miércoles, 6 de mayo de 2020

EL AMOR SUBVERSIVO FLORECE

El amor subversivo florece
Carlos Juárez | Política y sociedad / CLANDESTINO Y ARTESANAL
gazeta.gt
Una columna de opinión del 20 de marzo de 1985 de un medio de comunicación mexicano rezaba: «El amor es subversivo». Su referencia era Guatemala, las violaciones a los derechos humanos y principalmente la figura de Héctor Gómez Calito y Rosario Godoy de Cuevas, vocero y vicepresidenta del Grupo de Apoyo Mutuo -GAM-, asesinados en la Semana Santa de 1985.

Desde sus inicios, en 1984, el GAM llamó la atención de propios y extraños, su conformación y sus exigencias públicas de justicia representaron el resurgir de los movimientos sociales, que, por la represión de la época, habían caído en un silencio ensordecedor ante las injusticias que producían las dictaduras militares que gobernaban Guatemala.

Un grupo de entre nueve y doce familiares en búsqueda de sus desaparecidos logró acaparar la atención con sus constantes expresiones de repudio en contra del gobierno de aquel momento. Nueve meses más tarde, con más de 200 familias acuerpando la búsqueda de los desaparecidos, el GAM se convertiría en un movimiento social que no podría ser callado nunca más.

El Gobierno, por su parte, inició la persecución de sus miembros.

Héctor Gómez Calito, que buscaba a su hermano René, fungía como el vocero del colectivo, y era el encargado de dar voz oficial a las presentaciones públicas del GAM.

Rosario Godoy de Cuevas, una maestra de educación primaria, sacada de su cotidianidad y convertida en la vicepresidenta del GAM para afrontar la desaparición forzada de su esposo, Carlos Cuevas, era una de las fundadoras más proactiva del grupo.

Ambos serían asesinados el 30 de marzo y el 4 de abril de 1985, respectivamente, sus cuerpos aparecieron con señales de tortura y las circunstancias de los asesinatos fueron propias de las violaciones a derechos humanos que cometía el Estado en el periodo del conflicto armado interno.

Para evitar caer en detalles que continúan doliendo profundamente, es importante mencionar que sus muertes constituyen delitos de lesa humanidad, repudiables por su crueldad y saña. En el caso de Rosario no fue solo ella, pues asesinaron a su hijo de año y medio y a su hermano de 21 años. Una aberración total.

Los hechos motivaron la convocatoria a una marcha el 13 de abril, la cual saldría de la Municipalidad de Guatemala rumbo al Palacio Nacional, en la que se exigiría al Gobierno un cese a la violencia en contra de la población civil, pero motivada por los hechos cometidos en contra de los miembros del GAM.

Sin embargo, estos no eran tiempos fáciles para el GAM. Varias veces sus miembros se plantearon que sería el fin del colectivo, era inevitable que los demás pensaran en desistir en su búsqueda para no correr la misma suerte, el Gobierno estaba cerca de lograr su objetivo: neutralizar la dirigencia y acabar con el grupo.

Esa mañana resurgirían las fuerzas del colectivo. Desde tempranas horas, varias personas de origen indígena arribaron a la capital. Sin un centavo que financiara su viaje, habían salido del altiplano y otras regiones guatemaltecas para enfilar por toda la sexta avenida en honor a Héctor y Rosario, esta última, una de las favoritas del grupo, según relata un texto de la fotógrafa profesional Jean-Marie Simon, quien documentó varios hechos de aquel tiempo.

Se calcula que más de 600 personas acompañaron la marcha aquel día, una cifra que podrá parecer corta, pero que no lo es, porque, tal como lo describía aquel artículo mexicano, cada una de esas personas se estaba jugando la vida. No solamente por la situación precaria en la que eternamente ha vivido este querido pueblo, sino por las implicaciones políticas y sociales de la dictadura militar del momento. Muchas de estas personas se habían unido al GAM en busca de sus familiares secuestrados y desaparecidos, habían identificado en el grupo una voz que replicara lo que a ellos les ignoraban. Rosario, en especial, superempática con todas las personas de las regiones recónditas que acudían a sus oficios.

Siete días después, se publicaba una columna de opinión de un periodista mexicano que indicaba que en Guatemala el amor era subversivo, pues todos los miembros del GAM que habían salido a las calles a exigir justicia y respuestas por sus familiares secuestrados, realizaban una búsqueda de amor, lo cual significaba un acto de subversión para las mentes poco ilustradas que gobernaban el país por aquel 1984.

Han pasado 35 años desde los asesinatos de Héctor y Rosario, y el amor subversivo que ellos y tantas personas en Guatemala han mantenido, continúa floreciendo. Florece en los corazones y en las historias de aquellos que continúan resistiendo al olvido, intentan contribuir a la justicia y buscan en todo momento dignificar la memoria de todas y todos aquellos que con su amor han desafiado a tantos Homo sapiens con poder que en esta bendita tierra han existido.

Fotografía principal por Pat Goudvis.

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