sábado, 4 de octubre de 2014

Militares armados imparten curso de valores en escuelas normales

 El 17 de septiembre las alumnas del nivel básico del Instituto Normal Central para Señoritas Belén escucharon hablar a un militar, por casi una hora, sobre liderazgo femenino, mientras cuatro soldados con armas caminaban por el auditorio.

"Este tipo de práctica busca desmotivar la organización estudiantil ya debilitada”. 

Alicia Arellano, secretaria general de Samgua.
Sobre liderazgo Los militares estuvieron presentes en el auditorium del Instituto Normal Central para Señoritas Belén situado en la 13 calle y 11 avenida de la zona 1. En dicha actividad se filmó un video en donde se evidencia que los soldados estaban armados.
En la primera semana de septiembre, delegados de la Dirección Departamental Norte se reunieron con el claustro de maestros de Belén, con el propósito de comunicarles sobre charlas de civismo a cargo del Ministerio de la Defensa.

Dos horas duró el encuentro, y en ese tiempo los maestros expresaron rechazo a la presencia militar en ese instituto. Algunos justificaron su negativa al afirmar que correspondía a ellos ese tipo de acercamientos con las alumnas. Los de la Departamental Norte salieron del centro educativo con un “no” rotundo a su propuesta.

Sin embargo, dos semanas después, el 17 de septiembre, un grupo de soldados ingresó a Belén a impartir una charla sobre Liderazgo de la mujer.

Profesores consultados relataron que ese día, los militares, ocho en total (cuatro armados), se dirigieron a la Dirección del establecimiento para explicar el objeto de la visita y luego fueron llevados al auditorio, que minutos después fue ocupado por estudiantes de primero, segundo y tercero básico. 

Ningún maestro las acompañaba. “Decidimos no avalar esta situación y por eso no estuvimos presentes”, dijo uno de los entrevistados.

La conversación comenzó con un saludo y la breve referencia a que la hermana menor del conferencista había estudiado en ese instituto. El comentario ganó el aplauso de las alumnas. Sin embargo, pronto el clima amable se tornó hostil cuando el encargado de la plática ofreció ejemplos de mujeres destacadas del país, la vicepresidenta Roxana Baldetti, entre ellas, y cuatro soldados armados caminaban por el auditorio.

Una de las muchachas preguntó por las razones de la charla,¿a qué se debía?, pero no obtuvo respuesta. Finalizada la plática, el grupo de adolescentes salió del salón y al unísono gritaron con alegría: “Se acabó”.

El Sindicato Autónomo Magisterial Guatemalteco (Samgua) aseguró que estas actividades también se han llevado a cabo en el Instituto Normal Mixto Rafael Aqueche, Escuela Normal Central para Varones, el Instituto Normal para Señoritas Centro América (INCA), y otros centros educativos de El Progreso, Alta y Baja Verapaz.

Este grupo sindical hizo una denuncia en la institución del Procurador de los Derechos Humanos (PDH).

Por solicitud

Ismael Cifuentes, vocero del Ejército, explicó que desde febrero en cada destacamento militar fue creada la Unidad de Relaciones Civiles-Militares, que cuenta con técnicos, maestros y psicólogos, con el propósito de lograr acercamientos con particulares.

“Se han reunido y con alcaldes y directores que han solicitado, por ejemplo, que ellos organicen un día cívico o impartan una charla sobre los símbolos patrios. Todo es a solicitud de una persona. Es difícil que ese grupo ingrese a un sitio si antes no ha sido invitado”, afirmó el funcionario castrense.

Cifuentes también aseguró que el personal asignado a ese tipo de pláticas no lleva armas consigo. “Descarto algo así. Eso sería un abuso, una imposición. Deben ingresar sin equipo”, dijo.

No obstante, consideró que por seguridad en áreas de Huehuetenango, el equipo es acompañado por soldados armados, pero estos se quedan afuera de los planteles.

Mesa técnica

De acuerdo con el Ministerio de Educación, ese tipo de actividad corresponde a una mesa técnica establecida para atender a institutos nacionales localizados en el Centro Histórico. Está integrada por la Procuraduría General de la Nación y la oficina del PDH, entre otras instituciones. Lo que busca la instancia es prevenir la violencia estudiantil. La cartera aseguró que el Ejército no imparte charlas. En el caso de los centros educativos de provincia, se trata de campamentos de convivencia para los estudiantes que están a punto de concluir el bachillerato.

CLAUDIA MÉNDEZ VILLASEÑOR CMENDEZV@ELPERIODICO.CO
4 OCTUBRE 2014

jueves, 2 de octubre de 2014

Militarizarán institutos. Se trata de disuadir cualquier forma de organización y protesta.



De acuerdo a los pasos de animal grande que han estado dando contra todo los movimientos sociales de protesta, en el futuro cercano, los institutos de educación media e incluso escuelas primarias podrían ser militarizadas, pues para ellos, los del gobierno, y por supuesto para los del ejército, que no son “políticos ni deliberantes, sino obedientes” las críticas, los señalamientos, las fiscalizaciones, las peticiones, las protestas o exigencias, son cosas que no deben darse en estos tiempos en que todos debemos guardar un silencio total y aceptar el poder absoluto del que quieren gozar y que, según ellos, el pueblo les dio.

Lo anterior viene a colación por la campaña emprendida por el ejército sobre valores y liderazgo, que quién sabe quién tuvo la genial idea de que oficiales armados, con cara de no buenos amigos, lleguen a los institutos, entren a las clases y se conviertan en “catedráticos” y empiecen a hablar de valores, de “sus valores” a alumnos y alumnas casi niños, que entre risa y risitas solapadas, les tienen que escuchar.

Ya no bastan los discursos, los regaños por radio y televisión, ahora hay que llegar a las aulas con el visto bueno de directores o directoras que “solo están cumpliendo órdenes” y que dicen no les queda más que abrirles las puertas, pues atrás y adelante van los fusiles. Indudablemente algunos mentores lo hacen con gusto y placer, pues de plano el militarito lo llevan dentro desde hace mucho tiempo, o son quienes se sienten agradecidos con el ejército porque, según ellos, “salvaron a Guatemala del comunismo” y poco les importa el reguero de sangre que dejaron en el camino y el retroceso bestial que Guatemala ha tenido desde 1954.

La presencia de militares en aulas de los institutos Belén, Inca y Aqueche, debe ser motivo de un fuerte rechazo y protesta concertada de estudiantes y catedráticos, pues la defensa de la dignidad y de la libertad de cátedra se impone, cuando vemos precipitadamente la vuelta al ubiquismo, que no solo militarizó institutos, sino que a sangre y fuego silenció cualquier tipo de protesta estudiantil. Según se sabe, en algunos establecimientos de los departamentos, ya la presencia de oficiales del ejército se ha dejado sentir, pues no se trata solo de meter ideas contrarias a la memoria histórica, sino de intimidar, de hacerles saber con sus discursos y su presencia con armas, que están vigilantes, que los estudiantes deben ser obedientes, deponer su rebeldía y no meterse en política. Por supuesto, se trata de disuadir cualquier forma de organización y protesta. Ojalá y abramos los ojos y rechacemos que se intente una vuelta a ese pasado tormentoso que ya vivió el estudiantado.
http://www.elperiodico.com.gt/es/20141002/opinion/2693/Militarizarán-institutos.htm

FOTOREPORTAJE DE LA QUEMA DE LA EMBAJADA DE ESPAÑA EN GUATEMALA HACE 34 AÑOS


Fotografias: Cuerpo de Bomberos Municipales CBM y Mauro Calanchina
Recopilaciòn y Texto: Rony Ivan Vèliz 



























MP: García ordenó que nadie saliera vivo de la Embajada

FOTO:ARCHIVO > ELPERIÓDICO
Pedro García Arredondo ya fue sentenciado por la desaparición de un estudiante de la Universidad de San Carlos de Guatemala.
El Ministerio Público lo sindica de tres delitos, el exjefe policial se declaró inocente de los cargos en su contra.


Tres décadas después del incendio en la Embajada de España, donde murieron 37 personas, dio inicio el juicio contra el posible responsable del crimen: Pedro García Arredondo, exjefe del Comando Seis de la Policía Nacional (PN). El Ministerio Público (MP) sostuvo que el acusado ordenó que “nadie saliera vivo de la Embajada”, lo que intentará demostrar a lo largo del proceso.

La Fiscalía explicó que evidenciará que las instrucciones giradas por García Arredondo provocaron la calcinación de 22 campesinos, cinco estudiantes, ocho diplomáticos y dos visitantes que se encontraban dentro de las sede diplomática; además, impidieron la salida de los mismos mientras el fuego acababa con sus vidas.

El ente investigador sostiene que el sindicado hizo caso omiso a las órdenes del embajador español y sobreviviente de la tragedia, Máximo Cajal, quien pidió que las fuerzas de seguridad no ingresaran al lugar, para que se hicieran las negociaciones pacíficas con los campesinos que lo tomaron. “De esta forma vulneró la inmunidad de la Embajada”, subrayó la fiscal Hilda Pineda.

Según la Fiscalía, García Arredondo también planeó y ejecutó, junto con otros integrantes del Comando Seis, el asesinato de dos estudiantes universitarios que asistieron al cortejo fúnebre de las víctimas. 

El ente investigador prevé presentar cuatro declaraciones realizadas como anticipo de prueba, 23 testimonios, material, audiovisual, fotográfico y documental, entre los que se encuentran los archivos históricos de la extinta PN, y en los que estarían los informes de las acciones que se cometieron aquel 31 de enero de 1980.

Se abstiene

García Arredondo caminó parco hasta la silla ubicada frente al Tribunal presidido por Janeth Valdez, quien le preguntó si deseaba declarar sobre los hechos que la fiscalía le imputaba. 

El sindicado se abstuvo de hablar sobre el tema pero pidió decir unas palabras:“Ante Dios y la tierra soy inocente, soy inocente, soy inocente”.

Reviven la tragedia

Frente al Tribunal B de Mayor Riesgo, tres testigos relataron lo ocurrido antes, durante y después de la quema de la Embajada de España.

La premio Nóbel de la Paz, Rigoberta Menchú, narró con la voz quebrada y lágrimas en su rostro, que días antes del incendio de la sede diplomática  se reunió con su padre, Vicente Menchú, quien le informó que acudirían al inmueble a solicitar apoyo por la represión del Ejército que se vivía en el municipio de Uspantán, Quiché. “En el momento que supe sobre lo ocurrido, se derrumbaba el futuro que mi padre esperaba para mí”, declaró. 

Menchú afirmó, que después del suceso los integrantes de su familia sufrieron amenazas y que al menos 20 de ellos fueron asesinados, lo que provocó que saliera del país. 

Sergio Ví, otro testigo del caso, relató que su padre salió de Chajul, Quiché, buscando denunciar las masacres que ocurrían en el Triángulo Ixil, pero lo que encontró fue la muerte.  “Por eso estoy aquí presente, no es una venganza, es justicia”, subrayó.

El tercer testigo en declarar fue el abogado Mario Aguirre Godoy, quien estaba en la sede diplomática cuando los campesinos tomaron el lugar. En su testimonio dijo que la secretaria de Cajal fue quien les avisó de la toma del inmueble, pero luego de varios minutos recluido, logró escapar.  Después de eso, las llamas se apropiaron del lugar, expresó. 

Observadores

>Manuel Legarreta, actual embajador español, se presentó a la audiencia como observador y comentó que asistió porque para su país “es muy importante” que se aclaren los hechos en los que fallecieron miembros de la Cancillería europea. “Se debe condenar a los responsables”, añadió.

Rigoberta Menchú, hija de una de las víctimas de la quema de la Embajada de España, declaró ayer como querellante.
Rigoberta Menchú, hija de una de las víctimas de la quema de la Embajada de España, declaró ayer como querellante.


JOSÉ DAVID LÓPEZ > JLOPEZ@ELJLOPEZ@ELPERIODICO.COM

miércoles, 1 de octubre de 2014

El baile callejero del Día del Niño.


Cuando era niña recuerdo que  para el Día del Niño en la escuela era que nos hacían bulla las maestras, nos compraban pastel y nos reventaban una piñata. Era la felicidad lanzarnos sobre aquel tierrero y caerle encima a los dulces.  También era día de venta de helados, desahuciada le decía a mi mamá que: mama hoy es mi día necesito que me des feriado. Qué feriado ni qué  ni mierda, ya te me a alistar que tu hielera de helados te está esperando. En los días feriados era cuando más vendíamos y el Día del Niño no era la excepción. Me echaba cinco helados de más y me decía que si los vendía todos,  esos cinco eran mi ganancia, qué felicidad sentía quedarme con el dinero de cinco helados, ¡ganarme la lotería!  En ese tiempo los vendíamos a veinticinco centavos y mi mamá siempre nos daba cinco centavos por helado vendido para que aprendiéramos a ser independientes  con el dinero desde niñas. Por la tarde nos tocaba ir a vender al Destacamento Militar de la aldea,  pupusas de chicharrón y atoles, también nos daba cinco centavos por  venta.  “Porque así ustedes desde niñas aprenden  a mantenerse solas y para  que cuando se casen ningún hijo de la gran puta las vaya a maltratar y ustedes se tengan que quedar a su lado porque   no tengan cómo mantenerse solas , en ese mismo instante agarran y se van porque para eso las estoy haciendo mujercitas desde ahorita.”

 Lo mismo sucedía con las relaciones sexuales cuando nos bajó la sangre. “Yo no voy a andar atrás de ustedes,  ni me voy a meter a juzgar sus noviazgos –y nunca lo ha hecho-  porque las que van a vivir con el hombre son ustedes no yo, les doy la independencia ya saben lo que es bueno y malo y si abren las patas y quedan preñadas se van a desgraciar la vida, me dolerá en el alma pero habrá sido consecuencia de su decisión y la tienen que afrontar como mujercitas, y les daré la calle.

Lo que siempre le dolió y enfureció  fue que nunca le llevé novio a presentar –solo una vez-  porque nunca fui de andar en formalidades ni de seguir normas, pero eso sí, de mi propia boca le decía, “ando con el hijo de doña fulana, te lo digo con mi boca para que no te sorprendás cuando te lo digan las vecinas.” ¿Ando, cómo así andás? ¿Andás de novia, de amante, en detalladeras, o de qué putas? Ando de todo. ¡Hija de la gran puta! Pues sí, no de una puta cualquiera mama, soy una hija de la gran puta, orgullosa sentíte. Me daba un chipotazo en la boca. ¡Cómo si yo te enseñara a tener trompota de coche! Nunca lloré cuando me pegó, ni una sola vez y eso la fastidiaba tanto. ¡Llorá te digo! ¡No quiero! ¡Qué llorés o te malmato a  palo!  Malmatáme pero no lloro. ¿Por qué? Por que no se me da la gana llorar. Y así fui siempre, me mordía los labios  y no lloraba,  no delante de ella pero sí con mis cabritas y mis marranos cuando los iba a pastear. Lo que sí es que me agarraba la cabeza contra la pared enfrente de ella y de toda la familia y nadie se metía, me dejaban  hasta que me cansara, y agarraba el ruedo de mi playera y lo mordía con todas mis fuerzas y también con todas mis fuerzas daba las trompadas cuando me peleaba con los patojos en la calle.
Los dolores y las alegrías me los he tragado,  lo de llorar sucedió escribiendo; fueron las letras mi desahogo y el brebaje.


Lo que sí me permitía ese día –Día del Niño- después de haber terminado los oficios domésticos era salir a potranquear con los patojos, otra felicidad incontenible  la de jugar pelota con ellos, terminábamos  el día recogiendo carteritas de fósforos en el basurero de la arada y con las mismas jugando naipe, ése era nuestro naipe en la infancia ya en la adolescencia aquellos se consiguieron uno que tenía fotografías de mujeres desnudas, no me cayó en gracia va pero le hice gancho, aquellos a cada rato comparando los melones  de las modelos con los nances que yo tenía estampados en el pecho, pero me tocó aguantarme la jodedera,  gajes del oficio al ser la única mujer entre la manada, pero peor les iba a ellos cuando salían los pósteres de los jugadores del Mundial de Fútbol.


El día del Niño tampoco existió para mi mamá ni para mi papá, mucho  menos para mis abuelos y no creo que para Mamita  y mis  bisabuelos tampoco. Si a mí me tocó pararme en un pié y sacar fibra a ellos les tocó volverse adultos cuando apenas despertaban a la infancia. La edad mental de mis papás  calculo que  no pasa de catorce años, se quedaron en la adolescencia, tengo papás que piensan y actúan como adolescentes, creo que  ha sido su forma de resistir  y de desquiciar  a todo lo que les tocó vivir de niños. Y comprendo  muy bien lo que sienten porque es lo mismo que siento yo, no quiero crecer.

Tengo un recuerdo imborrable en mi vida, es el de una tarde que llegó mi mamá con  el único regalo del Día del Niño, llevaba una balón de baloncesto y con aquella alegría de niña  nos lo dio,   pero primero se puso a rebotarlo en el patio de la casa, corría alrededor del estanque de agua y llegaba hasta el chiquero y de ahí regresaba y topaba en el tapial  adobe y le daba de regreso rebotando la pelota y saltando, y reía a carcajadas, corrí para jugar con ella y por primera vez en mi vida vi a mi mamá convertirse en niña, en una niña viviendo un instante de felicidad desmedida. Agarré una cubeta plástica y le dije que ésa era la canasta y ahí tenía que meter el balón, y corríamos las dos como desquiciadas, sudamos aquella tarde y reímos sin parar. Yo comprendí que el regalo era para ella, porque mi hermana no era de deportes, los cumes estaban en pañales y yo que era de fútbol. Mi mamá había soñado con jugar baloncesto pero mis abuelos no se lo permitieron porque eran demasiadas las responsabilidades de la casa. El pretexto fuimos nosotras pero ese regalo del día del niño era para ella y me alegró tanto que comprara ese balón, es una de las pocas ocasiones en que he sentido una conexión profunda con ella, porque sé de la carencia y de la alegría de practicar La Pasión.

Para cuando adolescentes el segundo y último  regalo que nos dio  y jamás volvimos a ver uno más fue para Navidad, no somos de dar regalos esas bullas no van con nuestro clan, pero en aquella ocasión mi mamá llegó dos días antes de navidad y  sacó de su bolsa dos regalos y le dio uno a mi hermana mayor y otro a mí, en la casa ni para los cumpleaños damos regalos,  lo vemos como poca cosa lo  importante siempre ha sido la convivencia y el tradicional caldo de gallina, los chistes y las historias de cuando nacimos que cuentan los papás y los  abuelos. Empiezan desde que los asoleados eran novios y de cómo se arrejuntaron o se casaron, los que se fueron juídos y de cómo las preñadas  parieron en el pueblo una y en el hospital las otras, escucharlos es una felicidad incomparable porque lo narran con aquel su léxico pueblerino al estilo Zacapa y Jutiapa.  ¡Va pué oh!

Llegó mi mamá con los dos  regalos y sorprendidas los recibimos, eran dos sostenes, uno para cada una, nos dijo que los había comprado en oferta, fueron nuestros primeros sostenes, porque  ya habíamos pasado la edad los nances y estábamos en la de los limones mandarina  y no había modo que usando dos playeras cubrieran los picos de volcán que asomaban, ¡nuestros primeros sostenes! ¡Fui la futbolista más feliz del mundo! Instantes que son imborrables, mi mamá lloraba de felicidad cuando nos los vio puestos, porque ella tuvo sostén hasta  bien pasados los años de la bulla de la adolescencia, el dinero nunca alcanzó para esas insignificancias de pubertad ni del desarrollo.


Por la noche  con los patojos jugábamos arranca cebolla, tenta, policías y ladrones y nos íbamos a dar una vuelta a la colonia aplanando calles, la marita inseparable y nos juntábamos con los huele pega, con los moteros y con que se inyectaban de todo. Si para los de mi cuadra la infancia fue ocre, la de los que vivían en los asentamientos fue oscura y ensombrecida, el eterno acoso de los lotificadores que llegaban con la policía a intentar desalojarlos. Medio construían una galera para reuniones comunitarias y que servía como capilla a donde el padre llegaba a dar misa los domingos, y la policía llegaba y se las volvía leña.

Los querían fuera, y no había cupo en la escuela ni en colegios, Ciudad Peronia se sobre pobló, las marimbitas de niños regados por todos lados, filas por aquí y por allá. Se propagaron quienes recogían basura y la iban a tirar al barranco del mercado, los que rajaban y cargaban leña, los repartidores de gas propano, los que limpiaban el mercado, los que lavaban los autobuses, los que se quedaban a deshoras relatando la dureza de la periferia. Los que se quedaban hasta horas de la madrugada esperando a sus papás que llegaban caminando porque los había dejado el último bus.

Los que madrugaban acompañando a sus papás que vendían jugos  y desayunos en las pasarelas de la capital.
Las que andaban con sus hermanos envueltos en perrajes y colgados de la espalda. Las niñas embarazadas que fueron abusadas por pilotos de autobús en una compra y venta autorizada por sus mamás. Las que eran hijas de trabajadoras sexuales y que corrieron con la misma suerte antes de la edad de la primera sangre.

Las abusadas por sus hermanos, padres y abuelos. Las que fueron abusadas por vecinos o dadas a cambio de una disculpa en afrenta de maras. A las que les pasaron encima las maras completas. La que se entregaron a las maras por amor, las que murieron por amor. Las que se drogaron por amor, desolación y renuncia.

Los hijos de los migrantes indocumentados que ese día recibían un regalo, los hijos de los que se fueron de mojados y nunca más se supo de ellos, los hijos de los que trabajaban en Caminos que veían a sus padres una vez al mes, como yo con el mío que era piloto de cabezal.

Todos nos juntábamos en el baile callejero del día del niño. Las edades eran lo de menos, niños y adolescentes por igual bailando como culebras recién macheteadas. Pasando las botellas de licor de boca en boca, tomando el mismo vaso, arrinconándonos por donde nos agarrara la  fiebre, unos con su bolsa de pegamento en la mano, otros con sus cigarros de tusa y papel, unos recién inyectados o por inyectarse.  El día del niño se rompía una piñata y nos despeltrábamos las rodillas y los codos recogiendo los dulces en la calle.  Era nuestro día y el licor lo invitaban los adolescentes más diestros en el arte de pedir fiado en las dos cantinas de la colonia. Éramos las putas y los drogos. Así nos veían pero éramos más que eso, éramos niños y adolescentes de arrabal, celebrando a nuestra manera y con nuestros propios medios el día del día.  Cuando llegué a  la adolescencia cambiamos muchas cosas, antes del baile callejero organizábamos carreras de encostalados, una cuadrangular de fútbol masculina y femenina, los trofeos los donaban los vendedores del mercado.  Quedaba prohibido llevar armas de fuego y corto punzantes y cualquier pelea se tenía que llevar a cabo a puño limpio y más cuando se trataba de batalles campales, nada de andar destartalando bocinas y mucho menos reventar botellas de cerveza en la cabeza.

Barríamos la calle en la madrugada antes de irnos a trabajar y la pintábamos con cal y colocábamos adornos de nailon.  Era nuestro día del niño organizado por nosotros mismos. Las mamás más emprendedoras se caían con los panes con frijoles y cuando teníamos suerte panes con pollo. Los papás se caían con los dulces y los más charas con las botellas de licor.

Era el día nuestro, de los eternos niños de periferia.  La vida tiene sus recovecos y en la periferia hay que intentar franquearlos, a como se pueda para que el declive no nos robe la única alegría de ser niños a pesar de los pesares;  con mota, huele pega, inyecciones y  licor, para tratar de sobrellevar   la vorágine del olvido y exclusión.  No culpo para nada la infancia y adolescencia que se pudre en las cárceles, la mara es el único refugio cuando la  realidad es infernal y se pierde la noción de los límites, el desamor  y la decepción son abismos profundos.

Quimérico es pensar en que un día la infancia sea un jardín en flor,  pero es la esperanza  la que embellece el verde encendido en el zacatal. Porque un día será.

Con reverencia  a los niños que habitan el inframundo. Qué la jornada les sea leve, qué la vida no les sea injusta.



Ilka Oliva Corado.
Octubre 01 de 2014.
Estados Unidos.