sábado, 7 de noviembre de 2026

EL MITO DE LAS MANOS ATADAS DE TRUMP

Edgar Rosales | Política y sociedad / DEMOCRACIA VERTEBRAL

Este miércoles, el mundo despertó con nuevos alientos, nuevos aires y nueva esperanza. Y no era para menos: la víspera había presenciado, literalmente, la masacre electoral que los votantes estadounidenses le propinaban en las urnas al mandatario, su majestad, Donald Trump, en las elecciones de mitad de mandato.

El resultado, que ha reconfigurado el tablero del poder, no es sino un masivo voto de castigo de los ciudadanos gringos, estimulados por las multierráticas políticas de Trump, responsables de los elevados niveles de costo de vida y del rechazo creciente a temas como la guerra con Irán, y que al final le han otorgado a los demócratas el control absoluto del Capitolio al conquistar tanto la Cámara de Representantes como el Senado. 

Sin embargo, tras este tsunami político, surge una pregunta ineludible en los círculos analíticos globales: ¿tiene realmente Donald Trump las manos atadas para los dos años restantes de su mandato? La respuesta es: solo las tiene atadas a medias. Y ante todo, no podemos echar en saco roto que, oficialmente, el cambio de legislatura se producirá hasta el 20 de enero próximo. Es decir, un lapso considerable dentro del cual el presidente gringo puede perpetrar cualquier locura.

Institucionalmente, el Congreso, ahora mayoritariamente demócrata, ejercerá su poder en las áreas domésticas que le corresponden: el control del presupuesto, la capacidad de bloquear nombramientos judiciales y gubernamentales, y la facultad (tan temida por los republicanos) de abrir investigaciones fiscales exhaustivas sobre la administración. Empero, la Constitución de Estados Unidos le otorga al Ejecutivo una elasticidad casi absoluta en la esfera internacional y en la seguridad nacional, áreas donde el Capitolio apenas puede actuar como espectador indignado o, en el mejor de los casos, como un moderador indirecto.

Llama la atención que la reacción de los mercados financieros globales ante este vuelco político, al contrario de eventos similares, ha sido un ejercicio de asimilación rápida. Por ejemplo, tras el impacto inicial que alarmó a los gigantes tecnológicos –debido al temor de que un Congreso demócrata aplique regulaciones severas sobre la inteligencia artificial y los mercados de datos—, las aguas se fueron calmando. Para los inversionistas, un Washington dividido genera un escenario de tranquilidad: la certeza de que no habrá reformas fiscales radicales ni giros macroeconómicos abruptos en el corto plazo.

¿Y la política internacional? El asunto migratorio, uno de los pilares más estridentes del trumpismo, entra en una fase de profunda disputa legal y presupuestaria. Los demócratas pueden utilizar el control de la Cámara de Representantes para cerrar el grifo del financiamiento a las deportaciones masivas y a las prisiones privadas de detención. Y así, con los recursos condicionados, la administración Trump no podrá desplegar la logística a gran escala que prometió en campaña. En su lugar, el Gobierno se verá obligado a transitar hacia una política de restricción selectiva, valiéndose de decretos ejecutivos y presiones directas a los países de tránsito para mantener los flujos fronterizos en mínimos históricos, un terreno donde el Ejecutivo aún conserva un amplio margen de maniobra.

La recomposición del Congreso se prevé que obligará a una revalorización del multilateralismo, algo que anticiparon los líderes demócratas, al presionar desde tiempo atrás para fiscalizar de cerca conflictos de alto perfil. Sin embargo, los márgenes de Trump en política exterior siguen siendo amplios; vastísimos.

En los casos de Ucrania e Irán, la fatiga ciudadana ante el desgaste causado en el segundo de estos casos evolucionó hacia un generalizado descontento por el precio del combustible asociado a este conflicto y, según expertos, esta fue una causa determinante para la derrota republicana. Por ende, un Congreso hostil a Trump aumentará el escrutinio sobre el gasto de defensa y los fondos redirigidos, presionando a la Casa Blanca para desescalar la tensión con Teherán. 

En cuanto a Ucrania, aunque los demócratas tradicionalmente han favorecido la asistencia estratégica, el nuevo equilibrio en Washington tiene la capacidad de congelar cualquier iniciativa unilateral agresiva de Trump, forzando la búsqueda de salidas diplomáticas pragmáticas.

¿Viene una política arancelaria menos agresiva? Aunque los aranceles han golpeado fuertemente a sectores rurales de EE. UU. la fijación de estos, bajo argumentos muy trumpistas de seguridad nacional, al final dependen de decretos ejecutivos. Con el Congreso en contra, Trump podría verse tentado a moderar su retórica de guerra comercial para aliviar las presiones inflacionarias internas, pero mantiene la facultad legal de usar los aranceles como moneda de cambio internacional.

¿Y el ambiente en el patio trasero? Para Latinoamérica, el debilitamiento de Trump altera drásticamente las reglas del juego. Los gobiernos de izquierda de la región encuentran en el nuevo Congreso estadounidense un contrapeso ideal para frenar las políticas más radicales que venía aplicando la Casa Blanca.

Así, la relación entre Donald Trump y la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum se perfila estrictamente transaccional. Con las manos atadas para financiar proyectos fronterizos faraónicos o intervenciones de fuerza unilaterales —que requerirían aprobación presupuestaria del ala demócrata— el presidente gringo se verá obligado a corregir. Si bien, el combate al narcotráfico y, específicamente, al tráfico de fentanilo, no dejarán de ser una exigencia estridente desde Washington. Es de esperar, entonces, que los demócratas busquen redirigir la estrategia hacia el fortalecimiento de la inteligencia criminal, el control de precursores químicos y el respeto a los derechos humanos, dejando atrás la retórica de una militarización fronteriza.

Además, la Casa Blanca seguramente mantendrá una línea de máxima presión, pero modificando sus herramientas. Sin los fondos necesarios para levantar barreras físicas o financiar operaciones militares —las cuales requerirían el aval de un Congreso demócrata—, Trump apretará las tuercas mediante la vía judicial y diplomática.

Lo que sí es previsible es que la Casa Blanca intensificará las exigencias de extradición rápida de los grandes capos de los carteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación (CJNG). Esta estrategia de «extradiciones masivas exprés», utilizada previamente por el Gobierno mexicano para esquivar aranceles punitivos, se convertirá en la principal vía de Trump para exhibir victorias políticas ante su electorado sin necesidad de pasar por el Capitolio. Para la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, el nuevo Congreso demócrata funciona como un escudo contra las amenazas de intervención militar, pero no la exime de la implacable entrega de objetivos de alto perfil que Washington demandará intensamente.

En otra latitud, la posibilidad de impulsar una agenda verde global de la mano del mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva recibe ahora un tanque de oxígeno crucial. Bajo el control republicano, el medio ambiente estaba fuera de la mesa. Con los demócratas al mando de los comités clave del Congreso, revivir el financiamiento internacional para la protección de la Amazonía y los programas de desarrollo sostenible es totalmente viable. Lula tiene la oportunidad de consolidarse como el interlocutor ambiental de la región ante un Capitolio que, ahora sí está dispuesto a etiquetar recursos para el cambio climático.

Empero, la región no puede permitirse el lujo de la pasividad ni seguir actuando como el convidado de piedra que deja la mesa servida a las ambiciones imperiales. Esperar a ver cómo Washington resuelve su parálisis interna para reaccionar, es aceptar la sumisión por defecto. Si los gobiernos latinoamericanos, particularmente aquellos pocos que aún levantan banderas de soberanía y justicia social, no se plantan hoy con audacia y un bloque inquebrantable, la Casa Blanca pasará por encima de sus fronteras con la misma prepotencia de siempre, usando los aranceles, la crisis del fentanilo o la migración como garrotes de extorsión. 

El Capitolio ha cambiado de manos, pero ello no significa que se haya producido una revolución. Los demócratas tampoco tienen un historial muy decente que se diga. La dignidad de la Patria Grande se defiende imponiendo condiciones o la historia nos condenará a seguir siendo el patio trasero que financia las crisis del norte. Y sobre todo, jamás debemos olvidar el famoso dicho cubano: «Nada hay más parecido a un republicano, como un demócrata».

https://www.gazeta.gt/97708/



NOSOTROS POR DINERO, NOSOTRAS POR AMOR

Por: Factor Méndez

Estoy en Madrid, España, invitado por el Ministerio de Cultura de este país europeo, para participar como Jurado Calificador del célebre Premio literario Miguel de Cervantes 2026, que este año cumple el 50 aniversario de ser anualmente entregado al escritor o escritora de lengua castellana, establecido para honrar y reconocer los méritos literarios y publicaciones realizadas. Mi postulación la presentó la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap), de la que soy vicepresidente de país por el período 2026-2030. 

Por Guatemala el candidato propuesto fue Rodrigo Rey Rosa, galardonado escritor guatemalteco cuya candidatura fue presentada por el Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala, secundada por la Asociación de Periodistas de Guatemala (APG). Rey Rosa goza de una amplia trayectoria literaria reconocida nacional e internacionalmente.Este año participaron 20 candidaturas provenientes de varios países y el Jurado decidió otorgar el galardón a la escritora barcelonesa Cristina Fernández Cubas, es la primera cuentista en recibir este premio y en los 50 años de existencia es la octava escritora en ser galardonada. El anuncio lo hizo en Madrid el ministro de Cultura, Ernest Urtasun. Cristina es “una voz inconfundible y una libertad creadora que ha ampliado las posibilidades expresivas de nuestra literatura, su trabajo representa una aportación fundamental”, destacó el Jurado Calificador.

El título de esta columna lo tomé de una de las consignas que leí reiteradas veces a lo largo y ancho de la Plaza del Sol en la acampada como le llaman en España, donde colectivos sociales de ciudadanos españoles colocaron carpas y ocuparon esa icónica e histórica plaza de Madrid en protesta por la falta de vivienda, alto costo del alquiler y el desalojo  judicial que expulsó de su casa a Maricarmen Abascal, una anciana octogenaria (87 años) que residió siete décadas en el apartamento que alquilaba y por no poder pagar el aumento fijado por los nuevos propietarios del edificio, la policía madrileña la sacó a la calle en cumplimiento de orden judicial. La consigna alude a la voracidad de los empresarios y la acción de las mujeres contra el capitalismo.

Maricarmen fue vecina del distrito de Retiro en Madrid (calle alcalde Sáinz de Baranda), cuyo desalojo se convirtió en un símbolo nacional de la crisis de la vivienda en España. Ella vivió en el mismo piso de renta antigua durante 70 años. Ahora el edificio es propiedad de Urbagestión, que pasó de cobrarle un alquiler antiguo de 500 euros a exigirle entre 1,650 y 2,650 euros mensuales, cantidad superior a su pensión de aproximadamente 1,350 a 1,420 euros. Esa circunstancia provocó el desahucio, que después de varios intentos frenados por la movilización vecinal, se ejecutó el 23 de septiembre de 2026 con un fuerte despliegue policial. Debido a su delicado estado de salud, fue sacada en camilla e ingresada en el hospital Gregorio Marañón, donde falleció el 7 de octubre de 2026.Su caso desató manifestaciones masivas, acampadas en la Plaza del Sol organizadas por el Sindicato de Inquilinas y una fuerte polarización política, caída de decretos sobre vivienda en el Congreso y la convocatoria anticipada de elecciones generales en España. Por cierto, el pasado 3 de noviembre, la policía madrileña desalojó pacíficamente a los manifestantes que mantuvieron ocupada la citada plaza por cinco semanas.

Debido a la crisis económica y el malestar social existente en España, organizaciones sindicales, estudiantiles y otros colectivos sociales, están convocando a una huelga general para el próximo martes 11 de noviembre. En esta semana he observado que hay una amplia movilización social, entre estas, presencié una manifestación antifascista que recorrió la famosa calle de la Gran Vía. Aquí me entero que además de España, también hay fuertes protestas en Alemania, Francia, Italia y Portugal, señal de nuevos signos que, sin dudarlo anuncian que se aproximan modificaciones al paradigma. Otra vez, son los jóvenes estudiantes quienes toman las calles para defender derechos colectivos y demandar cambios que favorezcan el bien común.

https://lahora.gt/opinion/fmendez/2026/11/06/nosotros-por-dinero-nosotras-por-amor/