lunes, 26 de septiembre de 2016

HUBERTO ALVARADO, ENSAYISTA, POETA Y POLITICO (1927-1974).

Poeta, ensayista, periodista y político guatemalteco, nacido en Quezaltenango en 1927 y fallecido en las afueras de la Ciudad de Guatemala el 20 de diciembre de 1974. Su vida -dramáticamente truncada por asesinos de los grupos paramilitares- estuvo permanentemente ligada a las dos vocaciones que le alentaron constantemente desde su adolescencia: la política y el cultivo de la creación literaria.
Su temprana preocupación por la deriva política de su nación le llevó a implicarse precozmente en la Revolución Guatemalteca (1944-1954), en el transcurso de cual, a pesar de su extrema juventud, se significó por su infatigable labor en el ámbito de la izquierda marxista. Avalado por el prestigio intelectual que fue adquiriendo merced a sus trabajos críticos y literarios, así como a sus escritos periodísticos -que le convirtieron en uno de los polemistas más influyentes en la Guatemala de mediados del siglo XX-, describió una vertiginosa trayectoria ascendente en el seno de las fuerzas políticas democráticas de su pueblo. Así, al poco tiempo de haberse comprometido con las causas de los más desfavorecidos, fue designado Secretario General de la Alianza de la Juventud Democrática Guatemalteca, donde desarrolló una valiosa labor que, entre otros frutos, condujo a la fundación del Partido Guatemalteco del Trabajo, del que acabaría siendo Secretario General.
Al mismo tiempo, Huberto Alvarado desplegaba una fructífera labor como escritor y animador cultural, plasmada principalmente en el seno del grupo Saker-Tí("Amanecer"), del que había sido uno de sus fundadores. Se trataba de un colectivo de jóvenes escritores alentados por unos mismos criterios estéticos e ideológicos: la condena del arte puro, del esnobismo intelectual y de la frialdad cerebral y subjetiva de los creadores contemporáneas, y la defensa de un arte realista y comprometido, preocupado por la reivindicación de los valores democráticos y el rescate de los legados culturales de cada nación (en su caso concreto, del pueblo guatemalteco).
En Saker-Tí, fundado en 1947, pronto se integraron los miembros más radicales del grupo Acento, otro colectivo de escritores guatemaltecos formado por autores de la generación anterior. Además de Huberto Alvarado, los miembros más destacados de Saker-Tí fueron Rafael Sosa, Olga Martínez Torres, Migue Ángel Vásquez, José María López, Werner Ovalle, Orlando Vitola, Melvin René Barahona y Óscar Arturo Palencia. Una de las figuras cimeras de las Letras guatemaltecas, el poeta, ensayista y periodista Luis Cardoza (1904-1992), describió a los jóvenes y entusiastas componentes de este grupo como "mentalidades ávidas y frescas" que "vivían días virginales". Su integración, en masa, al Partido Comunista fue descrita por Cardoza -mayor que todos ellos- como "si hiciesen la Primera Comunión. Tuvieron consistencia ideológica más hermandad de secta", y, para casi todos ellos, "entrar en el Partido Comunista significaba asumir un noble rechazo y, con emoción de audacia y sorpresa, tocar algo más allá de lo prohibido, algo maldito".
El grupo Saker-Tí lanzó una revista homónima en la que todos sus componentes dieron a conocer sus primeros artículos y poemas. Alvarado, en su condición de director de esta publicación, se convirtió en uno de los grandes impulsores de la renovación de la literatura guatemalteca del momento, al dar cabida en su revista -así como en la editorial que también fundo su grupo literario- a las voces más radicales e innovadoras.
Él mismo se dio a conocer como poeta en el transcurso del mismo año de la fundación de Saker-Tí, con la publicación de una interesante colección de versos titulada Sombras de sal (1947). Pero fue aún más sobresaliente su labor como animador cultural y promotor de los nuevos valores, a los que apoyó, desde su condición de crítico, ensayista y periodista, con trabajos tan dignos de encomio como las antologías El artista y los problemas de nuestro tiempo (1950), Doce poemas (1950), Poemas por la Paz (1952) y Guatemala, tu nombre inmortal. Además, el escritor de Quezaltenango ocupó cargos de alta responsabilidad en la política cultural de Guatemala, como el de director de la Casa de la Cultura, y desde ellos continuó promocionando infatigablemente la literatura nacional (con actos de tanta repercusión en la vida intelectual de su país como la organización del Primer Congreso de Escritores Guatemaltecos).
Su presencia en la vida política de Guatemala fue constante durante los gobiernos progresistas de Juan José Arévalo (1904-1990) y Jacobo Arbenz (1913-1971), que habían intentado la democratización del país -con repartos de tierras, limitaciones de los privilegios económicos de la United Fruit Company, y otras medidas de carácter progresista- tras el derrocamiento, en 1944, del dictador Jorge Ubico(1878-1946). En este ambiente de grandes reformas y cambios revolucionarios, el joven Huberto Alvarado desplegó una intensa actividad política subrayada por su infatigable labor de animador cultural; no es de extrañar, por ende, que tras la caída de Arbenz -derrocado, el 17 junio de 1954, por una invasión de exiliados que, desde territorio hondureño, penetraron en Guatemala con cobertura logística de los Estados Unidos de América-, el activo e impetuoso intelectual de Quezaltenango se viese obligado a abandonar su nación, en la que, como primera medida del nuevo gobierno, se había decretado la ilegalización del Partido Comunista y la persecución de todos los líderes marxistas. El grupo Saker-Tí quedó desmembrado, algunos de sus integrantes fueron vilmente asesinados, y la mayor parte de ellos se vieron forzados a exiliarse.
Rumbo, pues, al exilio, Alvarado marchó primero a Ecuador, donde renovó su prestigio intelectual con frecuentes colaboraciones en diferentes publicaciones culturales, como Letras de Ecuador y Cuadernos del Guayas. Luego pasó a México, para reunirse allí con los numerosos escritores guatemaltecos exiliados en territorio azteca, como el ya citado Cardoza, además de Carlos Illescas (1918-1998), Raúl Leiva (1916-1974) y, entre otros, el genial cuentista Augusto Monterroso (1921-2003).
En México, Huberto Alvarado continuó dando buenas muestras de su valía como crítico y ensayista, por medio de numerosos artículos publicados en Cuadernos AmericanosEl Nacional y Novedades; e incrementó su fama de escritor con el estreno de una espléndida pieza teatral, El rey Atanasio, que fue distinguida con una Mención Honorífica en el certamen de Ciencias, Artes y Letras de 1959. No obstante, el deseo de regresar a su patria era más fuerte que las sinceras atenciones prodigadas por la intelectualidad mexicana, por lo que, a comienzos de los años sesenta, Alvarado entró de nuevo en su país y se consagró de lleno a la redacción de su trabajo ensayístico más ambicioso: un estudio en profundidad del proceso cultural guatemalteco, publicado bajo el título de Exploración de Guatemala(Ciudad de Guatemala: Ediciones de la Revista de Guatemala, 1961).
En medio del reconocimiento general de la intelectualidad guatemalteca, Huberto Alvarado vivió en su país con cierta calma hasta que, con los nuevos gobiernos totalitarios de Julio César Méndez Montenegro (1915- ) y Carlos Arana Osorio(1918-2003), fue, respectivamente, perseguido y encarcelado. El clamor internacional levantado en su defensa en los foros progresistas de todo el mundo propició su puesta en libertad, así como su subsecuente retorno al exilio mexicano. Pero en 1974, animado por vagas esperanzas de reconciliación, decidió regresar a su añorada Guatemala, donde fue capturado y vilmente asesinado por miembros incontrolados de las bandas paramilitares que asolaban el país. En su atroz irracionalidad, sus cobardes asesinos le torturaron hasta sacarle los ojos antes de darle muerte.
Además de las obras citadas en parágrafos anteriores, el humanista de Quezaltenango fue autor del libro de viajes Por el mundo nuevo (Ciudad de Guatemala: Ed. Saker-Tí, 1952) y de los ensayos Por un arte nacional, democrático y realista (Ciudad de Guatemala: Ed. Saker-Tí, 1953) y Preocupaciones (1967). Y, entre sus artículos más notables, cabe citar los titulados "Tesis e hipótesis" y "Apuntes para la historia del partido", ambos centrados en sus ideas y su experiencia política en el seno del PGT (Partido Guatemalteco del Trabajo), así como en otras concepciones generales sobre la teoría y la práctica revolucionarias, de inspiración marxista leninista en el país. Conviene recordar, asimismo, su interesante artículo de crítica literaria "La realidad Guatemalteca en la obra de Asturias", publicado en Revista de Guatemala (1960).

Bibliografía

  • CÁCERES, Carlos. Presencia y tiempo. Guatemala: ensayo biográfico sobre Huberto Alvarado (México: Impresora Aurora, 1987).
  • PALENCIA, Óscar Arturo. "Remembranza de Huberto Alvarado", en rev. Alero (Ciudad de Guatemala), 3ª época, nº 15 (1975), págs. 11-13.
  • "Homenaje a Raúl Leiva y Huberto Alvarado", en rev. Alero (Ciudad de Guatemala), 3ª época, nº 10 (1975), págs. 90-92.

Autor

  • J. R. Fernández de Cano.
  • http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=alvarado-arellano-huberto

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