jueves, 4 de diciembre de 2014

En Guatemala la muerte tiene rostro de infancia.


Bueno, no solo en Guatemala, y también tiene rostro de mujer. Pero ayer la muerte tuvo rostro de infancia olvidada, y no es alegoría ni nostalgia de las fechas de fin de año. La muerte se mostró desnuda y retadora  y caminó sobre los vertederos donde llora el hambre de  los parias. Cuatro niños que asesinó un Gobierno dictador. Cuatro niños en tan solo unos minutos encapsulados en sopas instantáneas. No, no es culpa de la pobreza de sus padres, no es descuido de su madre (y tía), estas muertes como  todas las demás son responsabilidad del Estado fallido que está pudriendo el país.  -Es esta gente la que emigra a buscar sustento a Estados Unidos, ¿cómo nos atrevemos a juzgarlos? Los castigamos si se van, los ignoramos si se quedan-.

Un Estado corrupto, asesino, dictador. Un presidente genocida, una vicepresidenta altanera y onza. Diputados repugnantes que cada segundo de sus vidas deshonran la Patria. Togados que hacen la Constitución de la República  su papel higiénico.  Estas muertes que nos deberían doler a todos son apenas la punta del témpano.

Ya estuvo bueno de decir: “que Dios los tenga en su gloria,” “pobrecitos, oraré por el descanso de sus almas,” “padres irresponsables.” Le pregunto a usted “hermano” que ora todas las noches y que dice que Dios tiene el control de todo, ¿le irá a ayudar  a esa familia para que pague el entierro de sus niños o cree que orando Dios hará aparecer dinero en el basurero y con eso comprarán las cajas? O aplaudirá si el presidente sale en rueda de prensa aprovechando la consternación –como cuando el asesinato de las alumnas del INCA-  diciendo que comprará las cajas y que le dará una casa a la familia.

Ya ni arrepentirse es bueno, ese voto regalado a Otto Pérez Molina y a su banda de corruptos, violadores y genocidas tuvo que ser negado, él no tenía que ser presidente del país, tendría que estar en la cárcel pagando su condena por genocidio, pero así de inconsecuentes somos los guatemaltecos que premiamos a los ladrones,  aplaudimos a los que utilizan muy bien el arte del tráfico de influencias, alabamos a quienes más dinero roban, a quién mejor sabe nadar en aguas turbias. –Y hablo de los que por lo menos tuvieron educación media que no debería ser tan fácil engañarlos, aunque no es engaño es  deslealtad porque no creo que no puedan utilizar sus dos dedos de frente-.

Y ahora nos quejamos de la culateada que nos están pegando, pero si nosotros la pedimos a gritos, hasta votamos para que nos la dieran, querían mano dura pues ahí está. Mano dura con sangre seca, con la memoria de miles de asesinados y desaparecidos, con el dolor de miles que se vieron obligados a emigrar. Mano dura querían pues ahí está, no les tiembla la mano para lavar dinero, vender la tierra y acabar con lo poco que le queda a Guatemala. Tenemos el gobierno que nos merecemos, ¿quejarnos?, ¿para qué? Ya está instalada la dictadura militar. Querían chafas pues ahí están, con todo y orejas, ojetes y manos peludas.  No se queje, ahora ponga el hocico para que se lo partan con el rabo del fusil. ¿Sueno abusiva? ¿Mi lenguaje les ofende? ¿No es hocico es boca? Pues ponga la boca para que le amellen los dientes  a patadas.

Aplaudamos la burla de un teleférico en el Centro Histórico. Aplaudamos una pista de hielo. Festejemos las Luces Campero. Afanémonos con la burla de “21 días de dar felicidad.” Lloremos con los rencuentros de emigrantes que patrocina Pepsi, ¡qué descaro! Sigamos creyendo en los reportajes de “emigrantes exitosos” que publican en los medios. Sigamos enjuiciando a los que se van.  ¿Y quienes nos quedamos? ¿Qué hacen por el país quienes se quedan? ¿Con qué autoridad moral señalan a los que se van?

Es por demás, todos y cada uno de nosotros somos responsables de que Guatemala esté en el agujero, unos por hacer y otros por callar.
Todos cada uno en su nivel, en sus circunstancias y en sus burbujas.

Me pregunto sin ilusión: ¿Guatemala será capaz de cambiar? ¿Seremos capaces los guatemaltecos de despertar? ¿Cuándo, cuándo?
Y usted lector, ¿cree que despertaremos? Yo creo que ni a culatazos.

 En Guatemala la muerte tiene rostro de infancia, de miseria y de mujer. Y quien opine lo contrario es porque “está bien parado” en una burbuja exclusiva ya sea de apatía o de comodidad a causa  de lamer botas todos los días en los  tres tiempos de comida y sus refacciones. ¡Buen provecho! De postre la rutinaria ensartada.  Qué vulgar estoy sonando últimamente, parezco vendedora de mercado.


Ilka Oliva Corado.
Diciembre 04 de 2014.

Estados Unidos.

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