su capacidad de atraer, retener y gestionar adecuadamente el talento humano necesario para prestar servicios públicos de calidad, por tal razón, el objetivo es,“Modernizar el Sistema Nacional de Servicio Civil, consolidándolo como un sistema transparente, ágil y efectivo que fortalezca la capacidad institucional del Gobierno para brindar servicios públicos de calidad.” 

Pilar 3. Transformación digital. El problema es que el Estado de Guatemala presenta un atraso en trasformación digital, reflejado en el puesto 121 de 193 países en el Índice de Gobierno Electrónico (EGDI por sus siglas en inglés) de la ONU, por debajo de países vecinos como Costa Rica, Panamá y República Dominicana. Aunque el marco institucional muestra cierta solidez normativa, persisten debilidades estructurales: ausencia de una Ley Marco de Estado Digital, brecha territorial en conectividad entre zonas urbanas y rurales, servicios públicos digitales fragmentados entre instituciones sin interoperabilidad y un componente de participación electrónica particularmente débil, que limita la capacidad del Estado de escuchar y responder a la ciudadanía a través de canales digitales. Esta combinación reduce la eficiencia administrativa y perpetúa brechas de acceso para poblaciones rurales indígenas, ante ese rezago el objetivo es:“Impulsar la transformación digital del Organismo Ejecutivo de Guatemala mediante servicios públicos en línea modernos, ágiles y transparentes, que eleven la satisfacción y confianza ciudadana y se traduzcan en una mejora sostenida de la posición del país en el Índice de Gobierno Electrónico (EGDI) de la ONU:” 

Pilar 4. Transformación del Territorio (Gobierno Departamental). Aquí el problema es que el área rural, predominantemente indígena, ha sido objeto de un aislamiento histórico del Estado, lo que ha convertido a buena parte del territorio en zona expulsora de migrantes. El desarrollo productivo –economía social, Mipymes, pueblos indígenas y campesinos- se define como eje articulador de la inversión pública en cada departamento, en ese sentido el objetivo es: “Activar Gobiernos Departamentales como instancia político-administrativa intermedia entre el gobierno central y los municipios, para desconcentrar la toma de decisiones y articular la inversión pública según las prioridades reales de cada departamento.”

Desde 2024 cuando se instaló el Comité Nacional para la Modernización y en cumplimiento de los objetivos citados, al día de hoy se han alcanzado algunos resultados en los cuatro pilares de transformación indicados, pero es obvio que todavía hace falta mucho camino para andar, hasta alcanzar mejores posiciones en los índices de Gobierno Electrónico de la ONU y el del GovTech Maturity del Banco Mundial. Para impulsar esta Agenda de Modernización, el Ejecutivo cuenta con apoyo y acompañamiento del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y con financiamiento del Banco Mundial.

P.S. ¿Cuánto cuesta la campaña de imagen personal del usurpador de la Usac, Walter Mazariegos, pagada con fondos públicos que transmiten en vallas luminosas de la calzada Rooselvelt?



El absurdo rechazo chapín hacia los mexicanos


Edgar Rosales | Política y sociedad / DEMOCRACIA VERTEBRAL

El domingo 5 de julio, por la noche, fuimos testigos de un acontecimiento nada novedoso: las manifestaciones de euforia por parte de algunos chapines, celebrando la derrota de la selección mexicana ante su similar del Reino Unido. Un hecho tan reiterativo como injusto. 

Y es que existe un corrosivo y ancestral fantasma en el imaginario colectivo guatemalteco que, lejos de desvanecerse con la modernidad, parece alimentarse del ruido de las redes sociales y de un nacionalismo mal entendido. Un absurdo caso de xenofobia inaceptable. 

Desde siempre he presenciado esa animadversión soterrada; fobia intermitente que brota con virulencia desproporcionada en las situaciones cotidianas y, más aún, en situaciones banales como un juego de fútbol. Lo preocupante de este fenómeno no es solo el rechazo irracional hacia un pueblo hermano, sino el profundo ejercicio de amnesia histórica que implica sostenerlo. 

En especial, las generaciones actuales de guatemaltecos, sometidas a la influencia de las élites, siguen fortaleciendo ese muro de prejuicios, ignorantes de las actitudes maravillosas con que México se ha manifestado hacia Guatemala, especialmente en momentos oscuros de nuestra historia republicana.

Para entender la injusticia de este menosprecio, es obligatorio mirar hacia atrás y rescatar del olvido la inmensa solidaridad mexicana durante la época contrarrevolucionaria de mediados del siglo pasado y, mucho más aún, durante el conflicto armado interno en Guatemala. 

Cuando la furia desbocada de las huestes liberacionistas se ensañó contra la dirigencia popular, México abrió sus puertas para que notables personajes perseguidos en Guatemala, pudiesen encontrar socorro y apoyo en aquellas tierras donde se respiraba ambiente democrático. Intelectuales, artistas y activistas fueron perseguidos políticos que encontraron en el viejo Distrito Federal, un ecosistema seguro para alzar la voz que aquí les fuera silenciada. 

Prohombres como Luis Cardoza y Aragón, Carlos Illescas, Mario Monteforte Toledo, Otto Raúl González, Augusto «Tito» Monterroso, Carlos Mérida y Edelberto Torres Rivas son apenas una pálida muestra de aquel valioso patrimonio intelectual que las fuerzas retrógradas de este país menospreciaron, en beneficio del generoso país que salvaguardó su integridad.

Y en las décadas de los setenta y ochenta, cuando el terror de Estado y la violencia en el área rural asoló comunidades enteras, decenas de miles de compatriotas cruzaron la frontera norte en busca de refugio. Y México no les dio la espalda. Al contrario, las regiones de Chiapas, Campeche y Quintana Roo se convirtieron en santuarios protectores de la vida. 

Fuimos testigos de cómo el Gobierno y el pueblo mexicano, con el apoyo de organismos internacionales, levantaron campamentos, compartieron el pan, ofrecieron tierras para trabajar y brindaron educación a los hijos de los exiliados. La generosidad mexicana salvaguardó el tejido social e intelectual de una Guatemala que se desangraba. Olvidar esa acción humanitaria es un acto de soberbia y una grave ingratitud histórica.

Paradójicamente, durante las actividades diplomáticas del Grupo Contadora, en la década de 1980, México mantuvo una postura sumamente crítica y firme ante la oligarquía y el estamento militar guatemalteco, señalándolos directamente como responsables de la profunda crisis social, la desigualdad estructural y la violencia sistemática en nuestro país.

Las razones detrás de esta furia que se desboca ante un encuentro futbolístico son asombrosamente baladíes. No se trata de una disputa territorial ni de un conflicto geopolítico real; el enojo colectivo radica en un absurdo complejo de inferioridad disfrazado de orgullo, alimentado por el temor irracional a que los mexicanos se sientan o se crean muy superiores al resto de los equipos de la Concacaf, hecho que, no obstante, es una realidad incontestable. 

Por el simple miedo a la arrogancia ajena, una parte considerable de la afición guatemalteca desata discursos de odio, insultos xenófobos y un desprecio que raya en lo patológico. Reducir la relación bilateral con el vecino del norte a un marcador de noventa minutos, utilizando el deporte como trinchera para canalizar complejos no resueltos, es una muestra inequívoca de inmadurez cultural.

Lo malo es que esa hostilidad no se limita a los estadios; se traslada con alarmante facilidad a la esfera del debate político y social. Un ejemplo contemporáneo de esta inútil animadversión es el desavenido menosprecio actual con el que los sectores de la derecha nacional descalifican a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. 

En lugar de analizar su gestión desde una perspectiva crítica, técnica o geopolítica constructiva, gran parte del debate digital en Guatemala contra ella, se tiñe de comentarios despectivos, burlas cargadas de un sesgo nacionalista ridículo y una resistencia automática, por el simple hecho de encabezar el Estado mexicano. Se rechaza su liderazgo y se minimiza su relevancia regional debido a ese mismo filtro distorsionado que ve en cualquier éxito, figura o institución de México, una amenaza directa al amor propio guatemalteco. Esa miopía política dificulta la consolidación de una agenda de desarrollo binacional madura, en temas urgentes como la migración, la seguridad y el comercio regional.

Lo verdaderamente trágico de este panorama es cómo ha lesionado el subconsciente de la juventud guatemalteca. Las nuevas generaciones han crecido expuestas a memes divisorios, comentarios xenófobos en plataformas digitales y narrativas de confrontación, desconociendo por completo las innumerables ocasiones en que México ha manifestado una solidaridad activa hacia Guatemala en situaciones de extrema emergencia. 

La historia está colmada de gestos humanitarios que muchos adultos no recuerdan y los jóvenes desconocen. Yo sí recuerdo que, tras el devastador terremoto de 1976, que dejó a Guatemala en ruinas y con miles de muertos, la respuesta de México fue inmediata y masiva. Los camiones mexicanos cruzaron la frontera cargados de ayuda, instalando de inmediato comedores y tiendas de comida de la Conasupo (Compañía Nacional de Subsistencias Populares) para abastecer a una población sumida en el desamparo y el hambre. En ese momento de dolor, la mano que alimentó a miles de familias guatemaltecas fue la mexicana.

Esa misma fraternidad se ha repetido cada vez que la naturaleza ensaña su fuerza contra nuestro territorio. Cuando ocurrió la tragedia de El Cambray II, aquel devastador derrumbe que sepultó por completo a una comunidad entera, México no dudó en enviar de inmediato a sus brigadas de rescate especializadas, conocidas internacionalmente como los «topos». Hombres y mujeres altamente capacitados que arriesgaron sus propias vidas, metiéndose entre toneladas de tierra y lodo, con el único objetivo de rescatar a personas soterradas y recuperar los cuerpos de las víctimas para dar consuelo a las familias guatemaltecas. Los rescatistas mexicanos que cavaron en el lodo de El Cambray no lo hicieron con arrogancia ni buscando superioridad; lo hicieron movidos por un profundo sentido de humanidad y amor al prójimo.

Mantener una actitud de fobia, recelo y burla hacia una nación que ha demostrado ser un aliado incondicional en las peores crisis es un sinsentido ético. La animadversión hacia el pueblo mexicano es tonta, inútil y perjudicial para nuestro propio crecimiento como sociedad. México es una potencia cultural, económica y científica de la cual Guatemala tiene muchísimo que aprender. Su gente nos ha brindado refugio en la guerra, alimento en los terremotos y brazos dispuestos al rescate en los deslaves. 

Es hora de empezar a sanar ese subconsciente colectivo dañado por complejos deportivos y prejuicios infundados. El pueblo vecino no merece nuestro encono ni nuestros recelos infantiles; merece, por estricta justicia histórica y calidad humana, nuestra más profunda admiración, nuestra gratitud eterna y nuestro más sincero respeto.



Un sistema económico que genera pobreza y exclusión


Elvira López | Política y sociedad / EL QUIJOTE DE LA MANCHA

Dicen que de fútbol y de religión mejor si no se conversa, porque son temas controversiales que pueden crear división. El problema, a mi parecer, son los fanatismos, porque las conversaciones deben ser sobre todos los temas, con familia, amigos, etc., y aún estando en desacuerdo, platicar, debatir, criticar constructivamente, son parte del crecimiento, de la madurez y de la edificación que todo ser humano necesita. 

En lo personal, no admiro a ninguna figura religiosa posicionada a nivel mundial, mi espiritualidad la vivo muy personalmente y creo en un Arquitecto del Universo, a quien amo y temo. Menos a sacerdotes y pastores de mi país, peor aún los que hablan de teologías de prosperidad, o de los que imponen manos a presidentes corruptos, confundiendo y manipulando a devotos.

Pero el papa León XIV ha despertado cierta admiración de mi parte al plantarse con firmeza, ya en algunas ocasiones, frente al presidente del país que representa al imperio en decadencia. El papa recibió la Medalla de la Libertad en el marco de las celebraciones por el 250 aniversario de la independencia de EE. UU., pero no fue a recogerla, en lugar de eso, fue a Lampedusa el 4 de julio, la isla italiana que recibe a los migrantes.

Un mensaje y una demostración muy clara de su preocupación por el sufrimiento de miles de personas víctimas de las redes de la explotación y de los peligros del Mediterráneo, y recordó también a quienes nunca lograron alcanzar tierra firme, y al respecto dijo: «los muertos en este mar son víctimas ya sea de decisiones tomadas o de decisiones omitidas».

Me impresiona, como persona, el desinterés, la indiferencia o, peor aún, los que por convicción ideológica accionan en contra del migrante, y a esos isleños de Lampedusa que reciben y apoyan con amor y solidaridad a quienes salen de sus tierras cargados de sufrimientos y necesidades, mi total admiración, y convicción porque aún hay seres humanos que velan por el respeto a la dignidad de cada persona.

Por otro lado, y con otro tema, Alemania, país precisamente con un gobierno que, lejos de aportar, es durísimo con el tema del migrante, está en proceso de rearme, el objetivo es Rusia, que no le ha declarado la guerra, el origen de la guerra con Ucrania es un tema aparte, pero con ese pretexto corta presupuesto a salud, educación, etc., recortes brutales al presupuesto social, afectando al ciudadano, al pueblo. Cada país de Europa destina un 5 % de su PIB para la guerra, y todo esto inducido por EE. UU. El negocio de la guerra, el negocio de la industria armamentista, ¿dónde queda el ser humano y sus necesidades? Mundo caótico otorgándole prioridad a lo financiero, al capital, a la guerra sin sentido. 

Al inicio de este texto, hablé de dos temas; el fútbol y la religión, pero la política es otro de esos temas, y es tan amplio, y con el ejemplo de Alemania, que con ello habrá quienes estén de acuerdo y quienes no lo estén, nos muestra lo controversial y difícil que es el tema político, ni hablar de lo que está sucediendo en Latinoamérica, con un Trump colocando en cada país a sus piezas, presidentes marionetas: Bukele, Milei, Kast, Noboa, Asfura, De la Espriella, etc. (Arévalo ya está en ese equipo).

Y por último, no puedo dejar de mencionar al fútbol, y más ahora con el Mundial en su total locura, sin gustarme ni conocer del mismo, pero con el respeto de que es un deporte popular, que genera grandes pasiones, que tengo un hermoso nieto que es campeón en ese deporte, y que es una genuina expresión popular en cada país, pero está una FIFA con todas sus mafias y corrupciones que lamentablemente degenera el evento, el ejemplo de un Trump llamando a Infantino para que le quiten una tarjeta roja a un jugador estadounidense, deplorable, y un sinfín de otras situaciones que no cabrían a mencionar. 

Sin embargo, admiro posiciones que se han destacado en el evento, como un congoleño que se quedó inmóvil durante los 90 minutos del partido entre Congo y Colombia, imitando el saludo del líder anticolonial congoleño, Patrice Lumumba, quien fue descuartizado y disuelto en ácido por EE. UU. y Bélgica, en 1961, por conseguir la independencia del Congo ante el colonialismo y negarse a que los imperialistas siguieran saqueando los recursos de su país. Aunque los imperialistas disolvieron su cuerpo, no pudieron borrarlo de la historia, 65 años después, Lumumba sigue presente para millones de personas.

Esto es a quienes me leen y agradezco, la política, la religión y el fútbol, mis queridos.



¡Tiene muchos pelos ese chicharrón! La indolencia ante la desnutrición infantil en Guatemala


Por Carmen Reina*


¡Tiene muchos pelos ese chicharrón! La indolencia ante la desnutrición infantil en Guatemala

desnutrición, infancias, INGUAT


El domingo 12 de julio por la tarde, las y los guatemaltecos observamos al presidente Arévalo engullendo un “chicharrón con pelos” y dialogaba en perfecto inglés con un turista gringo en una amena conversación frente a Casa Presidencial. La imagen fue producida por el Instituto Guatemalteco de Turismo (INGUAT), con el interés de mostrar a “Guatemala como un país cálido y atractivo”. El presidente parecía muy complacido y sereno, degustando su chicharrón con el fondo de la popular canción Chicharrón con pelos.

 

Todo esto parecería muy positivo, si no fuera porque dos noticias graves —que en medio de pelos y chicharrones parecen no inmutar a la opinión pública y menos al mandatario— empañan la escena: hasta junio del presente año, se registraron 16 muertes de niños menores de 5 años por desnutrición aguda, lo que representa un aumento del 14.3% en relación con el año anterior (Ola, 2026). Los municipios donde se reporta la mayor cantidad de muertes son Fray Bartolomé de las Casas, San Pedro Carchá, Santa Catalina La Tinta y Santa María Cahabón, ubicados en el departamento de Alta Verapaz, en la Franja Transversal del Norte y en la región del Polochic. Los menores tenían menos de 2 años y eran indígenas; sufrían de los síndromes de marasmo y kwashiorkor.

 

Recuerdo a mi madre enfermera cuando me explicaba la naturaleza y la gravedad de estos casos. La muerte de estos niños ocurrió en su mayoría en hospitales públicos, a los cuales fueron llevados de manera tardía. Las causas son multidimensionales, enraizadas en la profunda desigualdad histórica en el país, especialmente en la zona de las Verapaces. Durante la Reforma Liberal (que inició en 1871 y se extendió hasta la Revolución del 20 de octubre de 1944), se despojó de sus tierras comunales a los pueblos indígenas para otorgárselas a europeos para la siembra del café. Vale recordar que, bajo un modelo semifeudal, las comunidades de pueblos originarios que ahí se ubicaban fueron asignadas a finqueros alemanes y belgas como “mozos colonos” para el cultivo de café y otros productos, bajo un régimen de servidumbre de la mano de obra.

 

En la región de la Franja Transversal del Norte y del Polochic, al racismo y al despojo de tierras se suman otros fenómenos que han generado condiciones de precariedad para las poblaciones q’eqchi’ que ahí habitan: masacres, polos de desarrollo, enfrentamiento y control militar durante el Conflicto Armado Interno. En la actualidad, estas comunidades son víctimas de un nuevo ciclo de despojo de tierras para el impulso de megaproyectos como hidroeléctricas (Oxec, Renace I, II, III, IV), explotación petrolera, cultivo de caña de azúcar (cuando funcionó el ingenio Chawil Utzaj) y, particularmente, la extensión de la palma aceitera. Como producto de todo esto, las poblaciones mayas han perdido tierras comunales y particulares (por despojo, venta o engaño) y se encuentran en condiciones de extrema vulnerabilidad para garantizar sus medios de vida y su seguridad alimentaria.

 

Pero la ausencia del Estado es dramática. Abundan las comunidades sin accesos adecuados ni caminos rurales, con carencia de escuelas y centros de salud, donde las municipalidades son el único referente público que las personas identifican. Este escenario ha sido tierra fértil para el trasiego de drogas, la expansión del narcotráfico y otras formas de crimen organizado. Además, son las zonas con mayor cantidad de niñas madres que han sido violadas; es decir, donde se registra la mayor prevalencia de embarazos en menores de edad. Son, a su vez, las áreas de mayor pobreza del país y con las tasas más altas de morbilidad y mortalidad materno-infantil.

 

¡Es hambre, señor presidente! Mientras usted come chicharrón con pelos y se gastan miles de dólares junto a un influencer gringo, la ineficiencia en la ejecución de fondos públicos para la prevención y atención de la niñez desnutrida llora sangre. Aunque la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SESAN) indica que ha dado seguimiento y procurado la recuperación del 53% de los niños con desnutrición aguda, vale recordar que en este país la mitad de la niñez vive con desnutrición crónica.

 

Siempre he pensado que la eficiencia y coherencia de una administración pública se puede medir por la atención que presta a la desnutrición infantil. Al parecer, con el actual Ejecutivo no hay mayores cambios. Ahora, la estrategia “Mano a Mano” —un plan intersectorial del Gobierno de Guatemala diseñado para combatir la pobreza multidimensional y la desnutrición en las comunidades más vulnerables— pretende dirigir sus esfuerzos hacia este flagelo en 80 municipios de 13 departamentos (incluyendo Alta Verapaz, Huehuetenango y Quiché). Sin embargo, van tarde. A prácticamente un año de que termine el período de este gobierno, surgen serias dudas sobre la efectividad de estas medidas.

 

Así, el Estado y la sociedad continuamos indolentes; la desnutrición aguda y crónica ya son parte del paisaje, de la cartografía nacional. Lo más dramático es que nos hemos acostumbrado; nos hemos vuelto cínicamente insensibles. Pero que esta situación provenga de las autoridades públicas electas para gobernar la nación es mucho más grave. No deberíamos estar en paz mientras haya niños y niñas con hambre, hijos de madres desnutridas, sin opciones ni futuro.

 

Mientras escribo estas letras, la región de la Franja Transversal del Norte y del Polochic se ha inundado más de 40 comunidades y están anegadas, perdieron las cosechas del año y, como siempre, el Estado llega tarde a realizar estudios, sin una perspectiva clara que ofrezca opciones dignas ante este desastre humanitario.

 

¡Ah, pero que el presidente disfrute su chicharrón con pelos! La situación está “bien peluda” para la gente que pasa hambre, para los niños y niñas que mueren por desnutrición, para sus madres y para la juventud sin futuro que se arriesga a migrar y morir en el intento. Pero eso queda muy lejano; son solo “efectos colaterales”. Estoy segura de que eso no se le mostró al turismo, pues sería información “poco apropiada y políticamente incorrecta” para la campaña de promoción del INGUAT.

 

Este será el desafío más profundo para los próximos comicios. Combatir el hambre y la pobreza con políticas sociales eficientes y respuestas a las demandas sentidas de la población indígena debería ser la prioridad de quien ocupe la silla del Ejecutivo en el 2027. Esto requiere audacia, una articulación de múltiples actores y sectores para confluir en compromisos políticos, optimizar el funcionamiento del Estado y priorizar la inversión pública. Mientras haya niños muriendo de hambre, ni el Gobierno ni la ciudadanía deberíamos dormir en paz. Ojalá la indolencia no se torne en cinismo.

 

¡No queremos chicharrón con pelos, sino respuestas del Gobierno a los problemas centrales del país!

 

BIBILOGRAFÍA:

 

Ola, Ana Lucía (2026). Suben muertes de niños por desnutrición aguda. Prensa Libre, 11 de julio del 2026. Pag. 4

*Socióloga feminista y activista.



https://prensacomunitaria.org/2026/07/tiene-muchos-pelos-ese-chicharron-la-indolencia-ante-la-desnutricion-infantil-en-guatemala/?fbclid=IwY2xjawTHhL1leHRuA2FlbQIxMQBicmlkETFXazdQWFVwbmI1WDk5ZVE2c3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHnScN-rSY_NBjh8yjdF4h7gIRukDv55vZdozKlaf-xtC9TyFiSA24nKwgKmG_aem_VSXrOmVerXDm7_oSEekFpA