Kajkoj Máximo Ba Tiul[1]
Ma’ Lu[2], un amigo a quien conocí después de nuestro regreso a nuestras tierras. Hasta sus 12 años vivió en su comunidad Pan Nimaq’ Iqi’ o conocido en el idioma kaxlan como, “Las Pacayas”, una aldea que dista aproximadamente a 11 kilómetros del municipio de San Cristóbal Verapaz. Es curioso, pero si nos encontráramos quienes teníamos esa edad, cuando fue el conflicto armado, nos daremos cuenta, que a cada uno nos agarró en espacios diferentes, pero el sentimiento fue común, por eso las preguntas permanentes siempre fueron; ¿qué estaba pasando en ese momento? ¿por qué nos estaban persiguiendo? ¿por qué el ejército entraba a nuestras casas por las noches y se robaba nuestros animales? ¿por qué secuestraban a nuestras familias? ¿por qué ahora nuestras tierras están en manos de otros? ¿por qué nuestros hijos e hijas, conocen muy poco de este momento histórico? ¿por qué a muchos todavía hoy les cuesta compartir o darlo a conocer?
Lu’; nos cuenta que su abuelo, fue un contratista. El contratista era esa persona que llevaba trabajadores a las fincas. Hoy todavía existen los contratistas, que llevan personas sobre todo indígenas a las fincas de café, caña de azúcar, cardamomo, etc. Recuerdo que, cuando crecimos, las camionetas estacionadas, que enfrente decía; “agrícola”. Estos buses, se veían casi todos los domingos. La gente haciendo cola para abordarlo, muchas veces familias enteras, otras veces el papá y uno o dos hijos, como fue el caso de Lu’. Muchos ya endeudados, porque pedían al contratista un anticipo, para dejarle algo a su familia y este lo apuntaba en un cuaderno y al regresar tenían que pagarle o si no, se apoderaban de sus tierras. Una vez, Lu’ me contó que, a su abuelo, lo secuestraron en la guerra y ya nunca se supo de él, sobre este caso, trataremos de escribir en algún momento.
Lu’, me cuenta sobre lo que pasó en su comunidad, que en castellano le llamaban “Las Pacayas”, pero que en idioma Poqomchi, se llama “Pan Nimaq’ Iqi”, que significa dentro de los grandes arboles de pacaya. Porque, cuando se constituyó la comunidad, había mucha pacaya, como parte del bosque y que servía para comida, sus hojas para adornar las casas para fiesta y a veces los palos para hacer casas para gallinas u otros animales domésticos. Se le daba muchos usos. Lo que si es cierto en las fiestas no faltaban sus hojas, por eso, a alguien que le gustaba ir de fiesta en fiesta le decían; “pareces hoja de pacaya”.
Entre 1982 y 1983, tres masacres fueron ejecutadas en contra de la comunidad de Las Pacayas. La primera masacre, el ejército llegó a tempranas horas, cuando la gente aún dormía y comenzaron a sacarlos de sus casas a quienes consideraban que eran miembros de la guerrilla. A la gente se los llevaron a la municipalidad del pueblo, en el lugar donde antes estaba la cárcel. Ahí los amontonaron a todos. A las niñas y mujeres, los comisionados las violaban y a los hombres los torturaban y luego los iban a tirar allá por la carretera que va a Chixoy.
Nosotros, tuvimos que salir huyendo. Mi papá y mi mamá, nos dijeron “levántense” y vamos, porque dicen que van a venir por nosotros. Entonces en la noche comenzamos a caminar, agarramos el camino, cerca de la finca de don Beto Godoy, ahí por el caserío que se llama “Tuyak” y corriendo, sin nada, caminamos toda esa subida, hasta llegar a “Rejkensal”, ahí donde se cruza el camino para Rex Quix.
Así, fue como llegamos a vivir al pueblo. Por eso, estamos ahora en Paniste’, ahí, mi papá consiguió un pedazo de tierra. Nosotros tuvimos que dejar, nuestras tierras, que ahora son fincas de comisionados militares. Estas tierras, las cuidábamos con mucho cariño, porque fue el sacrificio de todos nosotros. Mi papa iba todos los años a trabajar en las fincas de algodón de la Costa Sur. Yo también iba, cuando apenas tenía 7 u 8 años. “Una vez, mi papá se quemó con ácido el pie y casi lo perdía, tuvo que ir al hospital de Escuintla. Yo lloraba todos los días, porque mi papá no estaba conmigo. Algunos me decían que ya no iba a regresar y que se iba a morir. Otros me decían que comiera porque iba a regresar mi papá. Cabal regresó, ya curado, entonces ya no me separaba de él. En la finca se sufría. Los frijoles puras balas, todos duros. Las tortillas que nos daban todas tiesas. El arroz crudo, era duro”.
Con lo que ganábamos, nos servía para comer y para sembrar nuestro maíz, frijol, para todo el año. Eso hacíamos todos los años, cuando vino la guerra. Todo fue duro. Hasta ahora, comprendí, que la guerra no fue por la guerrilla, sino porque querían quitarnos las tierras los ricos, mire hoy, muchas de nuestras tierras convertidas en fincas.
En la segunda masacre, a la gente ya no lo llevaron al pueblo. Lo que hizo el ejército es establecer un pequeño destacamento por cuatro días en las Camelias, más conocido como la finca de los Ruiz y ahí se llevaron a la gente y se escuchaba los gritos cuando los torturaban y los mataban[3]. Se escuchaba los gritos de las mujeres cuando eran violadas. Y las carcajadas de los militares.
En la tercera masacre, no está claro. Nosotros ya no estábamos ahí, algunos dicen que fue el ejército y otros que la guerrilla. Hasta ahora no sabemos exactamente, cuando muertos hubo, porque algunos los enterraron en el cementerio de la aldea, otros en el cementerio de Cobán y San Cristóbal.
Lo cierto es que, las comunidades como: Najtilabaj, Katalji, Chituj, Chisanim, Chicar, Quixal, Providencia, Chisiram, Naranjo, etc., el Ejército, los comisionados militares y las PAC; decían que eran comunidades de guerrilleros y por eso tenían que ser acabadas y siempre los amenazaban, los bombardeaban, los insultaban y pasaban disparando sobre sus casas o tiraban granadas.
Este fue el motivo, porque ahora vivo aquí, refiriéndose, donde tiene su casa..
[1] Maya Poqomchi, antropólogo, filósofo, teólogo e investigador
[2] Nombre ficticio, para no poner en riesgo a nuestro informante.
[3] Ba Tiul, Kajkoj Máximo, https://prensacomunitaria.org/2025/02/141198/. Visto última vez el 7 de julio de 2026.















