jueves, 26 de abril de 2012

Opinión: Catorce años después

Catorce años después

Están desesperados y no encuentran salida.
Miguel Ángel Albizures
 elperiodico.com
 
Hace 14 años, un día domingo por la noche, recibíamos la trágica llamada que nos informaba del bestial asesinato de monseñor Juan José Gerardi, hecho que conmocionó no solo a la Iglesia, sino a la sociedad guatemalteca, era el mensaje de rechazo al Informe Nunca Más de Recuperación de la Memoria Histórica (Remhi), lanzado por los “dinos”, y la advertencia a quienes continuábamos la lucha por la verdad y la justicia que querían mantener sepultadas.

Desde un principio se sabía, o se suponía, de dónde habían venido las órdenes para silenciar la voz de un obispo, que además de identificarse con los pobres, lo había hecho abiertamente con las víctimas del conflicto armado interno que llevaba en su corazón, y que desde la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado (ODHA) les había entregado a ellas, y al pueblo, el Remhi, como el esfuerzo de rescate de la memoria de los crímenes de lesa humanidad y de sus perpetradores, que hoy se siguen tapando con la misma chamarra y en su desesperación hacen acusaciones rebuscadas, con el único fin de paralizar la justicia y buscar una amnistía, o lo que en otras palabras podría llamarse buscar el mantenimiento de la impunidad más asquerosa que ya ha conocido nuestra historia.

Se sabe quiénes, en ese tiempo, estaban al mando del Estado Mayor Presidencial (EMP), pues no se trata solo de quienes han conocido la cárcel por el crimen, sino de los autores intelectuales que siguen libres y les protegen, como a todos los que tuvieron que ver con las masacres, genocidio, desaparición, torturas y ejecuciones extrajudiciales de miles de hombres, mujeres, niños y ancianos, con lo que implantaron el terror en nombre del Estado en la sociedad y que hoy sienten que la justicia les puede alcanzar. Por eso lanzan una ofensiva coordinada para paralizar la acción del Ministerio Público (MP) y de los tribunales.

No es para menos que en España se presenten testigos, como Máximo Cajal, por la masacre de la embajada, mientras sigue guardando prisión Pedro García Arredondo, uno de los acusados de la quema viva de las personas y de muchos otros hechos más. Si a ello agregamos las noticias, nada alentadoras para los “dinos”, de la indagatoria que se hará al reo Efraín Ríos Montt el próximo mes, por la masacre de Las Dos Erres, entendemos que estén desesperados y no encuentren otra vía que no sea acudir a una serie de recursos, recusaciones y acusaciones, para frenar los procesos. Es la lucha entre quienes queremos un sistema de justicia activo y de quienes quieren paralizarlo.

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