miércoles, 1 de febrero de 2012

A la memoria nuestras heroínas y héroes


SIGNOS DE ESPERANZA

A la memoria nuestras heroínas y héroes

Juan José Hurtado Paz y Paz
Guatemala, 31 de enero de 2012
(Iximuleu, 12 E’, 4 Tz’ikin)
Había decidido no escribir nada hoy… pero me levanté inquieto… no podía quedarme callado… y se me vino a la mente una anécdota que quiero compartir.

En la vida de todas y  todos hay hechos que nos marcan para siempre y en mi caso uno de ellos es el de la Masacre en la Embajada de España, ocurrida hoy hace 32 años.  En esa ocasión, las fuerzas represivas del Estado prendieron fuego al edificio que ocupaba esa embajada con todo y sus ocupantes dentro, quemando vivos a 37 personas incluyendo a campesinos (en su mayoría Mayas), pobladores, obreros, estudiantes, cristianos, personal de la Embajada y otros visitantes.

Ese hecho sacudió las conciencias de muchas y muchos por el grado de irrespeto a la vida, la brutalidad de los poderosos (de los que gobernaban, de aquellos para quienes gobernaban y siguen gobernando), la ilegalidad de sus acciones terroristas con las que pretendían acallar a quienes querían y queremos una vida diferente…

Los estudiantes muertos que acompañaban a las personas de Nebaj, Chajul, Cotzal y Uspantán que tomaron la embajada como un último recurso para hacerse escuchar, eran parte del Frente Estudiantil Revolucionario Robin García – FERG - .  Una de ellas, una joven valiente:  Sonia Magaly Welches Valdez.


Tras la masacre vinieron nuevas luchas y el FERG se propuso crecer más en número para tener más fuerza, promoviendo la integración de nuevos miembros.  Como un estímulo para las y los nuevos integrantes, así como para quienes ya éramos parte de la organización estudiantil, antes de comenzar las reuniones y asambleas, cada una y cada uno de los nuevos miembros se presentaba ante los demás, diciendo su nombre y qué le movía a formar parte de la Organización.

Y fue en una de esas asambleas que alguien dijo las palabras que se me grabaron para siempre y que ahora repito.  Al momento de presentarse una de las nuevas participantes, con voz quebrada dijo:  “Yo, de verdad, no sé mucho de política…  pero yo era amiga de Sonia Magaly.  Sé que era una buena persona.  Y si a ella la mataron, yo estoy aquí para ocupar su lugar.”

SONIA MAGALI WELCHES VALDEZ
Miembro de la Asociación de Estudiantes de
Derecho y del Grupo Frente Estudiantil Robín
García “FERG”.
Nació en la ciudad de Guatemala, el 9 de mayo de 1953.
Estudiante de Derecho de la Universidad de San Carlos de Guatemala.
Tenía 26 años cuando murió en el incendio de la Embajada de España, el 31 de
enero de 1980.
Su origen fue humilde, siendo el padre un trabajador modesto, igualmente la madre.
Los testimonios de familiares y amigos que la conocieron desde muy temprana
edad, coinciden en decir que era una niña un tanto “inquieta”, no solamente en el
sentido de ser alegre y juguetona, sino también en el sentido de poseer una sensibilidad
especial, primordialmente para con la realidad más cercana a ella. En tal sentido, se
puede retomar el pensamiento y las palabras de una vecina (al enterarse de su muerte),
y que desde niña la había conocido: “Desde pequeña fue aventada y de buen corazón”.
En esa forma, Sonia Magali fue creciendo con sus padres, desarrollando cada vez
más la sensibilidad social que había en ella. El ejemplo de su padre, fue algo que
marcó mucho a Sonia Magali durante el corto tiempo de su existencia. Cuando ella
hablaba de su padre lo hacía con bastante cariño y admiración. Nos contaba lo que
cualquiera pude esperar que se diga de un verdadero padre: que más que padre era
su amigo y compañero, con el cual nunca existió alguna barrera de separación.
Pero, además de este pensamiento con respecto a su padre, fue el ejemplo de él en
la entrega a su pueblo, el era sindicalista y fue abriendo los ojos de Sonia para llegar
a comprender con profundidad lo que es el amor, el cual no es exclusivo ni particular
encerrándose y limitándose a una familia, sino que el amor es todo lo contrario,
entregándose a los demás.
Y así fue como ella vivió el golpe más duro, 2 años antes de su propia muerte, su
padre fue secuestrado de la casa donde vivían, fue torturado y asesinado, murió
quemado y su cadáver fue encontrado bajo un puente de la ciudad capital.
Lo que fue formando una conciencia y sensibilidad hacía la realidad social del país,
en la persona de Sonia; dos días antes de su asesinato, ella misma participaba su
pensamiento a un amigo suyo: “Nada se redime sin sacrificio, en otras palabras, no
hay redención sin dolor”, según sus propias palabras, “a veces es necesario morir
para poder vivir”.
Sus palabras eran “Si quiero hacer mía la lucha de nuestro pueblo, es necesario que
yo me sienta parte de ese pueblo. No puedo decir que quiero luchar por el pueblo si
yo no siento igual a como siente mi pueblo. La única forma de luchar no es luchando
POR el pueblo, sino CON y DESDE el pueblo”.
Fue así como llegó a estar presente con los campesinos indígenas del Norte del
Quiché, quienes venían reclamando sus derechos y denunciando los atropellos e
injusticias de que eran víctimas.
Esta realidad tan palpable, impactante y tan cruda de los hermanos indígenas, provocó
en Sonia una enorme solidaridad y un mayor compromiso.

Semblanza Tomada del Libro: "PORQUE EL COLOR DE LA SANGRE
JAMAS SE OLVIDA...." FERG, USAC,
FEBRERO 1980.

No hay comentarios :

Publicar un comentario