CARTA A OTTO MACZ
A 72 AÑOS DE SU NACIMIENTO
Kajkoj Máximo Ba Tiul[1]
Otto, me contó tu sobrina Chahim, que hoy cumplirías 72 años. Eso quiere decir que naciste en el 29 de junio de 1954, si es así, entonces, dos días después, que Arbenz renunciara, por presiones del imperialismo gringo y de quienes siempre utilizaron al Estado, para explotarnos, reprimirnos y dejarnos sin tierra a nosotros los pueblos originarios.
Estos mismos criminales, te desaparecieron y te enterraron en el cementerio clandestino que ahora llaman CREOMPAZ, porque pensaron que así nadie te encontraría. Un lugar que hace muchos años era del pueblo Chicoyou, por eso, se llamaba Chicoyoguito. Y creo, que ni sabían estos asesinos que los enterraron cerca del gran cerro Wolok, un lugar sagrado de los Q’eqchi’.
El cerro Wolok, fue testigo de todo el sufrimiento que pasaron. Al fin, la G2 cumplió con su amenaza. Pero, lo que hiciste como agrónomo junto a Otto Ical, no se nos va olvidar. Me acuerdo de tu oficina en Cobán. Un día, estuve sentado ahí en tu oficina, porque creo que me mandaron a traer unas cosas de la cooperativa.
Después de muchos años, tus restos fueron encontrados en ese lugar de pesadilla, pero, están junto a tus papás. Formás parte de ese círculo de ancianos y ancianas, a quienes no solo debemos recordar, sino hacer lo que nos enseñaron. Por ejemplo, de vos, seguir el trabajo que como agrónomo hiciste con las comunidades Poqomchi y Q’eqchi’, en las aldeas de Aquil, Baleu, Santa Elena, El Cedral, impulsando lo que ahora llaman “agroecología”, si a alguien le debemos que aún existan semillas nativas, es a Ustedes. Ustedes estaban, creando un proyecto para mejorar el cultivo del café y el maíz para las comunidades Poqomchi, con apoyo de la Cooperativa de San Cristóbal R.L, que heroicamente dirigía don Poli.
Como sabrás, la situación no ha cambiado en nada. El país, sigue sin rumbo. No hemos encontrado el camino para cambiarlo. De seguro, que si a Ustedes, los hubieran dejado vivir, ya fuera distinto y eso es lo que querían evitar los chakales de la noche, pero nosotros seguimos necios, para que cambie todo.
Pero bueno, como dice la canción; “hay que seguir andando”. No podemos detenernos, porque si lo hacemos, los criminales avanzan más. Y eso, es lo que buscan, que no hagamos nada, para obstaculizar sus ambiciones
Bueno Otto, gracias por tu entrega y compromiso a la liberación de los pueblos Poqomchi’ y Q’eqchi. Que lo que nos enseñaste sea siempre ese ocote que nos muestre el camino, como lo que encendían los ancianos y las ancianas de nuestro territorio, cuando iban a un mayejaq, tyolek o watensink. Que sea como la luz de la candela del arrayan y el aroma del pom.
También abrazo desde aquí a tu familia, a tu hermana Marta y familia, por ese incansable caminar, para seguir hablando de vos, para que no se nos borre tus pasos.
Hasta siempre Otto.

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