viernes, 21 de agosto de 2026

ARENAS: FALSO PERIODISTA, PÉSIMO HÉROE

Edgar Rosales | Política y sociedad / DEMOCRACIA VERTEBRAL

La rocambolesca denuncia de Rodrigo Arenas, director de República, acerca de la existencia de un plan para asesinarlo como represalia por la publicación de una serie de reportajes relacionados con la existencia de mafias políticas locales supuestamente vinculadas con el narcotráfico, sin duda ha cumplido su perverso propósito: colocarse ante la opinión pública poco informada, como un potencial mártir de la pluma.

En el caso particular y con base en mi condición de periodista curtido hasta la médula, el circo mediático así montado, de inmediato me sonó a farsa y para colmo de Arenas, muy mal montada. Y es que se trata de una declaración que no solo insulta la inteligencia sino al desmontar el fondo de la denuncia, el argumento de la heroica persecución se hunde en el pantano de la falsedad.

Por supuesto, no pretendo negar que no exista un oscuro maridaje entre políticos corruptos y alfiles del crimen organizado. De ninguna manera. Empero, en este caso no hubo revelación heroica. Las publicaciones del pasquín mencionado, fueron apenas un simple refrito de datos que InSight Crimeya había investigado y publicado, con auténtico rigor periodístico. 

Es decir, Arenas y su libelo no descubrieron nada nuevo ni emprendieron una profunda y arriesgada investigación que respaldara lo publicado, como sí lo haría un auténtico periodista. Nunca hubo un audaz trabajo encubierto ni se presentaron revelaciones inéditas. Atribuirse un riesgo mortal por reciclar datos que ya eran del dominio público, luce más como un delirio enfermizo de grandeza que un peligro real, derivado del ejercicio periodístico.

Y es que esto nos lleva a otro punto: Arenas y su equipo cercano de banderizos, jamás han ejercido el periodismo. Carecen de la formación académica necesaria y de la catadura moral para desarrollar una labor tan importante. Decididamente: se trata de un grupo de activistas políticos que se cobijan bajo la sombrilla de la libertad de expresión para sembrar incertidumbre conspiranoica.

Este montaje, además, no ocurre en el vacío. Quienes tenemos memoria histórica no podemos olvidar que Arenas arrastra consigo un tenebroso historial, marcado por señalamientos de financiamiento electoral ilícito y opacidad financiera. Además, están frescas sus andanzas en los círculos de poder gringo, según investigaciones de The Washington Post.

Este seudoperiodista contrató, bajo el registro FARA, a la firma de cabildeo norteamericana Corcoran Partners al costo de la exorbitante suma de 420 mil dólares para influir en la política exterior hacia Guatemala. Estos onerosos lobbies, sirvieron para impulsar candidaturas nefastas como la de Roberto Molina Barreto en la Corte de Constitucionalidad y terminaron por desgastar la poca credibilidad internacional de Arenas, al grado que el Subcomité para el Hemisferio Occidental de Estados Unidos. lo tachó de su lista de testigos en audiencias oficiales.

La cuestión obligada, entonces, se dirige hacia un punto: ¿Qué busca, entonces, el director de República con este libreto? La respuesta apunta con claridad hacia Washington D.C., donde ha intentado desesperadamente limpiar su imagen tras haber sido relegado al ostracismo. 

Con esta perspectiva, los reportajes prefabricados adquieren una función puramente utilitaria: son realmente una carta de presentación cosmética ante las agencias gringas. Y al escenificar una supuesta amenaza de muerte por parte de mafias locales, Arenas intenta refundar su maltrecha imagen, utilizando al periodismo para retomar su verdadero rol de operador político, ahora bajo el disfraz de supuesto «enemigo frontal del narcotráfico». ¡Todo parecía bien calculado!

Ahora bien, esta situación ha escalado a niveles imprevisibles y peligrosos, pero a la vez abre una poderosa oportunidad para la institucionalidad. Es ahora cuando el jefe del Ministerio Público debe demostrar de qué está hecho. Y es que, si las denuncias de InSight Crime son ciertas, es el momento de limpiar el panorama político controlado por las mafias.

Y al mismo tiempo, es menester investigar la denuncia del supuesto plan para atentar contra Arenas: de ser cierta, la fiscalía tiene la ocasión de ganar abundante credibilidad al garantizar su vida. Y, de ser falsa ─como supongo─ también debe proceder contra el aprendiz de víctima y deducir las responsabilidades por el delito de acusaciones y denuncias falsas, lo cual marcaría un hito importante en la lucha contra la impunidad.

Por antonomasia, el periodismo de investigación ha sido una misión de alto riesgo en Guatemala, donde impera una realidad trágica que ha cobrado vidas, exilios y libertades de comunicadores genuinos, que han enfrentado a cualquier poder sin subterfugios ni agendas ocultas. Utilizar la narrativa de vulnerabilidad como una burda estrategia de posicionamiento personal y lavado de imagen, sería un acto de mezquindad intolerable, que merece total repudio. 

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