sábado, 17 de septiembre de 2016

El síndrome de Ixcanul: ¿entre realidad y película? – Parte I

El síndrome de Ixcanul: ¿entre realidad y película? – Parte I

Sandra Xinico Batz
El arte al no ser neutral tiene la capacidad de inducirnos, de guiarnos a un fin determinado y el cine es un arte (el “séptimo”, como le dicen). Es ingenuo pensar que las “buenas voluntades” mueven al mundo y que nada es determinado. En un país como Guatemala, hablar, escribir, proyectar, escenificar, (etc.) la vida indígena (ahora) dota de beneficios, claro, cuando no son los indígenas (mismos) quienes con sus demandas estructurales (y sobre todo cuando sus voces emergen de la pobreza, fuera de lo académico, de la fama, o sea, siendo un/a nadie) alzan la voz para ser escuchados. Cuando los pueblos indígenas con su propia voz y a su forma se pronuncian sobre su situación son severamente juzgados, pero cuando se habla sobre ellos con la voz de un no indígena la cosa se transforma, ya no es igual (entonces sí escuchamos).
Vivimos en un país mayoritariamente indígena cuya cultura y complejidad se redujo simplemente a “lo indígena”, haciendo desconocido (casi por completo) su historia y sus formas de concebir y de vivir la vida. El racismo no nos permite reconocernos como culturas distintas sino que partimos de descalificar al otro para sentirnos y hacernos superiores. Este contexto de racismo es lo que hace de Ixcanul una película tan famosa y celebrada en su propia casa (Guatemala) porque aparentemente muestra un pedazo de vida indígena que estamos dispuestos a ver y “entender” únicamente a través de una pantalla, simulando que lo que allí encontramos es real y es toda la “vida indígena”, es más, hasta nos indignamos por su forma de “vivir” e inmediatamente reafirmamos estereotipos inherentes a los indígenas como la pobreza, el alcoholismo, el machismo, el monolingüismo, entre otros.
Sentimos lástima de lo que la pantalla nos traduce como la “situación de la mujer indígena”, dando por hecho que en este país únicamente los indígenas son machistas, consumen alcohol y son pobres y las otras culturas no ¿?, pues ellas si son “desarrolladas”, omitiendo con esto el reconocimiento de problemas estructurales que atraviesan a los distintos pueblos (también al ladino) como el patriarcado, el clasismo, la desigualdad, que no son ajenos a los pueblos mayas y que los hace culturas complejas, no homogéneas, con contradicciones, élites y clases sociales.
He visto Ixcanul fuera de los cines y luego de toda una travesía por encontrarla en uno de los mercados más grandes de la ciudad, así como lo pobres consumimos el séptimo arte en este país, donde no se tiene para comer y mucho menos para ir al cine. La he visto en mi idioma, en kaqchikel, algo que me impactó, pues es mi idioma nato y a pesar de ello no la entendí, el kaqchikel utilizado en los diálogos me pareció inentendible, algo que corroboré con otras personas kaqchikeles que tampoco la entendieron. En ese momento me surge una gran duda, pues uno de los éxitos de la película era precisamente eso, que está en kaqchikel y entonces ¿para quién o quienes está hecha la película?
http://lahora.gt/sindrome-ixcanul-realidad-pelicula-parte-i/

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