miércoles, 3 de abril de 2013

Una parte de mí. –Multiétnica-


 

Una parte de mí. –Multiétnica-

NIÑAS Y NIÑOS FUERON ROBADOS POR EL EJÉRCITO

                                                  
 
BOLETÍN DÍA 9 NIÑAS Y NIÑOS  FUERON ROBADOS Y PRIVADOS DE SU IDENTIDAD Y SU CULTURA  

DÍA NOVENO: Con testimonios desgarradores que suman ya 98, continuó hoy el juicio por genocidio contra  los militares José Efraín Ríos Montt y José Mauricio Rodríguez  Sánchez. Jacinto, quien en 1982 era un niño, relata que el día que llegó el ejército a su aldea vio como mataron a su madre de un machetazo, también murió su hermano, mientras el intérprete que acompañaba a los soldados le decía: “No llores, si no lo mismo te va a pasar a vos”, después los soldados se lo llevaron en helicóptero junto con sus otros hermanos a la capital y a Petén en donde vivió en diferentes hogares para niños con el fin de ser dado en adopción. Relata que dormía en una casa donde era  maltratado por la señora que lo cuidaba.    

“Ya no hablo Ixil, cuando me llevaron los soldados sí hablaba cien por ciento Ixil, ahora hablo solo español” explicó Jancinto al Tribunal.  Al cumplir  la mayoría de edad intentó tramitar su cédula de vecindad, sin embargo en la municipalidad le indicaron que esos apellidos no existían, fue entonces cuando él se dio cuenta que el ejército le había falsificado su identidad.  Con apoyo de organizaciones se enteró que aún tenía familia quien lo buscaba. Fue así como después de 22 años se reencontró con sus tíos, visitó el lugar donde nació y supo que a sus padres asesinados ya los habían exhumado.

Jacinto es un testimonio vivo de cómo la estrategia militar arrancó de los menores su identidad cultural, robándolos y alejándolos de sus familiares y su comunidad. Esta práctica ha sido utilizada por otros ejércitos, como es el caso de Argentina donde incluso los militares se quedaban con los hijos/as de las personas detenidas desaparecidas. La vida de este niño, Jacinto, se vio completamente alterada al ser sometido a malos tratos y además, crecer sin su vínculo con la cultura maya Ixil. Este testimonio encaja en el elemento cuatro del delito del genocidio.

Otro elemento del delito del genocidio ilustrado en la audiencia de hoy, fue la muerte de niños y niñas, con lo que se impide que el pueblo ixil pueda crecer, reproducirse.  El testimonio de Francisco relata: “A mi hija le abrieron el pecho y le sacaron el corazón”, “¿Qué culpa tenía mi niña?” indica.  Cecilia, una mujer ixil explicó “sufrí con mis hijos porque no tenía nada, dormí bajo la lluvia con ellos”.  Otro testigo Juan explicó que vio que dispararon a su cuñado y a unos niños: “la bala entró por el pecho y  les salió por la espalda…y como no murieron, les cortaron el pescuezo”.

Fue así como las declaraciones  dieron a conocer las condiciones inhumanas y la violación a los derechos de muchos niños y niñas durante el conflicto armado, a quienes después de dejarlos en la orfandad, a algunos los mataron y otros fueron llevados a vivir con personas desconocidas y de otra cultura diferente.

Mujeres y hombres ixiles continuaron explicando al Tribunal cómo los soldados del ejército quemaron sus casas, destruyeron su milpa y violaron a mujeres, sobre todo cuando capturaban a sus esposos y se quedaban solas, y también indicaron que a varias las obligaban a cocinar para los soldados, lo que sigue indicando el patrón sistemático de la violencia contra las mujeres utilizada como arma de guerra y mediante la esclavitud.

En la jornada de ayer martes por la tarde, el Tribunal dio a conocer a las partes procesales del caso las pruebas documentales. Después de cuatro horas de revisión de los documentos, Ríos Montt objetó cuatro de dichas pruebas: la Comisión para el Esclarecimiento Histórico, el Plan de Operación Sofía, el Manual de Guerra Contrainsurgente y el Peritaje de Histórico. Al respecto la Jueza ACLARÓ que esas objeciones serán evaluadas en el momento en que el Tribunal delibere y por tanto su resolución será indicada al momento de dictar la SENTENCIA.

Mañana continuará el debate oral y público a partir de las 8.30 horas, se presentarán testigos calificados por medio de videoconferencias y peritajes.

Guatemala, 03 de abril de 2013
 
Asociación para la Justicia y Reconciliación  AJR
Centro para la Acción Legal en Derechos Humanos CALDH
Centro Medios Independientes

martes, 2 de abril de 2013

Yo no podré.


“A la niña de siete años la violaron tantos soldados que la mataron”

  •   Las víctimas sexuales del Ejército de Guatemala testifican contra el exdictador Ríos Montt
  • La juez pide que se oculten las identidades de las mujeres por respeto

Guatemala 2 ABR 2013 - 20:09 CET
http://internacional.elpais.com/
Una de las víctimas llora durante su testimonio en el juicio contra Ríos Montt en Guatemala. / JOHAN ORDONEZ (AFP)
Incluso en una sociedad endurecida por la violencia como la guatemalteca, los testimonios de las mujeres de la etnia Ixil víctimas de violaciones masivas durante las incursiones militares en las comunidades campesinas, conmocionó este martes a todo el país, en una nueva sesión espeluznante del juicio por genocidio contra el exdictador Efraín Ríos Montt. Por respeto a la dignidad de las víctimas, la juez Jazmín Barrios, que preside el juicio por las atrocidades cometidas entre 1982 y 1983, pidió a la prensa no revelar las identidades de estas mujeres, que rememoraron ante la justicia el horror vivido hace tres décadas.
La primera de las declarantes narró que todo empezó cuando cuatro soldados tocaron la puerta de su humilde choza. Entraron a la fuerza cuando la entreabrió. “Lo primero que preguntaron fue si les dábamos comida a los guerrilleros. Les respondí que ni siquiera los conocía”, dijo la testigo. “En la casa estaba mi hija, de unos 17 años, y dos de sus hermanos pequeños. Los soldados la desnudaron, le separaron las piernas con fuerza y empezaron a violarla, enfrente de los niños, quienes lloraban de miedo”.
Con la voz quebrada, esta mujer relató que, cuando quiso auxiliar a su hija, uno de los soldados le pegó un culatazo en la boca del estómago y otro en la cara. La fuerza del golpe, añadió, la hizo caer. Perdió un ojo. Añadió que su hija fue violada por los cuatro en la cama del matrimonio. A preguntas de la defensa, añadió que no podría reconocer a los victimarios, pero que tiene la certeza de que eran soldados. En medio de la agresión, los niños pudieron huir y buscar refugio en las montañas.
En la casa estaba mi hija, de unos 17 años, y dos de sus hermanos pequeños. Los soldados la desnudaron, le separaron las piernas con fuerza y empezaron a violarla, enfrente de los niños, quienes lloraban de miedo
Otra testigo dijo que un grupo de soldados llegó hasta su casa sobre las nueve de la noche. La llevaron a un descampado, donde la violaron y dejaron abandonada, desnuda. Añadió que en esa fecha tenía un bebé de 30 días, que murió calcinado cuando los militares quemaron su casa. “Ni siquiera pude enterrarlo, porque la casa estaba en cenizas y yo tenía mucho miedo”, añadió.
Efraín Ríos Montt, durante el juicio.
Estos hechos se repitieron contra de la población campesina en todas las zonas en las que el Ejército sospechaba de la existencia de campamentos guerrilleros y aplicaba la doctrina de la tierra arrasada. Las violaciones, según el informe de Recuperación de la Memoria Histórica (Remhi), de la Conferencia Episcopal Guatemalteca (CEG), “incluyen la muerte. Fueron utilizadas como instrumento de tortura y esclavitud sexual, con la violación reiterada de la víctima”. Las estadísticas señalan que los casos de violencia sexual en contra de mujeres se dieron en uno de cada seis casos en las masacres perpetradas por parte de los soldados o de las paramilitares Patrullas de Autodefensa Civil (PAC), voluntarios a lazo utilizados como espías y delatores de sus vecinos.
Pese a que existen denuncias documentadas de 149 víctimas, se cree que hubo más, dados factores como los sentimientos de culpa y vergüenza que acompañan a estos delitos. Una de las mujeres que testificaron pidió a la juez Jazmín Barrios que se guardara su identidad porque ni su familia ni su actual esposo, conocían que había sido violada.
Los testimonios, muchos de ellos ya recogidos en el informe de la Comisión Esclarecimiento Histórico (CEH), patrocinada por la ONU, o en el Remhi del obispo Juan Gerardi, adquieren una nueva dimensión cuando cobran vida en mujeres que ahora oscilan entre los 50 y los 60 años, en aquel entonces, apenas adolescentes.
“Si tenés marido, entonces te violan entre cinco y diez soldados. Si sos soltera, entonces son 15 o 20”, dijo una. “Mi tío iba por un camino con su hija y una nieta, cuando se toparon con una patrulla militar. Lograron agarrar a las muchachas. A la niña, de siete años, la mataron, porque fueron muchos los soldados que pasaron sobre ella”.
Los añadidos de crueldad ponen, literalmente, los pelos de punta. “Algunos soldados estaban enfermos de sífilis o gonorrea. La orden fue que estos pasaran los últimos, cuando los sanos ya habían violado a la víctima”. A esto hay que sumar los embarazos no deseados. Todos los testimonios coinciden en señalar a los autores como miembros del Ejército, o de las PAC.
http://internacional.elpais.com/internacional/2013/04/02/actualidad/1364925579_010447.html

LA VIOLACIÓN SEXUAL ES GENOCIDIO SU VERDAD ES NUESTRA VERDAD. Boletin 8 Caso Genocidio


LA VIOLACIÓN SEXUAL ES GENOCIDIO
SU VERDAD ES NUESTRA VERDAD

“Tenía 12 años me llevaron al destacamento con otras mujeres allí me amarraron los pies y las manos …me pusieron un trapo en la boca…y me empezaron a violar…yo ya ni sabía cuántos pasaron…perdí la conciencia…y ya la sangre solo corría…..luego ya no podía ni levantarme ni orinar…”

Este testimonio desgarrador dado hoy por una mujer ixil sobreviviente de violación sexual, muestra cómo, durante el gobierno del General Ríos Montt, se utilizó la violación sexual con el fin de destruir y/o causar lesiones graves contra las mujeres mayas ixiles, siendo esta práctica parte de la política genocida del gobierno.

Afirmamos que los hechos de violación sexual ejercidos en contra de las mujeres mayas ixiles son constitutivos del delito de genocidio porque así está establecido en el art.376 numeral 2 del Código Penal Guatemalteco: “Art. 376.-  Comete delito de genocidio quien, con el propósito de destruir total o parcialmente un grupo nacional, étnico o religioso, efectuare cualquiera de los siguientes hechos: 2°. Lesión que afecte gravemente la integridad física o mental de miembros del grupo.

Los testimonios de las 10 mujeres ixiles que hoy se han escuchado mostraron con claridad, y sin lugar a dudas como los actos de violación sexual cometidos durante el conflicto armado en contra de las mujeres ixiles tenían el propósito de causar daños irreparables en sus cuerpos y en sus vidas.  Se trataba de un ejercicio de demostración de poder y de odio que se materializó a través de sus cuerpos y su absoluta degradación y humillación. Todo ello respaldado por un sistema ideológico racista y patriarcal dónde los cuerpos de las mujeres se convirtieron en “cosas” sin ningún valor. “Agarraron a mi mamá y la arrastraban como a un chucho….”. “ Acaso éramos unos animales para que nos hicieran cualquier cosa”

La política contrainsurgente se propuso causar terror en la población y específicamente en las mujeres utilizando formas crueles y extremas de violencia sexual que causaron lesiones graves y permanentes en la integridad física y/o mental de las mujeres ixiles. El ensañamiento y la alevosía que se ejercieron contra los cuerpos de las mujeres muestran ese propósito, incluyendo mujeres embarazadas tal y como lo muestra este testimonio: “Ellos querían que fuera su mujer pero yo no me dejaba pero ellos me cortaron la cabeza y así fue cuando me dejé….Yo tenía 6 meses de embarazo y a los quince días nació mi bebe muerto…”.

Estos daños causados tuvieron efectos en las mujeres ixiles que se muestran hasta el día de hoy a través de sentimientos de profunda tristeza, de culpa, de miedo junto con distintos dolores físicos,  enfermedades como relataron las mujeres hoy en sus testimonios: “ Me siento muy triste, siempre estoy enferma y no salgo de la casa…me duele mi corazón”.

Foto: Ana Maria Cofiño

Uno de los dolores más marcados que las mujeres relataron durante el día de hoy fueron las violaciones que ellas presenciaron de sus mamás o bien de sus hijas.  Estos hechos se repitieron en numerosos testimonios mostrando así la intención de destruir y/o lesionar profundamente el tejido familiar siendo las mujeres el centro del ataque. “Yo también vi cómo a mi hija la violaron muchos soldados, ella sólo tenía 12 años, la agarraron en mi cama…”. “ Eran cuatro soldados quienes violaron a mi hija, la golpeaban muy duro y ella no paraba de llorar”.
También se pudo comprobar que muchas mujeres que fueron violadas quedaron brutalmente lastimadas para concebir hijos e hijas, teniendo como consecuencia la limitación de la reproducción del pueblo ixil. Otros testimonios también dieron cuenta de las  secuelas físicas en las capacidades reproductivas como relata una de las mujeres testigas de 46 años. “Tengo una infección en el vientre, me duele todo el tiempo mi matriz…”.

Como concluye Elizabeth Odio Benito, vicepresidenta del Tribunal Penal Internacional para ex Yugoslavia (1993-95): “La violación de las mujeres no es una consecuencia, más o menos inevitable o intrascendente de un conflicto armado, sino que es una política aplicada sistemáticamente para destruir grupos humanos además de la propia víctima directa”.

Los testimonios de las mujeres ixiles que hoy fueron presentados ante el Tribunal demuestran que los hechos de violación sexual ocurridos en el área ixil durante el período del General Ríos Montt tenían un “modus” operandi” ya que:

v  Eran actos que respondían a órdenes de mandos superiores, normalmente tenientes, quienes daban directamente las instrucciones a los soldados, además de participar ellos mismos en los actos de violencia sexual. “ Era un sargento quién daba las órdenes a los soldados”
v  Los elementos del ejército y patrulleros llegaban a las comunidades, separaban a las mujeres y a los hombres, normalmente a las mujeres las llevaban a las capillas, escuelas, en la misma calle y en ocasiones, a sus casas. Una vez realizada esta separación procedían a ejecutar diferentes actos de violencia sexual, siendo la mayoría de las veces, la violación sexual la práctica generalizada. “Nos agarraron y nos llevaron a un cuarto del salón parroquial y allí nos violaron a un grupo de mujeres, fueron varios soldados los que me usaron y me quedé casi un año con hemorragia…”
v  Carácter masivo de las violaciones sexuales, es decir, numerosos soldados y muchas mujeres como víctimas, también se producían violaciones múltiples, diferentes hombres violaban a la misma mujer y en muchos casos, fueron repetidas en diversos momentos contra las mismas mujeres. “Nos llevaron al destacamento y allí nos violaban muchos soldados, yo estuve diez días y me violaron muchas veces y a otras mujeres también”.  “Abusaron de mí toda la noche fueron como 20 soldados pero al final perdí la conciencia”.

Foto: Ana Maria Cofiño
 Todas estas características muestran que la violación sexual era una práctica premeditada, sistemática, generalizada y que tenía como fin destruir y lesionar gravemente a las mujeres ixiles como grupo específico. No eran actos cometidos por la tropa fuera de control de sus mandos, sino que éstos ordenaban, aprobaban y legitimaban dichos actos. Los victimarios eran personas comunes, no eran maniáticos, ni sufrían de ninguna patología.

Uno de los momentos más memorables fue cuando una mujer sobreviviente ixil dijo con voz clara y fuerte como había escuchado a un soldado decir” Ríos Montt nos dijo que se acabara con toda esa basura ixil porque colaboran con la guerrilla”.

También se pudo evidenciar la práctica recurrente de someter a las mujeres al régimen de servidumbre sexual donde los soldados violaban durante días seguidos a las mujeres y obligaban a cocinarles y atenderles bajo amenazas de muerte y violencias continuas. “Me acuchillaron y tengo cicatrices, cuando me violaban ya no podía caminar y me tiraban como una pelota….Yo tenía que cocinar para ellos para que no me mataran.”

Estos diez testimonios de las mujeres ixiles presentados hoy en la Corte son diez actos de valentía, de fuerza y de poder de las mujeres. Hoy las mujeres han roto una vez más el muro del silencio que existe en Guatemala en torno a la violación sexual que se ejerció contra las mujeres ixiles, y otras miles de mujeres mayas, mestizas y garífunas en la época del conflicto armado guatemalteco. Como bien dijo una de las mujeres al finalizar su testimonio, “Hoy va a haber un cambio en mi vida porque me estoy desahogando”.

Hoy estas mujeres han traído ante nosotras y nosotros su voz, su corazón, su memoria, su cuerpo, su dolor y sobre todo su verdad para decir que sí fueron violadas y que quieren justicia por lo que les pasó y que no quieren que esto se vuelva a repetir. “Vengo a decirlo para que no vuelva a suceder a nosotras las mujeres”

Guatemala 2 de abril 2013.

Asociación para la Justicia y Reconciliación  AJR
Centro para la Acción Legal en Derechos Humanos CALDH
Colectivo Nosotras las Mujeres
Centro Medios Independientes
www.paraqueseconozca.blogspot.com

El derecho a la verdad. No se trata de venganzas ni de cacerías de brujas.

Opinión: elPeriódico, 2 de abril del 2013
El derecho a la verdad
No se trata de venganzas ni de cacerías de brujas.

A pesar del actuar espurio de algunos abogados que se desgañitan por impedir que el pueblo conozca de viva voz unos fragmentos de la verdad, de la tragedia que vivió el país en los años recientes, poco a poco se va desmoronando el muro de la impunidad que lo ha impedido y los medios de comunicación recogen parte de esa historia que el pueblo debe enfrentar con hidalguía y las nuevas generaciones conocer, para que en el futuro eviten que se llenen de luto aldeas, comunidades, ciudades, calles y hasta barrancos y pozos en donde seres humanos fueron exterminados o arrojados como cualquier bulto.

Muchos años han pasado de aquellos momentos de persecución, dolor y muerte, pero la memoria de los y las mujeres sobrevivientes que fueron vejadas, se niega a olvidar, porque les sigue golpeando y no quieren sepultar en el olvido ese trozo de la historia que militares y civiles, ricos y pobres, debemos conocer. Si después de todo, el veredicto de los jueces favorece a la defensa de los acusados que, a gritos quieren imponer su verdad, no tenemos más que aceptarlo, pues por lo menos ya han sido sentados en el banquillo quienes hoy piden clemencia, cuando nunca se compadecieron de niños y ancianos cruelmente asesinados o de las mujeres violadas y torturadas. 

Una cosa queda clara en este proceso. Los defensores han arrastrado por los suelos y pisoteado la ética repetidamente, no solo en su comportamiento prepotente y abusivo, sino según el recuento de la Asociación Impunity Watch y que consta en los expedientes, “en 76 ocasiones un órgano jurisdiccional guatemalteco ha tenido que pronunciarse sobre los incidentes provocados por la defensa”, lo cual amerita la intervención del Tribunal de Honor del Colegio de Abogados. 

Hace pocos días un tribunal, también de alto impacto, condenó a 50 años a un comisionado militar, ya con anterioridad otros jueces habían dado su veredicto contra otros cuantos acusados de desapariciones forzadas, y este caso que tendrá que llegar a su fin, más temprano que tarde, sentará un precedente histórico que posiblemente evite ver a otros criminales sentados frente a los jueces, pues no se trata de venganzas ni de cacería de brujas, sino del derecho a la verdad y a la justicia, sepultadas por décadas en Guatemala. Esperamos que los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, le brinden todo el respaldo al tribunal y la protección necesaria, porque los Dinos andan sueltos y enojados por la objetividad e imparcialidad de los jueces.

lunes, 1 de abril de 2013

GUATEMALA: BOLETIN No. 7 JUICIO GENOCIDIO

ESTE ES MI TESTIMONIO PARA QUE LO SEPA EL MUNDO ENTERO
Con esta frase concluyó uno de los testigos sobrevivientes su relato sobre las torturas recibidas por parte ejército en 1982,  al declarar frente al tribunal durante el séptimo día de audiencias del juicio en contra de José Ríos Montt y José Rodríguez Sánchez.  En esta  jornada 12 testigos continuaron relatando, la manera en que  fueron perpetradas las masacres,  asesinatos  y tratos inhumanos que el ejercito cometió contra las víctimas en 1982 y 1983. 
Este testigo relató que se encargó, bocina en mano, de avisar a la población de la aldea acerca de la venida del ejército, al llegar éste  comenzó a perseguir a la población. Declaró cómo los soldados mataron a machetazos a varias personas, mientras continuaban persiguiendo a otras, reunieron a varios en casas y prosiguieron a quemarlas. Según el testigo, mientras las casas eran quemadas se lograba escuchar los lamentos de las personas que estaban siendo calcinadas. Durante el relato, el testigo  se preguntó las razones por las que fueron asesinados, si eran bebés recién nacidos y mujeres embarazadas.  La población fue obligada a dejar sus comunidades y esconderse en el bosque, donde fueron también perseguidos por el ejército, que intentó quemar el bosque y los bombardeaba.    En la montaña se llegaron a reunir hasta dos mil familiares y aunque había de diferentes etnias, la mayoría era ixiles.
“Me llevaron a la iglesia me colgaron con vigas con los pies hacia atrás y  para arriba después vinieron 4 soldados y así amarrado me golpearon. Al otro día ya no me podía parar, no podía ver,  se me taparon los oídos”. Después me llevaron y me metieron en un salón grande en el que había mucha sangre y había un montón de caites, zapatos y botas, talvez de las personas que habían matado.  Lo amarraron y lo sentaron sobre la sangre “….dicen que no hubo genocidio… será que eso no es genocidio por los que estuvieron en el gobierno?”...cuestionó con voz enérgica, el testigo.
Por parte de la defensa de los militares hubo varios alegatos en contra de la Presidenta del Tribunal.  Según ellos, la Jueza ha estado violando el artículo 366 del Código Penal, ya que las objeciones que realiza el MP y las partes querellantes son siempre dados a lugar, mientras que las realizadas por la defensa son dadas fuera de lugar. Luego de un pequeño debate, la Jueza buscó dejar claro que el procedimiento sigue dentro de la ley y en ningún momento se está extralimitando en sus facultades, en lo que ha enfatizado es que se deben ceñir a la plataforma fáctica para la que han sido presentados los testigos.  
Otra de las testigas que entre llanto relató que se murió su hermano y otros familiares y que tuvieron que huir bajo la montaña en donde vivieron muchas penalidades. “Si sacáramos a ese señor unos días bajo la lluvia, sin ropa, sin comida, sin sal  a ver si aguanta”. “Estoy enferma, me duelen mis piernas, y el cuerpo porque estuve bajo la lluvia y sin que cubrirme, lástima mis hijos se murieron, si yo los tuviera, tendría quien me apoyara ahora”.
Es importante resaltar que todos los testigos y testigas en su relato han dejado evidencia de los patrones en el proceder del ejército, ya que después de entrar a las poblaciones y masacrar o ejecutar a algunas personas, quemaban las casas, destruías las siembras, quemaban sus cosechas y mataban y se llevaban los animales y destruían todos sus enseres de trabajo.  Tenían que huir y refugiarse en la montaña sin ropa, bajo la lluvia, el frío y sin comida. 
Los y las sobrevivientes han dejado claro que lo que quieren de este juicio es justicia y que no se vuelva a repetir lo vivido por su pueblo a manos del ejército.
El debate oral y público continua mañana martes 02 de abril a partir de las 8.30 horas, se escucharán los testimonios de mujeres víctimas de violencia sexual.
                                                                                                 
Guatemala, 01 de abril de 2013

Asociación para la Justicia y Reconciliación –AJR
Centro para la Acción Legal en Derechos Humanos – CALDH
Centro de Medios Independientes de Guatemala- CMI