domingo, 5 de octubre de 2014

Sembrando para la acción. Mujeres y hombres de los diferentes pueblos de Guatemala


Han transcurrido 30 años de vivir bajo un débil e incompleto régimen democrático. Este sistema político generó grandes expectativas en todos los habitantes, que se pueden resumir en la idea de eliminar las exclusiones y los privilegios, idea que fue refrendada luego con la firma de los Acuerdos de Paz. Sin embargo, el Estado democrático que supone el ejercicio de la soberanía popular y mayoritaria no se ha logrado construir en Guatemala. Lo que se alcanzó es un Estado que ignora a las mayorías, sujeto al control de elites o minorías económicas o corporativas, y que está inmerso en una espiral de deterioro ante la corrupción y la incapacidad para gobernar.

Es cierto que hemos dejado atrás las cruentas dictaduras militares y su cauda trágica de irreparables pérdidas humanas, pero hoy, frente a nosotros, fuerzas regresivas se han ido fortaleciendo y somos testigos de la falta de dirección y del rumbo incierto de los tres poderes del Estado guatemalteco. Frente a nuestros ojos pareciera estarse desvaneciendo la posibilidad del cambio social. Ello genera un pesimismo y una desesperanza que paraliza. Pero esto no puede seguir así. Queremos que nuestro país salga de este caos.

La democracia guatemalteca se desfigura con el retorno de rasgos autoritarios que amenazan la legitimidad del proceso electoral, como lo representa la grave violación de la Ley Electoral resultante de la campaña electoral anticipada, y que tuvo su máximo agravio por parte del partido oficial al anunciar a su candidato presidencial. La política partidista no evoluciona hacia formas que fortalezcan la democratización, y adopta formas populistas y demagógicas faltas de propuestas sustanciales, que se prestan a manipular a la población desinformada. Los partidos políticos se han prestado a ser el vehículo para deteriorar la ya débil institucionalidad del Estado, dependiendo claramente de financiamientos oscuros u opacos, debilitadores del sistema político crecientemente en lo local, y tradicionalmente en lo nacional.

La debilidad estatal es mayor ante el aumento del desorden en la gestión del Ejecutivo, y se materializa en el desgobierno y el aumento de la ilegalidad en los asuntos públicos más comunes. También es evidente la resistencia de grupos privilegiados para impedir que el Estado obtenga los recursos necesarios para cumplir una mínima agenda nacional que erradique la vergonzosa inequidad y la pobreza extrema que nos ata más a la colonia que a la democracia. No olvidemos que los recursos más importantes, pero además el acceso al poder, están fuertemente concentrados en pocas manos. La sociedad no está suficientemente organizada y las grandes mayorías están excluidas de la toma de decisiones en provecho de mejorar su calidad de vida. Los privilegios, a los que se suman los altos niveles de evasión y elusión de impuestos, aunados a la corrupción y la puesta en marcha de políticas públicas poco efectivas para impulsar el desarrollo económico y social, están hipotecando cada vez más el futuro de todos.

El uso de métodos represivos para frenar demandas colectivas por deudas sociales históricas refuerza lo anterior. El Estado ha allanado el camino a inversiones ampliamente cuestionadas por el daño ambiental que producen, y que se planifican y ejecutan sin consultar a las comunidades donde se llevan a cabo estos proyectos. Nos golpea una imparable violencia social y política dirigida contra quienes defienden los derechos humanos y se manifiestan abiertamente; a veces velada y en ocasiones abierta, muchas veces fraguada con el acuerdo de sectores del Gobierno que privilegian intereses particulares sobre el interés público. Esto permite que entren en escena miembros del mundo civil y militar que favorecen el ejercicio violento del poder para mantenerse en él.

La persistencia de grandes rezagos sociales y económicos, a costa del bienestar de la mayoría de la población, es parte de este panorama. ¡Casi un millón de niños y adolescentes no están inscritos en el sistema educativo, que además de baja cobertura ofrece mala calidad y poca pertinencia cultural! El trabajo infantil se incrementa cada año, y uno de cada dos niños guatemaltecos padece desnutrición crónica. Con un primer nivel de atención de la salud con capacidad para atender a la población que Guatemala tenía en 1950, el acceso a la salud es posible solo para algunos, en las cabeceras departamentales. Accidentes graves y enfermedades crónicas o degenerativas se pueden atender solo en la capital. En Guatemala mueren más mujeres por razones del embarazo que en cualquier país de América Latina, y cuatro de cada diez han sido víctimas de algún tipo de violencia por parte de sus parejas. Los jóvenes son víctimas de una de las tasas de homicidio más altas del mundo.

Mientras uno de cada dos guatemaltecos vive en condiciones de pobreza, siete de cada diez trabajadores laboran en el sector informal, sin prestaciones ni contratos. La matriz productiva ha cambiado paulatinamente pero aún hay condiciones coloniales que sostienen a la economía, y la mayoría de indígenas vive en condiciones de pobreza y pobreza extrema. La mayoría de mujeres, niños, ancianos y hombres indígenas cargan con las desigualdades que les impone el racismo estructural, la discriminación étnica y de género. Ante ese panorama, no extraña que la principal exportación del país sea la mano de obra de personas que arriesgan sus vidas por conseguir mejores oportunidades en el norte. Uno de cada diez guatemaltecos ha salido del país. Las causas de estas salidas son la pobreza, la violencia creciente y la oferta de un mundo interconectado que muestra un sistema económico global que les está vedado a los pobres.

A la inoperancia del poder Ejecutivo para enfrentar estos problemas hay que agregar la del poder Legislativo. El Congreso hoy combina incapacidad técnica y política, junto con la ausencia de principios ideológicos y éticos. Este espacio, tan necesario en las democracias para debatir, defender y construir ideas, se ha convertido en una instancia para defender negocios y empresas privadas y para buscar cargos públicos. La corrupción en este Organismo se manifiesta en la aprobación de leyes que promueven los intereses de elites y que se diseñan y negocian a la medida del mejor postor. Refleja la absoluta incapacidad en legislar a favor de la mayoría de la población. El Congreso no cumple su función de representar al pueblo.

A ello se suma un sistema judicial y de fiscalización amenazado por un proceso de selección de jueces que se ha vuelto rehén de las elites económicas tradicionales y emergentes y de las camarillas políticas, todos con la ambición de garantizarse tanto privilegios especiales como la impunidad. Esta realidad está muy distante del principio de independencia judicial y de criterios que respeten y legitimen la carrera judicial. A pesar de contar con algunos avances desde hace algunas décadas, el Organismo Judicial queda aún lejano de la gente, y es incapaz de articularse con otros conocimientos consuetudinarios o no occidentales para impartir la justicia.

Ante la erosión de las instituciones ejecutivas, legislativas y judiciales la Corte de Constitucionalidad ha invadido espacios legales que corresponden a otras jurisdicciones del sistema y, al judicializar las decisiones políticas, ha favorecido la confrontación al cerrar la posibilidad de encontrar soluciones intermedias basadas en procesos de negociación. Es un pequeño grupo de personas que ostenta un poder superior al de las propias leyes que tienen como mandato garantizar. Responde a una visión de Estado al servicio de las elites, y no al Estado democrático que los guatemaltecos creímos fundar luego del cruento conflicto armado interno que cobró ya demasiadas víctimas y dejó múltiples heridas en el tejido social y político.

Un Estado que responda a la Mayoría Alternativa
A pesar del actual descalabro, aún contamos con grupos humanos con ética y principios morales que impulsan acciones para la cimentación de un Estado democrático, republicano y plural. Los pueblos y sus organizaciones sociales, los movimientos populares y comunitarios que con gran desventaja y sometidos a una permanente represión y criminalización hoy defienden sus derechos, son parte orgánica del caudal de dignidad con el que Guatemala aún cuenta.

Este es un país de gente vibrante. Mujeres y hombres, jóvenes y adultos, ancianos; campesinos, profesionales, pequeños productores, comerciantes, empresarios, artesanos y un sinfín de trabajadores del sector formal e informal también se encuentran cansados de la debacle del país y son potencialmente una fuerza transformadora. Todos ellos son parte de la Mayoría Alternativa. Alternativa al poder tradicional. Es una mayoría que aglutina a hombres y mujeres de todas las edades, de distintas procedencias, que han sufrido exclusión de uno y otro tipo, o que la comprenden y la quieren eliminar.

¡Otra Guatemala es posible! La Mayoría Alternativa constituye una gran fuerza potenciadora de un cambio radical para nuestras sociedades, para la transformación del Estado hacia uno democrático y plural, que ponga a las personas –y al combate a sus principales preocupaciones– por encima de intereses económicos. Debe estar sujeto al imperio del derecho pero sin que este sirva para justificar un régimen legal que proteja los intereses de las elites que han saqueado al país.

Es posible construir un Estado democrático con equidad, al tiempo en que se transforma la producción y se fortalece lo público como garantía del desarrollo y de la universalidad de los derechos. Un Estado que asegure el ejercicio de la soberanía popular como contrapeso a la capacidad de veto a las elites económicas tradicionales o emergentes asociadas a la corrupción o al crimen organizado. Un Estado donde todos puedan ejercer una verdadera ciudadanía política y social.

Necesitamos que el Estado democrático sea también plural, que a la vez reconozca la diversidad inherente a nuestra historia, pueblos y territorios, y que comprenda lo que implica respetar los derechos colectivos de los pueblos indígenas. En el Estado plural, los pueblos indígenas deben estar representados junto a los pueblos ladinos y mestizos. Debiera también asegurarse el pluralismo jurídico, que refleje la multiculturalidad, el derecho consuetudinario, la propiedad colectiva y asegure la educación bilingüe.

Este esfuerzo requiere de convergencias en torno a problemas puntales y locales, pero su fuerza debe potenciarse también en convergencias mayores a nivel nacional. Insistimos en que las organizaciones sociales y comunitarias son el origen del cambio que los partidos políticos no han sido capaces de impulsar a pesar la millonaria inversión en reformas y actualización que han recibido desde la firma de los Acuerdos de Paz.

No estamos proclamando la enemistad de lo social con lo político. Solo señalamos la fuerza irreversible que tendría la unidad de las organizaciones sociales y de otros grupos que se quieran sumar. Para esto, es básico que converjan las propuestas que se articulen en lo local y sectorial; solo así se podrá tener una incidencia nacional y convertirse en un movimiento político capaz de aliarse con nuevos partidos políticos e impulsar una refundación del Estado guatemalteco.

Como Semilla somos parte responsable de una mayoría democrática que surge
Advertimos que los grupos sociales que forman esta sociedad estamos hartos de tanto engaño oficial, tanta incapacidad funcionaria y de los excesos de corrupción pública por todos lados. Estamos en los límites de la tolerancia de un régimen que naufraga; el descontento aún no toma forma porque para ello es preciso organizarse. Hay que continuar organizándose en todos los sitios donde haya descontento El análisis que nos hace actuar se apoya en la realidad de un régimen político que se frustra cotidianamente, con problemas e incapacidades que tienen muchos años. De pronto, pareciera no haber solución y pareciera solo quedar la queja. Pero no es así. Como mujeres y hombres que reflejamos la heterogeneidad nacional sabemos que este régimen, como los que lo precedieron, es frágil en la medida que como oposición nos organicemos y nos unamos.

Como un grupo plural buscamos sumar nuestros esfuerzos a los que se realizan en otras partes, para ir estableciendo las bases de una Mayoría Alternativa en donde haya espacio para todos los sectores democráticos que de buena fe y sin esperar retribución alguna luchamos por una agenda de cambios dirigida a lograr un progreso real sin exclusiones. Llamamos a todos a organizarse, que haya iniciativas por todos lados, que se multipliquen las organizaciones. Existen numerosas voluntades y expresiones agrupándose por mejorar y cambiar nuestras vidas, nuestro futuro y el de nuestras hijas e hijos. Somos parte de esa mayoría, aún no evidente pero cada vez más vibrante e inquieta.

En el Grupo Semilla nos convoca el sueño, la convicción y la obligación de contribuir a la creación de una fuerza social que equilibre y se incline por la expresión democrática que privilegie a las mayorías sobre el poder de las minorías. Por ello hacemos un llamado a otras fuerzas que con objetivos similares se han reunido ya, para abonar a la refundación del Estado, para cambiar radicalmente los pactos sobre los que estará fundada nuestra democracia.

Para que articulemos nuestras voces y nos apoyemos en la fuerza colectiva de nuestros ideales, empecemos a caminar. Esta es una proclama que denuncia para actuar: una alegría recorre nuestro ánimo y la convicción de que juntos lo haremos mejor, mujeres y hombres, ladinos e indígenas, trabajadores, profesionales, campesinos, empresarios y estudiantes. Estamos asumiendo un compromiso de tan largo plazo como sea necesario.

 A pesar de la aguda crisis nacional asumimos este momento propositivamente y con optimismo, y si bien pareciera que estamos arrinconados en un callejón, estamos convencidos de que este tiene salida. Apostamos a la lucha por construir la democracia alrededor de la unidad de los diversos sectores sociales. Apostamos al estudio serio que utilizaremos como instrumento para transformar nuestro país y ponerlo al servicio del bien común. Hay mucho por hacer, y hemos empezado.

Guatemala, 30 de septiembre de 2014

Grupo Semilla:
Bernardo Arévalo de León
Alejandro Balsells Conde
Verónica Barillas
Elena Díez
Julio Donis
Juan Alberto Fuentes Knight
Anabella Giracca
Carlos Mendoza
Jonathan Menkos
Javier Monterroso Castillo
Ricardo Sáenz de Tejada
Karin Slowing Umaña
Gerson Sotomayor
Edelberto Torres-Rivas
Fernando Valdez
Irma Velásquez N.

sábado, 4 de octubre de 2014

Guatemala: ¿Por qué nos masacraron el cuatro de octubre de 2012?



Publicado por 
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Gladys Tzul Tzul[1]

A la memoria de nuestros muertos del 4 de octubre en Chuimeq’ena’ y del 20 de septiembre en San Juan Sacatepéquez.
Porque con ustedes viviremos.
¿Por qué? Si es sabido popularmente que cuando las comunidades de Chuimeq’ena’ (Totonicapán) se manifiestan nunca lo hacen armadas. ¿Por qué disparar más de 108 casquillos y lanzar más 90 bombas lacrimógenas a mujeres, hombres y niños que estaban almorzando?. ¿Por qué insisten en usar su razón genocida contra las sociedades indígenas? Si nuestras luchas comunitarias siempre ha sido por la defensa de la vida y nunca por la violencia.
Nos masacran a pesar de que saben que nuestro trabajo, el de nuestros padres y madres sostiene en gran parte la economía de la sociedad guatemalteca. Nos masacran aún sabiendo que del k’ax k’ol que realizamos en Totonicapán para trabajar y mantener la montaña comunal, se nutren varias cuencas que producen agua que los perpetradores de las masacres y sus familias beben diariamente.
¿Por qué? Si el ejército y la policía no tiene que actuar combinadamente contra los bloqueos y las manifestaciones. ¿Por qué el gobierno y las elites económicas le dan tan poco valor a la vida y hacen de la muerte su forma para despojar y de gobernar?
Las interrogantes anteriores dan contenido a las luchas de las comunidades de Totonicapán a dos años después de la masacre del 4 de octubre, pero estas pregunta no son exclusivas de Chuimeq’ena’, son también útiles para pensar lo que está ocurriendo en San Juan Sacatepéquez y en otros lugares que luchan por la dignidad de la vida y contra los proyectos extractivos.
Las interrogantes interpelan a los que planean y ejecutan las masacres y a quienes estarían encargados de establecer procesos de investigación para promover justicia. Como sabemos que ellos hacen caso omiso a nuestros cuestionamientos, propongo que por el momento, entre todas y todos nos respondamos. Yo intento construir una respuesta, y ésta puede ser alimentada por quienes luchan por la defensa soberana de los territorios indígenas.
Nos masacraron el 4 de octubre del 2012 porque el levantamiento de los 48 cantones de Chuimeq’ena’ contenía las luchas políticas indígenas contra el agravio, el despojo y el tutelaje. Si bien es cierto que éste levantamiento se estructuró desde demandas comunales indígenas y estaba protagonizado centralmente por las 48 comunidades de Totonicapán, los objetivos no se circunscribía exclusivamente al interés de las comunidades.
Lo que Totonicapán planteaba el 4 de octubre del 2012 tenían como espíritu una negativa profunda contra las formas de dominación y explotación que el Estado, mediante el gobierno ejerce sobre las sociedades indígenas y también sobre las no indígenas.
La protesta entrelazaba varios intereses, de tal forma que protestar contra la reforma constitucional, contra el aumento del kilovatio de la energía eléctrica y contra la reforma a la carrera magisterial podía producir un efecto expansivo y de hermanamiento con varias luchas que se libraban –y se libran- hoy día en Guatemala.
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¿Por qué no estamos de acuerdo con la reforma constitucional que modifica los artículos 1 y 66? Porque éstos han servido como telón de fondo  para luchar y defender las soberanía territorial de las sociedades indígenas. La conexión entre el artículo 1 y 66 deja claro que su espíritu es declarar al Estado-nación para que funcione como ente universal donde las sociedades indígenas aparezcan solamente como elementos -casi folklóricos- que forman la nación. Esto atentamente contra lo que realmente somos los pueblos indígenas, es decir sociedades que organizan su vida cotidiana en tierras comunales. De ahí es donde se producen el agua, la leña, la comida para los animales, los caminos, los cementerios, entre varios más. Los pueblos indígenas también han estructurado sistemas de gobierno para resistir y responder a la dominación, es desde estos sistemas de gobierno o juntas directivas de alcaldes comunales desde donde se pacta y se ordena los medios concretos para la vida.
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Poner un freno a las abusivas maneras de aumentar el costo del kilovatio de la energía eléctrica y exigir que nos informaran cuál era la causa de los desmedidos aumentos tenía mucha fuerza. Porque esto representa un golpe a la economía familia de la gran mayoría de las sociedad guatemalteca.
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Decir: no queremos que nuestras hijas e hijos estudien más años la carrera de magisterio. Decir: no queremos la reforma a la carrera magisterial. Porque para muchos jóvenes –como fue mi caso- ser maestra constituye un lugar de movilidad social. (marginal, pero al fin y al cabo de movilidad) Lo mismos sucede con una considerable parte de las sociedades mestizas, donde las carreras normalistas representaban la posibilidad de ingresar al mundo laboral.
Así pues, el levantamiento del 4 de octubre apuntaba contra la estructura estatal de dominación y tutelaje que el Estado quiere mantener contras los pueblos indígenas, cuestionaba profundamente la propuesta educativa y decía no queremos que el costo de la vida siga aumentando. ¿Queremos saber por qué?.
Esas tres causas tenía toda la potencia para expandirse nacionalmente. Por eso nos masacraron. No digo de ninguna forma que Totonicapán sea el centro de la lucha. Al contrario yo creo que las luchas son plurales y cobran las formas y las intensidades de manera diferente, porque estas se encuentran ancladas un territorio concreto y porque en Totonicapán nos hemos nutridos de las luchas ixiles, k’anjobales, kaqchikeles, mames, solo por nombrar algunas.
Cuando el ejercitó masacro a Rafael Batz  y Santos Nicolás Menchú, de Pasajoc; Jesús Baltazar Caxaj Puac, Francisco Ordoñez, José Eusebio Puac Ordoñez, del cantón Chipuac; y Arturo Félix Sapón Yax, de Panquix. No sólo masacro a seis personas. Nos masacró a las 48 comunidades de Totonicapán porque sus nombres, sus vidas y sus muertes tienen una intima conexión con las luchas contra los tributos coloniales de las que fueron protagonistas Atanasio Tzul. Felipa Tzoc y Lucas Akiral en 1820. Sus nombres, su vida y su muerte son parte de nuestra historia política que Atanasio Tzul, Felipa Tzoc y Lucas Akiral.
Ante la matanza, las 48 comunidades respondieron con solidaridad, con pancartas de denuncia, con flores, con azúcar, con velas, con arte. Respondimos   con el K’astajimen, con el despertar, por que aún en medio de la muerte y el dolor las sociedades indígenas siempre tuvieron la capacidad de organizar  lo bello.



[1] K’iche’ de Chuimeq’ena’. Comunidad de Estudios Mayas. Doctoranda en sociología por la ICSYH de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, adscrita al área de investigación: entramados comunitarios y formas de lo político. Su tesis doctoral se denomina: Comunidad Indígena: Una genealogía de los sistemas de gobierno en Chuimeq’ena’. Actualmente, vive en el Ecuador,   donde realiza una estancia doctoral sobre los levantamientos indígenas de la década de los 90, desde el Centro de Investigación de Movimientos   Sociales del Ecuador. –CEDIME- y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Sede Ecuador.

Guatemala: Recuerdan a víctimas de enfrentamiento en Cumbre de Alaska

Con una misa y una caminata hacia la Cumbre de Alaska se conmemoró este sábado el segundo año de la tragedia ocurrida el 4 de octubre de 2012, durante una protesta promovida por la directiva de los 48 cantones de Totonicapán, en la cual murieron seis personas y unas 40 resultaron heridas.



SANTA CATARINA IXTAHUACÁN -Las actividades empezaron a las 7 horas con un misa oficiada en la parroquia Nueva San Catarina Ixtahuacán, Sololá, en la cual se recordó    a los seis víctimas mortales y las heridos en el enfrentamiento.
Después del acto religioso, miembros de varias organizaciones indígenas participaron en la ceremonia realizada en el monumento a los mártires en el kilómetro 170, en la Cumbre de Alaska.
Entre las organizaciones participantes se hallan el  Consejo de Pueblos Mayas de Occidente (CPO), k'ich, de  San Marcos; Alcaldías indígenas del Occidente de Guatemala, Alcaldías de las cuatro zonas urbanas y Tierra Blanca de Totonicapán, así como colectivos de jóvenes, las  viudas  de las víctimas  y algunos de los  heridos, quienes recordaron lo acontecido durante  la manifestación.  
Autoridades comunitarias recordaron la tragedia, la cual, dijeron, no se debe olvidar por el abuso de fuerza que mostraron miembros del Ejército con la cual pretendían dispersar a los manifestantes.
Andrea Ixchiu, defensora de Derechos Humanos, recordó que las víctimas mortales fueron Rafael Nicolás Batz Menchú y Santos Nicolás Hernandez Menchú, de Pasajoc; Jesús Baltazar Caxaj Puac, José Francisco Puac Ordóñez, José Eusebio Puac, del cantón Chipuac, y Arturo Félix Sapón Yax, de Panquix.
POR ÉDGAR DOMíNGUEZ / Sololá

Guatemala: Piden enjuiciar a exmilitares por caso de esclavitud sexual


El Ministerio Público solicitó la apertura a juicio contra el ex coronel Esteelmer Reyes Girón y el ex comisionado militar Heriberto Valdez Asij, acusados por considerárseles responsables de violencia y esclavitud sexual contra al menos 15 mujeres. Además los dos exmilitares son vinculados en los asesinatos y desapariciones forzadas ocurridas entre 1982 y 1983, durante el gobierno de Efraín Ríos Montt.
http://youtu.be/DC4qciCDH3w
POR CLAUDIA PALACIOS
cpalacios@lahora.com.gt
El juzgado Primero B de Mayor Riesgo inició la audiencia donde se decidirá si se abrirá juicio en contra de dos exmilitares señalados de cometer abusos en contra de la población civil durante el Conflicto Armado Interno.
Las investigaciones realizadas por Ministerio Público (MP) revelan que Esteelmer Reyes, ex oficial del ejército y Heriberto Valdez, ex comisionado militar cometieron vejámenes contra la población de Izabal durante su servicio.
La representante de la fiscalía explicó al juzgado B de Mayor Riesgo que estas dos personas abusaron sexualmente de 15 mujeres y cometieron el asesinato de 18 personas en un operativo militar realizado en agosto de 1982.
Según la imputación de la fiscalía de DD. HH. los soldados se aprovecharon de su poder para esclavizar a las mujeres obligándolas a cocinarles y lavarles la ropa con jabón que ellas mismas compraban. Además, en repetidas ocasiones las mujeres testificaron haber sido violadas.
El relato de la investigadora indica que por alrededor de 6 años los militares mantuvieron a las víctimas viviendo junto a sus hijos en casas hechas de cartones y nylon. Sus esposos habrían sido asesinados o desparecidos.
Los sindicados son señalados de haber incurrido en los delitos de deberes contra la humanidad, desaparición forzada y asesinato.
Este último ilícito fue señalado contra Reyes Girón, porque según las pesquisas el 24 noviembre de 1982, él ordeno la ejecución de una mujer con sus dos hijas menores de edad, de lo cual se obtuvo evidencia en base a una exhumación que se hizo de los cuerpos encontrados en Sepur Zarco.
Como principal evidencia se tienen los testimonios que las víctimas  brindaron entre el 24 y 28 de septiembre del 2012 como anticipo de prueba.
Frente a estos hechos, el Ministerio Público pidió al juez titular del órgano jurisdiccional, Miguel Ángel Gálvez que se abra juicio contra los dos exmilitares, argumentando que se cuenta con las evidencias suficientes para justificar la acusación. Por la tarde la defensa de los señalados brindará sus argumentos al juzgado.