jueves, 2 de agosto de 2012

Esclavitud “Hasta en las casas más decentes”.



Opinión:www.elperiodico.com

Esclavitud

“Hasta en las casas más decentes”.
Anabella Giracca
Ante el incremento del desempleo que se fotografía en toda la República, las personas se entregan a cualquier opción, aunque ello implique poner en riesgo la dignidad y hasta la vida. Ante el abandono de la educación formal para bastante más de la mitad de la juventud, las alternativas prometedoras resultan ser la maquila, el trabajo en casa particular, el mercado informal, la migración y, en casos extremos, la violencia. Pero ahora, de cara a nuestra acelerada “modernidad”, crece otra: la policía privada.

Nos guste o no, el servicio doméstico en nuestro país es una burda manera de esclavitud. Tan solo escuchar: “Yo trato re bien a mis muchachos”, es ya un síntoma claro de ello. Cuando en realidad trabajan más de doce horas diarias y en la mayoría de los casos no cuentan ni con el mínimo seguro laboral (habrá que investigar sobre la ley que pretendía favorecer a las trabajadoras de casa particular). Hay casos de niñas al servicio de las casas más decentes. 

A simple vista, el incremento gradual y sistemático de guardias de seguridad privada es cada vez más avasallador. Más esclavitud. Muchos de esos personajes, que vemos con cara de pocos amigos, también son víctimas de maltrato y de dolor. Igualmente, la mayoría son indígenas. 

Muchos trabajan cuidando al amo o al negocio del amo, a merced de horarios antojadizos. Sin buena alimentación. Mal pagados. Sin seguros ni garantías laborales. Ya ni siquiera están bien armados y son carne de cañón para dar su vida por un jefe que jamás los ha mirado a los ojos. En capacitación invierten una miseria. Los lanzan al ruedo de esta criminalidad tan brutal sin siquiera conocer bien la capital y sus dinámicas perversas. Imagínese usted, estar íngrimo en la puerta de un negocio, sin arma potente, esperando enfrentarse a una mancha de delincuentes sofisticados. 

Se maneja una cifra aproximada de 115 mil policías privados. Y supongamos que hay unos 20 mil policías nacionales. De ellos están en descanso un 20 por ciento. Otro 20 por ciento cuidan embajadas, oficinas públicas y a personas “importantes”. Fotografía instantánea: con suerte, poco más de la mitad está en las calles. Y la mayoría en la capital. Triste caso, donde los llamados policías privados cubren precariamente los vacíos de uno de los países más violentos del mundo. 

Como siempre el subdesarrollo tolera la explotación, la injusticia, la esclavitud o el racismo. Y todo, bajo la luz invariable de nuestra eterna primavera.

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