jueves, 20 de junio de 2013

Día nacional de las desapariciones Rindo homenaje a mis compañeros y compañeras de luchas obreras.


Miguel Ángel Albizures

A uno de los Dinos que dirige la asociación terrorista, de plano no le gusta que se escriba sobre desapariciones forzadas, porque a saber cuántos estudiantes, señalados de comunistas, cayeron en la época en que él paseaba por las aulas de la Universidad de San Carlos. Pero resulta que mañana es 21 de junio, fecha presente en la memoria de familiares de los 27 sindicalistas que fueron sacados violentamente de la sede de la Central Nacional de Trabajadores (CNT), de quienes hasta el momento se desconoce el lugar donde pudieron haber sido arrojados sus cuerpos.

Este Dino, con todas las buenas relaciones que tiene con la jauría, podría contribuir a que, por lo menos, aunque fuera anónimamente, indicaran a través de una organización sindical, dónde se podrían realizar exhumaciones para dar con las osamentas de los desaparecidos, para que los familiares terminen el duelo. Se esperaba que el señor Pedro García Arredondo, que hoy guarda prisión por otros hechos, se compadeciera y dijera qué sucedió con los 27 sindicalistas detenidos y los 17 que dos meses después, el 24 de agosto de 1980, fueron sacados del local de Emaús, en Palín, Escuintla. Pero parece que se llevará el secreto a la tumba, como se llevaron la esperanza algunas madres, que ya murieron, de saber qué había pasado con sus hijos.

Como bien saben, aún cuando lo nieguen insistentemente, la desaparición forzada, como el genocidio, son delitos de lesa humanidad, que no prescriben, y por los cuales no se les puede aplicar ningún tipo de amnistía. Pueden retorcer la ley, pueden retrasar los procesos, como en el caso de Ríos Montt y Rodríguez Sánchez, pueden anular condenas, pero condenados están ante la opinión pública, nacional e internacional, que tiene sensibilidad humana y saben lo importante que es sentar precedentes que amarren las manos de la jauría que sigue levantando la bandera del odio y del anticomunismo aberrante para justificar una nueva persecución y muerte de líderes sindicales, estudiantiles o campesinos, como sucedió en la década de los ochenta o como se dio en 1954, cuando hicieron retroceder al país a situaciones similares, o peores, a las que se vivieron en las dictaduras de Jorge Ubico y Manuel Estrada Cabrera.

Hoy, 33 años después de la detención y desaparición, rindo homenaje a mis compañeros y compañeras con quienes libramos incontables luchas obreras por el cese de la explotación y la injusticia y que, si volviéramos a nacer, no dudaríamos en cerrar filas contra los tiranos que siguen vivitos y coleando, como los dinosaurios, que Dios los crió y ya saben quién los juntó.

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