domingo, 4 de noviembre de 2012

Opinión: Octubre de 1944: Respiros revolucionarios y las pugnas alrededor de la participación de la población indígena


Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala

  
COLUMNA DE OPINIÓN



Losh Lainez
Área de Estudios Sociourbanos
AVANCSO

68 años se conmemoran de la revolución del 20 de octubre de 1944.  Un acontecimiento social que permitió temporalmente la toma de poder de un sector cívico-militar. Este punto de la historia también nos muestra el concepto y práctica del Estado colonial “progresista”. Avances, pues se lograron mejorar los principios y prácticas democráticas, como la descentralización y  alternabilidad del poder, el derecho al voto de las mujeres y autonomías a instituciones clave como la USAC y del sistema de justicia, por ejemplo. Pero también, se repitieron prácticas de exclusión a las poblaciones indígenas dentro de los mismos principios fundamentales de la Revolución del 20 de Octubre. Por ejemplo, las contenidas en el principio 9 del decreto 17 que dice: “Sufragio obligatorio y voto secreto para el hombre alfabeto. Sufragio obligatorio y voto público para el hombre analfabeto, limitando su ejercicio a elecciones municipales...”

Lo que podemos identificar de esta fecha es una discusión acalorada de la población y de los medios, sobre el papel de la población indígena dentro de las elecciones que serían convocadas en octubre del año 1945.     

En este contexto resurge “el problema del indio” como un obstáculo para la construcción de la democracia. Distintas son las posiciones que conducen la discusión de aquella época en torno a esta “problemática”.  Por ejemplo, el Frente Popular Libertador, un grupo conformado por universitarios, maestros, obreros y comerciantes, que abrían apoyado la candidatura de Juan José Arévalo, plantearon la “democratización del indio”, una posición asimiliacionista, es decir convertir al indio en ladino.  Esta conversión se podría dar mediante su alfabetización, según los sectores progresistas.  Con la alfabetización del indígena se lograría su incorporación al ejercicio democrático en la que se eliminaría la posibilidad de manipulación, temor que manifestaron en mayor medida los sectores afines a la irrumpida dictadura. 

Hay por lo menos dos reflexiones a partir de esta pugna en las cuales es necesario detenerse:

1)   El hecho de que la  mayoría de la población indígena fuera analfabeta a este punto de la historia no habría sido un hecho ajeno a las intenciones de la construcción del Estado colonial.  Los debates aparecieron en varios momentos, por ejemplo alrededor de 1821, posterior al Acto de Independencia en la comisión para organizar la educación en Centro América, bajo el liderazgo de José Cecilio Del Valle y Pedro Molina, ideólogos de la Educción Científica. Ellos proponían la posibilidad de educar al indio, pues con ello se conseguiría la transformación del mismo. Sin embargo esta visión progresista no era una visión compartida en la sociedad colonial de aquella época, tampoco lo sería en la revolución de octubre.   
2)   La alfabetización refuerza el imaginario social, quienes tienen y quienes no tienen el “uso de razón”. Quienes podrían o no podrían acceder a  ella. Por tanto el analfabeto era incompleto. En su concepción más radical y racista, el indio analfabeto simplemente era ignorante, sin capacidad del uso de razón. Esta última idea junto a otros imaginarios de raza y cultura dominantes, han llevado a pensar a algunos sectores, racistas, la necesidad del mestizaje o de su exterminio.  

La Revolución de Octubre contribuyó a la eliminación del trabajo forzado hacia las poblaciones indígenas, su limitante estuvo en no reconocer el ejercicio del voto. Más lejana habría quedado la posibilidad de reconocerse el Estado en su dinámica plurinacional, es decir las diversas expresiones de autogobierno que las poblaciones indígenas venían practicando. Demanda que algunos intelectuales indígenas reclamarían posteriormente junto a la aparición a la autoidentificación del sujeto “maya” y “pueblo Maya” en contraposición a la de “indio”.

El debate del analfabetismo, en torno al 20 de octubre de 1944 tendría la intención del poder, control y exclusión. También se reconfiguraría nuevamente la servidumbre: explotación asalariada, mecanismos de corrupción, pagos por debajo del salario mínimo establecido. La continuación al proyecto asimilacionista mediante la educación pública tradicional, difundido en el idioma dominante, el español y la forma en que se construiría la democracia del Estado colonial progresista, aunque progresista, prefirió en aquel momento no tener la interrupción de la propia opinión de las poblaciones indígenas, ante aquel evento de elección popular.  

Hoy, 68 años después de los acontecimientos del 20 de octubre de 1944,  en contraposición a un gobierno que reafirma su papel de rearticular fuerzas políticas militares-económicas, sectores conservadores, que intentan imponer una Reforma a la Constitución, se pretende controlar la figura de las autoridades indígenas desde el Estado. Las agrupaciones indígenas, por su parte, plantean la refundación del Estado, la constitución de un modelo plurinacional, que permita el reconocimiento de las autoridades propias de los gobiernos indígenas y el ejercicio pleno del derecho a la autodeterminación, es decir de gobernarse o gobernar los asuntos que afectan sus vidas individuales o comunitarias, para lo cual requieren del reconocimiento de sus propias instituciones de gobierno.  Esto puede confluir en la posibilidad de nuevos escenarios de revoluciones necesarias.

Guatemala 5 de noviembre del 2012.

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