lunes, 2 de julio de 2012

¡QUE VIVAN LOS ESTUDIANTES!


¡QUE VIVAN LOS ESTUDIANTES!
Muchos piensan que la lucha de clases es una cuestión que ha quedado en el olvido. Que desde la inauguración de la “democracia” a la medida occidental burguesa el vocablo no tiene más razón de ser. Sin embargo, como el término recoge una situación objetiva que no tiene que ver con gustos y preferencias sino gravita en el ámbito del poder y la propiedad, entonces se evidencia en los fueros más internos de la sociedad como la familia y, por supuesto, hasta en las esferas más amplias como es la sociedad.
Pero la lucha esta se inaugura con la apropiación del excedente económico por una minoría en los remotos tiempos históricos y que no ha concluido aún. En esa lucha estamos.
Empero, como el excedente es fruto del trabajo de los que se vieron compelidos a trabajar para esas minorías, a fuerza de autoridad o violencia, los dueños tuvieron que aplicarles la lucha de clases, siendo estos y no los productores directos los que ejercieron el terror primero. En inicial instancia para obligar a aquellos  a trabajar para ellos y en segunda, para mantener alejados sus intenciones de apropiarse de lo que por ley natural les correspondía. Por supuesto, vino también aparejado con ello, la religión como instrumento de dominación, de domesticación, engaño, pifia y atadura. Todas las normas que luego sirvieron para mantener atadas a las personas a un comportamiento idóneo para los dominantes fueron promulgadas bajo el terrorismo de la religión y aún hoy,  a pesar de los avances en su desmitificación, siguen siendo poderosas. Largo trecho por recorrer.
Por eso, hoy, cuando se habla de que los estudiantes –jóvenes por antonomasia- muchos estrechos de mente y corazón los equiparan a bochincheros, delincuentes, subversivos, abusivos, irrespetuosos, pandilleros, mariguanos, vándalos y un largo etcétera de epítetos y estigmas que son puestos a rodar por parte de las autoridades que, cegadas por la religión y las “buenas costumbres”-, que para ellas es no cambiar este sistema tradicional, conservador, corrupto y egoísta donde solo se benefician ellas como representantes de una elite que los puso allí para administrar el aparato de su Estado del cual engordan como puercos cebados, no puedo más que seguir convenciéndome más de que la lucha de clases, que está más viva que nunca, la siguen imponiendo ellos los poderosos, los que tienen el sartén por el mango, pero también en aquellos duros tiempos, ejércitos y religión, y en los de hoy eso mismo, pero además medios de comunicación. Los que siguen dictando la norma a seguir obligadamente por todos y culpan de violentar el “orden” a los que fueron y siguen siendo víctimas de su violento orden cuando se escucha el mínimo rechinar de descontento.
Los adolescentes y jóvenes estudiantes, que por lo mismo arriban a conclusiones donde visualizan la hipocresía del sistema y su egoísmo, marchan no solo para evitar la privatización de su educación donde muchos de sus iguales serían aislados, bloqueados y expulsados, sino porque han visto el mal ejemplo de los que diciéndose modelo de ciudadanos, ya en nuestros modernos tiempos, borran esa caricatura de ciudadanía  con su actuar pudriéndose en el fango de su derroche y avaricia. Capaces incluso de exterminar la belleza natural que aquellos con sus ojos imberbes admiran más que nadie en esa edad donde las mariposas vuelan libres bajo el sol; la lluvia, más parece una risa diáfana del cielo y los ojos de su amada pareja los únicos faroles que alumbran su alma fiestera y displicente.
Aquí y allá, las botas y los fusiles, las sotanas y los modelos, causan roña en el espíritu indomable del estudiante, aquí y allá se levantarán otros cuando caigan algotros por las balas de plomo o de papel moneda. Siempre habrá Oliverios, Otto Renés, Camilas, Marías, que levanten la bandera agujereada de la libertad, mientras pervivían las manos duras, las picanas, las torturas, los sermones pueriles desde el púlpito, las amenazas, las falsedades y las imposiciones.
Qué pureza mayor que el alma del estudiante, inocente y cándida, sin la perversidad y la marrullería de los lacayos y los dominantes. Quien pensando que engañando su mente gana, pierde porque pierde la confianza, la autoridad y el respeto. No tiene derecho a plantear orden donde se impone la arbitrariedad. Donde se impone el bestial punto de vista único. Todo con la razón, nada con violencia.
Lo que han demostrado los estudiantes, allá y acá, es que el engaño, la farsa, la mentira no caben en sus mentes diáfanas.
El continente entero está preñado de juventud y a eso le temen los dominantes quienes quieren exacerbar la lucha de clases hasta lo máximo. Se exacerban los copetudos los Federicos Francos, los Capriles, los Pinochets disfrazados de Piñeiras, de Santos. Cerberos del capital.
Arde el continente porque está preñado de juventud. Que vivan los estudiantes de mi patria, de mi patria grande, nuestra América.

Carlos Maldonado
LA GOTERA

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