martes, 31 de agosto de 2010

El albañil

El albañil

Fui su ayudante, era mi padre.

Miguel Ángel Albizures

Las calles de los barrios de La Ermita, Candelaria y La Parroquia saben de su deambular diario, yendo y viniendo de una zona a otra, con su maletín cargado de instrumentos de trabajo y alguna pala o azadón al

hombro, de traje pobre, pero siempre limpio, casi impecable. No parecía albañil pero lo era y al llegar a la casa en construcción se transformaba como todos y empezaba a echar medidas para hacer los cimientos, a fundir las columnas, a colocar ladrillos o block o bien a repellar y cernir cuando el momento llegaba.

Después de 93 años de vida y de haber construido infinidad de casas en barrios populares, en zonas residenciales o en fincas como Los Cerritos allá por Taxisco con el agua a la cintura y un enjambre de mosquitos persiguiéndole, jamás logró construir su propia casa o cuartucho, ni gozar de los beneficios del IGSS o la jubilación por sus servicios prestados a tanto propietario, incluyendo a quienes se han sentido dueños del Palacio Nacional en donde se reventó el lomo a cambio de una miseria y unos cuantos latigazos y arrestos no merecidos. Eran crueles me dijo un día, y lo entendí en toda la dimensión de la palabra crueldad.

Como buen albañil aprendió los números, a leer y medio escribir y ello le sirvió más que a un profesional. Si no había plano echaba medidas y si había lo leía y sabía en dónde hacer los trazos y tirar los hilos, poner a nivel y a plomo columnas y paredes y fundir las terrazas, todo al gusto del cliente que siempre regateaba su trabajo. Cuando tenía 80 años lo vi ir y venir para construir mi casa que ya no es mi casa y subir y bajar escaleras como en sus mejores tiempos. Hace poco me preguntó, ¿y cómo están las flores?, ¿hace frío allá? Y le mentí porque ya no estoy allá y no sé si las flores también se marchitaron. No se le puede dar un golpe a un viejo que está por marcharse dejando atrás lo construido con sus propias manos.

Sé que casas construyó y de que patronos tenía gratos recuerdos, y de quienes se llevó heridas en el alma. Y lo sé, porque fui su ayudante y porque ese albañil, era mi padre. Murió el domingo, lo enterramos ayer recordando que labró la tierra como buen palenciano, y su martillo y el serrucho, la piocha, la cuchara, el azadón, la pala, su nivel y su plomo, instrumentos que le sirvieron para saciar, en aquel tiempo nuestra hambre y para construir las casas de otros. Gracias padre por lo que hizo de mí, por todo lo que nos dio y disculpe usted que nunca tuve para construirle su propia casa. Pero usted puede estar seguro que no renunciaré a mis principios que son principios y valores que me inculcó junto aquella vieja que ahora le espera sonriente.
Fuente: elperiodico.com.gt

5 comentarios :

  1. Mis sentidas condolencias para Miguel Ángel y Arturo. Compañeros que como su padre "construyen" desde sus trincheras, un mejor futuro para nuestra Guatebuena.
    Mi abrazo solidario
    Ximena Morales
    Prohibido Olvidar

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  2. solidaridad en estos momentos para los compañeros, yo conoci a Don Alejo, alla en la zona 1 haca ya mas de 25 años cuando era yo solo un niño.....

    Jorge Gomez

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  3. Queridos compitas.Su Pdre don Alejo.Dejo una gran erencia ,Dejo una gran parte de los mejores Hijos y Hijas de Guatemala y esa erencia son todos ustedes!Mi abrazo solidario y mi compromiso a ser parte de ese sueño que tubo el padre de ustedes construir una Guatemala donde todas y todos quepamos.HLVS.Mario

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  4. Que lindas palabras tio, me ha sacado las lagrimas imaginar en unas lineas la vida tan plena que vivio ese gran hombre que con esfuerzo construyo un futuro para sus hijos y que en nuestros corazones dejará impreso su legado de principios! Un abrazo tio y que Dios nos permita encontrarnos con el allá en el cielo. Giovanni Pérez.

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  5. Buenas noches, que buenos recuerdos de "papalejo", viejito bailarin y enamorado (con todo respeto) que nos llenó de historias de su juventud que no olvidaremos, Dios lo tenga en su Gloria junto a la abuelita Celia a quien no conocí pero de quien tanto me platicó mi abuelito. Miguel Rosales

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