jueves, 12 de marzo de 2015

Huehuetenango: la deseada riqueza

HELMER VELÁSQUEZ
Comunidades sin certeza jurídica.

Huehuetenango es y ha sido emblemático desde los tiempos de la historia profunda; la nutrida concurrencia en su territorio de pueblos, idiomas y saberes le configuran como un crisol, difícil de desentrañar para los ajenos a sus patios. Sempiternamente los huehuetecos: hombres, mujeres y niños, han sido itinerantes; desde las movilizaciones forzadas en los siglos precedentes, en tanto mano de obra semiesclava para los fundos de café, caña y otros productos exportables, a la expulsión violenta a los Estados Unidos Mexicanos y de América perseguidos por el Ejército de este país, arguyendo la adscripción ideológica de huehuetecos urbanos y rurales al comunismo, en el medio del maremágnum, la migración económica prende como pólvora en tanto mecanismo salvavidas del hambre o la bala Kaibil.

Son legendarios los huehuetecos: asidos a sus propias culturas, son el encuentro perfecto con multilingüismo y multiculturalidad; es una población con alto nivel intelectual, pacífica, política y de la mejor buena fe. Todavía en sus parajes se cuentan –y se creen– historias de personajes míticos que acompañan la vida de hombres y mujeres, aplicándoles –en su caso– lecciones de buen comportamiento cuando aquello es necesario, por tal razón, el avistamiento de múltiples “aparecidos” es parte de la cotidianidad de sus calles, plazas y caminos. Viene a cuenta esta perspectiva humana a propósito de la incursión foránea en aquellas latitudes; el objetivo, afirman sus pregones: llevar desarrollo, competitividad y coquetos espejitos conquistadores. Aquellas incursiones –absolutamente todas– con papelería en regla y autorizadas por un Estado que en el Cuchumatán profundo ni siquiera se conoce. De un día a otro los “huehues” son acusados de no respetar la certeza jurídica, estar contra la libre empresa y un extenso bla, bla, bla, que para efectos prácticos entre aquella perorata y el latín vulgar les significa lo mismo.

Y sin embargo… pese a ser los ofendidos; en Barillas por ejemplo, la incursión foránea y el Estado mandan presos a honrados dirigentes comunitarios: Raúl Aurelio Méndez, Rogelio Velásquez, Adalberto Villatoro, Francisco Juan y Arturo Pablo, presos políticos. Andrés Francisco Miguel asesinado. Las preguntas obligadas son: ¿la certeza jurídica solo asiste a las empresas? ¿La constitucional resistencia pacífica está derogada de facto? ¿Existe inversión democrática? y ¿por qué “nuestra inversión” avasalla derechos de otros? En realidad y en tanto resolvemos los intríngulis. Se obliga en Huehuetenango una moratoria a la incursión foránea. Mesa limpia y libertad a los presos políticos. Luego una grande e incluyente mesa que acuerde la ruta al desarrollo de los Cuchumatanes.

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