Kajkoj Máximo Ba Tiul[1]
¿Quiénes son nuestros enemigos y quiénes nuestros amigos? Esta es una cuestión de importancia primordial para la revolución. Y para distinguir a los amigos verdaderos de los verdaderos enemigos, tenemos que hacer un análisis general del status económico de las clases de la sociedad … y de sus respectivas actitudes hacia la revolución.” (Mao Tze Tung)[2].
La coyuntura actual de Guatemala y de América Latina, es un escenario importante, para discutir sobre categorías y conceptos, como; clases, lucha de clases, etnia, género, democracia qué es y qué no es, derechos humanos, autonomías, tierra, territorio, capitalismo, neoliberalismo, amigo, enemigo, etcétera. Conceptos y categorías muchas veces olvidados o poco profundizados, sobre todo ahora, cuando muchas de las actividades (talleres foros, reuniones, congresos), se hacen de forma virtual, porque el tecnofascismo nos logró envolver y nos cambió incluso sobre lo que tenemos que discutir decir, que ciertamente, también es importante analizarlo y comprender su utilización, y cómo ésta tecnología puede ayudar a nuestra liberación, a nuestra emancipación y no someternos a ella, olvidando que hay otros espacios que son buenos, que son importantes y necesarios, como las actividades presenciales en donde nos encontramos para debatir y analizar cosas.
Hoy constantemente, los que siguen llamándose, movimientos sociales o movimientos indígenas y otros, se quejan que ya no hay líderes o lideresas comprometidas y con valentía. O como dice un amigo, hacen falta verdaderos “kamolb’e”. Desde hace años estamos buscando a líder o la lideresa que le pondrá el cascabel al gato. Recuerdo, que la visita de Evo Morales en el 2005, los medios de comunicación titularon: “Guatemala busca a su Evo”. Esta preocupación, radica, en que nos hemos acostumbrado a buscar mesías o caudillos o en poner la confianza en una sola persona. Hoy se dice; “el presidente no hizo nada” y por el otro, porque nos cuenta creer en la toma de decisiones colectivas, porque el individualismo se ha apoderado de todas nuestras acciones y cada persona se vende como el mejor líder, lideresa, ya sea por ser indígena, mujer, joven, etc.
Los pueblos indígenas cargan sobre sus cuerpos y mentes la colonización continuada, como una maldición, que los ha llevado, incluso a no confiar en su capacidad autonómica, si a sucumbir muchas veces, consciente o inconsciente en las manos de la institucionalidad existente, a pesar de que ha sido el instrumento para su destrucción, como los genocidios históricos en su contra. Entonces, como que, no nos sentimos bien sin Estado y o nos sentimos incapaces de construir o retomar nuestra forma de gobernarnos y entonces algunos liderazgos, han impuesto la idea, que solo se puede salir adelante, si se paca con la institucionalidad existente o si se llegara a construir un instrumento propio para llegar al gobierno central. Entonces, se presenta, la idea construir el “Estado Plurinacional”, propuesta que, hasta ahora, sigue siendo, como una especie de “inculturar el Estado colonial” y no de una refundación profunda y sin tomar en cuenta sus limitaciones, como la experiencia boliviana y ecuatoriana.
Estas desorientaciones que estamos padeciendo hoy y en la que lamentablemente cayeron, en el caso de Guatemala, las llamadas “autoridades ancestrales”, después de su aparición en el año 2023, entre ellas las alcaldías indígenas, creadas a partir de la primera mitad del siglo XIX, y otras retomadas después de la firma de la paz, y de las que han sido “inventadas por las ONG” y los recursos de la cooperación internacional, cuando se presentaron como los “salvadores de la democracia”.
“Sin embargo, el culto a las formas de organización espontáneas, la incomprensión de cuán estrecha y primitiva es nuestra labor de organización, de hasta qué punto somos todavía unos “artesanos” en un terreno tan importante, esta incomprensión, digo yo, es una verdadera enfermedad de nuestro movimiento” (Lenin, 2010:143). Porque el culto que generaron muchos y nosotros mismos, al “sobrevalorar” la movilización del 2023 y que, hasta ahora, algunos siguen esperando que vuelva a ocurrir, provocó el desarrollo del “egocentrismo organizativo ancestral” y que está arrastrando entre sus patas el proyecto histórico de los pueblos, que es la autonomía y la libre determinación. Impide también, que se puedan ver a las autoridades comunales y territoriales, que tienen nada o poca relación con el Estado y con estas estructuras que se sientan a la mesa del patrón. Y esto, va a impedir, como lo saben los grupos de poder, la construcción de proyectos autonómicos, que tengan como demanda fundamental, la recuperación de las tierras y territorios comunales como elemento principal y articulador de la supervivencia de los pueblos originarios y de los demás pueblos.
Al no tener espacios serios de formación política, entonces se carece de conocimiento objetivo de la realidad y se rompen los círculos organizativos de los pueblos, comunidades, organizaciones, barrios, etc. Y los liderazgos caminan como zombis por todos lados, sin rumbo, sin proyecto y con una “narrativa” sobre lo colectivo que solo existe en su imaginación. Y esto se transforma en una debilidad de nuestras organizaciones comunitarias, porque se asume formas y conductas, de organizaciones de tipo occidental y se abandonan las formas organizativas ancestrales, que están relacionadas a la protección, defensa y recuperación de la tierra y el territorio, que es la base fundamental de cualquier pueblo originario o de cualquier comunidad humana, y fundamental para tener fortaleza para la resistencia, rebeldía y sobrevivencia.
Estas formas organizativas, como convertir nuestras estructuras organizativas comunitarias en ONG o en asociaciones o hacer convenios con las estructuras partidarias o institucionalidad del Estado y de gobierno, nos lleva a competir entre nosotros, sobre todo si por medio hay “dinero”. Nos movemos para defender algo que, suma a la colonización, el despojo y el expolio. Nos volvemos aliados de quienes nunca serán nuestros aliados (partidos, gobierno, crimen organizado, Estado, gobierno, etc.) y los otros, que son nuestros hermanos, amigos y paisanos, se vuelven nuestros enemigos, porque son amigos de nuestro opresor, de nuestro colonizador.
Hasta ahora, cualquier gobierno que llega y llegará, siempre va estar para defender la institucionalidad colonial y el sistema económico y político que, hasta ahora, es impuesto por cualquier imperialismo; chino, gringo, europeo, etc. Es decir, el Estado y gobierno, hasta ahora progresista o no, estará construyendo un modelo capitalista de cualquier tipo. Entonces, los esfuerzos de formación, deberían enfatizar sobre el perfil de quienes nos oprimen o colonizan y promover la articulación comunitaria, como el instrumento ideal para desmontar el capitalismo y defender lo “komún”, como la forma de vida de pueblos originarios y fundamento para la autonomía y libre determinación.
Los “intelectuales”, que realicen procesos de conocimiento, deben hacerlo desde y con los de abajo. Los análisis de coyuntura deben hacerse con la gente y no desde los expertos o conferencistas, partiendo desde la realidad de los pueblos y sus territorios. Se necesitan “revolucionarios Profesionales” (Lenin, 2010), que tomando la coyuntura, como algo que está unido o mejor, articulado, con otra cosa (Gallardo; 1990:7), animen a construir contrahegemonía, lo que en algún momento se llamó “poder popular”, donde participen todos y todas, tomando en cuenta que la lucha debe hacerse desde lo étnico, la clase y el género.
La formación política, entonces, debe hacerse de forma participativa y colectiva, no desde las conferencias, tipo monólogos, en donde llega un conferencista, termina su hora de narración y quince minutos de preguntas y respuestas y adiós, y peor aún, en tiempos de tecnología, en donde todo se hace virtual y alguien entrevista a quien sabe y le habla a un público que supuestamente no sabe y que no da ni tiempo de preguntar.
La formación política y no solo ciudadana, como suelen decir ahora, porque sigue dando miedo hablar de política, debe encaminarse a construir masas pensantes, que podríamos denominarlos “intelectuales comprometidos”, con la refundación del país. Esta formación, debe hacerse con planificación y metodología, porque sería un proceso de formación radical de cambio. Debe partir de elementos importantes de la historia, para que quien participe, se convenza que el Estado y los grupos de poder hoy, son los mismos que nos tienen subyugados y oprimidos desde hace muchos años, por no decir siglos. Analizar elementos importantes de nuestra organización “ancestral” (ahora que está de moda) y de nuestra vida, como la única que podrá imponerse al capitalismo-neoliberal.
Los procesos de formación, deben llevar a los participantes a tomar acciones y compromisos serios, con los cambios profundos que necesitan nuestras realidades y territorios, en donde el capitalismo y los grupos de poder dirigen su aguijón. Ahora que las redes sociales y el uso de la inteligencia artificial, se ha vuelto la moda, convirtiendo a lideres sociales en influencers o entrevistadores de medios virtuales como facebook, youtube, tiktok, etc., como en su momento, ya los había convertido en consultores u operadores o técnicos de organismos internacionales y de algunas ONG, se requiere de una mejor estrategia táctica y política para identificar quien es mi enemigo y quien es mi amigo, y saber conducir los esfuerzos para el cambio y la refundación.
La autocrítica es importante y no debe faltar, para no caer en el folklorismo buen vivirista o cosmogónico, tipo galáctico. Aunque ya el hecho de pensar, en quien o quienes son los “kamolb’e” que estarán en primera línea para la refundación, ya conlleva, “una autocrítica que empieza a aparecer, todavía de forma incipiente pero necesaria. Pero, no hemos logrado construir una alternativa económica lo suficientemente sólida, persistente, transformadora. Seguimos discutiendo muchas veces dentro de los márgenes que fijaron otros. Así es difícil disputar el poder real. Ganar elecciones no implica ganar el poder”[3]. Hay que traspasar las categorías social y políticamente aceptadas, como, cuando se dice que “estamos defendiendo la democracia”. Es mejor discutir, ¿cuál democracia y que tipo de democracia? o ¿qué es la democracia?, porque los pueblos originarios, no practicamos la “democracia”, ni la “democracia comunitaria” que es idea de algún o algún académico kaxlan. Los pueblos originarios, tenemos el “komún” y no más.
Entonces, si la democracia occidental, o el Estado y la República que nace en el siglo XVIII, en la época moderna con la Revolución Frances, ya llegó a su fin. Una democracia que se niega a morir y quiénes se han encargado de enterrarla, son los mismos descendientes de quienes lo propusieron y quienes nos despojaron y expoliaron en 1492 o 1519 para esta parte del mundo, por qué los pueblos originarios tenemos que defender, lo que está muriendo. No es nuestro deber defenderla, nosotros tenemos que defender el “komún” o nuestras tierras y territorios. Estamos defendiendo, el sistema creado y traído por quienes nos despojaron y expoliaron, no puede ser. Nos piden a nosotros que la defendamos y nos convencen con firmas de acuerdos, como los que ahora está haciendo el gobierno progresista de Arévalo. Y no logramos entender, que esto es “una forma nueva para terminar con nosotros los pueblos”.
La firma de acuerdos con muchos sectores y de la que presume un gobierno cuasi progresista como Arévalo, es como una forma de volver a “matar al indio” y cuando decimos matarlo, porque le está quitando su espíritu autonómico. Es como una forma de convencer que solo estando dentro de la república y del Estado, saldremos adelante, como si lo que nos dejaron nuestros abuelos y abuelas, fuera un atraso. Es como cerrarnos el camino, para nuestra liberación, porque el único camino que tenemos es eso, rebelarnos al mismo sistema y no sentirnos incluidos por un sistema que no es nuestro. Rebelarnos, implica, hasta volver a dar la vida, no hay otra.
De ahí, que no debemos ver a nuestros hermanos y hermanas de camino, como nuestros enemigos, aunque nos critiquen. Porque nuestros enemigos, son quienes nos llaman a defender el sistema, quienes nos ofrecen migajas, como si fuéramos perros alrededor de la mesa del patrón. Hace unos días un amigo, preguntaba: ¿Y en qué puede ayudar a los pueblos indígena un nuevo o una nueva fiscal, nuevos magistrados en la Corte de Constitucionalidad, nuevos magistrados en el Tribunal Supremo Electoral, etc.?, pues en nada. Pregúntense, en tiempos de que fiscal, se han cometidos los desalojos más criminales en la última historia de los pueblos originarios, como en “Samoqoch y Rio Dolores” o en “El Polochic”.
Tenemos que hacer lo posible de volver a nuestros territorios y recuperar nuestras tierras, para retomar el komún, como el único camino posible para imaginarnos que, si hay otra forma de estar más allá de la misma democracia. Un lugar donde nadie muere de hambre, porque todo es “colectivo” y es hay muerte, hasta se acepta con “alegría”.
[1] Maya Poqomchi, antropólogo, filósofo, teólogo.
[2] https://www.marxists.org/espanol/mao/escritos/AC26s.html, visto última vez el 18 de abril de 2026.

No hay comentarios :
Publicar un comentario