Kajkoj Máximo Ba Tiul[1]
Era un domingo cualquiera. Dos ancianos Maya Poqomchi, que una semana antes habían vendido un toro a un carnicero del municipio. Llegaron al mercado del pueblo a comprar algunas libras de carne, como era costumbre en muchas aldeas y familias de esa época, que, cuando vendían un toro o una vaca, compraban una cierta cantidad de carne para invitar a sus familiares y vecinos a un almuerzo, para compartir la alegría de haber cuidado un animal, durante dos o tres años y agradecer a la tierra, por haberles ayudado a darle de comer, con el alimento que de ella obtuvieron. Esta practica era constante entre los mayas Poqomchi y constituía momentos importantes de la comunalidad como los casamientos, bautizos, etc.
Con el dinero recaudado de este animal, la familia, además de hacer fiesta, guardar un poco, comprar otro animalito, también les servía para comprar sal y jabón, que eran cosas importantes y que no se conseguían en la comunidad, además de comprar otros recursos para la próxima siembra. para la construcción de una vivienda o para comprar el ajuar para la novia por si lo que se acercaba era un casamiento.
Ese domingo, a estos dos ancianos, de quiénes olvido sus nombres, solo sus rostros, su vestimenta y los colores de sus pelos. El señor con muchas canas y la señora con el pelo blanco, blanco, como si fuera maguey recién preparado. Les sale en el camino, otro carnicero, que formaba parte del grupo de comisionados. Uno de los comisionados más genocidas del pueblo. Este, “Les pregunta, sobre los otros animales y que, cuando los iban a vender”. Los ancianos contestaron, que no, porque quien se los compraba era un solo carnicero, además de ser amigo, familiares y que, desde hace muchos y muchos años, desde sus papás, les compraba los animales y nunca les había robado.
Al escucharlos, “este comisionado, que en el pueblo ya se le conocía como ¡malo!”, se fue inmediatamente a la municipalidad del pueblo, en donde estaba un grupo de militares y dirigiéndose al teniente le dice, “que tiene que detener a una pareja de ancianos que ahora van saliendo del mercado y que, entre sus cosas, llevan carne para dárselos a los guerrilleros y que, si no lo hace que los iba a denunciar al comandante de la zona, por ser cómplices de delincuentes”.
El teniente, le responde “vamos pues y muéstremelos quienes son”, se lleva unos soldados y en ese momento, los ancianos iban pasando por el parque, los detienen y les dicen, que los acompañen porque quieren hablar con ellos. Los ancianos, siguieron a los militares y los hicieron entrar a la municipalidad, que también funcionaba como destacamento militar. Les quitaron sus cosas y comienzan las preguntas: ¿Es cierto que Ustedes son guerrilleros y vinieron a traer comida para ellos? ¿De dónde vienen Ustedes? ¿Por qué no nos dicen donde está el campamento de los guerrilleros?
Los ancianos respondieron, nosotros no sabemos quienes son esos guerrilleros que Ustedes dicen. Nunca los hemos visto. Nunca han llegado a nuestra casa. Nosotros venimos aquí, porque acabamos de vender un “animalito” y como es nuestra costumbre, venimos a comprar carne para compartir con nuestros familiares y vecinos. Ese señor; refiriéndose al comisionado, le dice al teniente, nos acusa, porque se enojó, porque no le queremos vender nuestros animales, pero que animales, si no tenemos más para vender.
Entonces el teniente, les pregunta, nuevamente; ¿Y conocen Ustedes al carnicero donde compraron la carne? Ellos respondieron, sí. ¿Y quién es? Los ancianos dieron el nombre del carnicero y de inmediato, mando a un soldado a traer al carnicero. El soldado, corrió y entró al mercando, preguntando por el carnicero. “Un señor también grande. Que llevaba muchos años de estar destazando ganado. El había heredado la carnicería y el trabajo de su padrino, con quien había crecido”. Entonces, entra el soldado a la carnicería y le pregunta; ¿Usted es donde Jacinto[2]? El carnicero responde; si y para que te puedo servir. Mi teniente quiere hablar con Usted, le dice. Y que quiere conmigo. El soldado le responde, es para que testifique sobre dos ancianos que dicen que vinieron a comprar carne con Usted.
Don Jacinto, sale corriendo, encargando la carnicería a su esposa, quien le dice, tené cuidado vos, porque con esta gente no se sabe. El carnicero, seguro de sí mismo, le contesta a su esposa. No te preocupes, no tengo miedo, porque no estoy haciendo nada malo. Ya me imagino de quien se trata, de plano es por ese loco, refiriéndose al otro carnicero y comisionado militar, que está enojado porque los señores no le quisieron vender el animal y desde hace tiempo, me ha insistido que le diga donde viven, para ir a “robarse” los animales.
Entonces se va don Jaciento, acompañado del soldado. Salen del mercado y entran a la municipalidad. Entonces, lo presentan ante el teniente, quien le pregunta. ¿Usted, es donde Jacinto?, si responde el carnicero. ¿Conoce a esta gente?, si, ellos son mis conocidos. Yo los conozco desde que me inicié en este negocio. Es gente buena, humilde y no están metidos en nada. Ni son ladrones y tampoco están en malas juntas. El teniente le responde; ¿Usted se responsabiliza de ellos? El carnicero responde, sí. Yo meto mis manos al fuego por ellos.
Entonces el teniente, da la orden para que los suelten, les entregan sus cosas y el comisionado que los había denunciado, salió enojado e insultando, porque no logró que fueran torturados y asesinados los ancianos. Insultando a don Jacinto, le dice, hasta de lo que podía también morir. Entonces don Jacinto, un hombre sensato, que no con facilidad se enojaba, le dijo: “Mira vos, ya debés de parar estos abusos, porque lo que están haciendo, ya no es perseguir guerrilleros, sino matar gente que nada tiene que ver”. El comisionado le dijo, déjame vos, porque igual sos amigo de los guerrilleros. Ya vas a ver que va a pasar con vos y con tus amigos.
Al otro día, juntó a los otros comisionados, el alcalde le dio a un grupo de policías municipales y decidieron, que la siguiente madrugada, iban a ir a buscar a los ancianos y los iban a asesinar. Y así fue, a los pocos días, los ancianos fueron asesinados, su casa quemada y sus animales robados por los comisionados militares.

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