lunes, 24 de agosto de 2015

Voto (in)útil o voto histórico Escoger entre Farolito, Chiltepito o la Chilindrina.

HELMER VELÁSQUEZ
Los tiempos electorales, siempre han tenido un efecto extraño entre los seres humanos, incluso entre zurdos de vieja data, que repentinamente se ven impelidos a aliarse a fracción alguna de la derecha, con tal de salvar la democracia o con cualquier otra excusa creíble, a su juicio, aunque inconcebible desde la perspectiva del pueblo. Esta elección –particularmente aviesa– no está fuera de aquello. El voto pragmático, que exigen demócratas sin contacto con el pueblo, reclama –desde su olimpo– votar con y por azucareros, aquellos que con apoyo de un tal Menocal –dicho por Carlos Whitman– desalojaron cientos de familias q’eqchi’ de los llanos del Polochic, asesinando en el asalto a Antonio Beb Ac y posteriormente de forma “misteriosa” a Margarita Chub Che.

Esta vez no se trata de votar por la menos peor, como ha sido la dinámica del voto contestatario en los últimos eventos electorales: por eso estamos como estamos. La confluencia popular, social y democrática, está desafiando las urnas. Reclama dignidad, soberanía, ética política y escoge la calle para expresarse, se moviliza, no le preocupa en demasía el voto y el resultado electoral está resuelto a escribir historia… las urnas vendrán después. Aquí no tienen cabida los candidatos chistoretes –hombres o mujeres–, ni el pragmatismo oportunista. Lo que está claro es que no será en las inminentes urnas, en donde se resolverá la democracia profunda, la ruta está en las manos de la juventud, esa que –aún con riesgos– acude a medidas extremas: la huelga de hambre. Dos heroicas mujeres ponen en riesgo salud y vida a cambio de futuro. Presuponer entonces, que la democracia se conquistará votando por arlequín o la mujer barbuda, es honestamente ser parte del circo. Aquel en donde los gorilas, fuera del escenario solo esperan el llamado del domador –hombre o mujer– para calmar las iras de los graderíos.

El voto histórico marca la diferencia, por un lado no rehúye a las urnas, eso sí, marca la diferencia, expresa voluntad popular y se acoge al derecho a resistir, nadie está obligado a abrigarse en el oportunismo, esta vez la historia volvió a las huestes sociales y populares. Se trata de un voto demócrata, aquel que con “la gente sencilla de nuestro pueblo” rechaza demagogia, oportunismo y poses intelectuales, es el voto por la democracia profunda. Es aquel que no aspira a embajadas, o Ministerios. Es el que pone en cuestión la hipocresía. Es el voto que los intelectuales en la lejanía no comprenden.
http://elperiodico.com.gt/2015/08/20/opinion/voto-inutil-o-voto-historico/

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