sábado, 27 de abril de 2013

La paz de los sholones


Según el teórico italiano Antonio Gramsci, los intelectuales son empleados del grupo dominante, encargados de generar consenso entre las masas sobre la dirección que imponen a la vida social quienes gobiernan (y sobre el modelo productivo que proponen); además de hacer las leyes que harán cumplir la dominación en momentos de crisis, cuando no haya consenso.

Por Justo Pérez*
"A pesar de contener pautas declarativas que pretendían mejorar la situación del país, los Acuerdos también pueden ser entendidos como una pausa a la barbarie militar, necesitada por las élites para aplicar el modelo económico neoliberal que el PAN instauró"

Es por ello que a Zury Ríos le brillaron los ojos cuando observó el rédito que podría obtener del comunicado hecho por doce antiguos funcionarios, reconocidos por ella como intelectuales, los cuales afirman en su texto que la acusación por genocidio es una “fabricación jurídica”; dirigida contra el Estado de Guatemala; que no corresponde a la voluntad de las víctimas y las mayorías del paísquienes aspiran dar vuelta al pasado y buscar la reconciliación; y que su juzgamiento produce el peligro de una inminente vuelta de la violencia política, a riesgo de destruir la paz. De lo anterior quedan muchos cabos sueltos, que los firmantes, como “intelectuales”, deberían explicar:
1) La mayoría participó como gestores en la negociación de la Paz, pero también como miembros del gobierno del PAN. Es decir, como intelectuales del partido. A estas alturas del historia, podemos observar que el PAN vio en la coyuntura la posibilidad de desarrollar un modelo económico neoliberal en el país, reformando la Ley de Minería, privatizando la energía eléctrica y otros servicios públicos. ¿No son ustedes entonces, parte de los causantes de la violencia y conflictividad que sí hay hoy en el país, cuando fraguaron la entrega de los recursos naturales a grandes capitales, sin prácticamente ningún beneficio para la sociedad, y sin el derecho de consulta de las poblaciones directamente afectadas?
2) Afirman que la acusación de genocidio es una “fabricación jurídica”. Vaya desafortunada descalificación. De un plumazo, descalifican los peritajes y la documentación presentada en la acusación que por años ha elaborado el Ministerio Público. Pero vamos a un cuestionamiento semántico: ¿No son los Acuerdos de Paz una “fabricación jurídica” también, en los términos que ustedes lo sugieren? Además de asegurar que los militares dejaran los desmanes (aunque todavía mataron a Gerardi, que no se olvida) permitiéndonos hablar −a medias−, ¿Cuáles son los logros objetivos de los Acuerdos de Paz? ¿Tenemos un Estado probo, insubordinado a los grupos de poder, eficiente? ¿Tenemos partidos políticos representativos y democráticos? ¿Se ha revertido la inequidad y miseria? ¿Logró el multiculturalismo la eliminación del racismo? ¿Tenemos una mejor institución policial, capaz de asegurar la integridad de su ciudadanía? ¿Tenemos un ejército desligado del crimen organizado? ¿No hubo una masacre perpetrada por las fuerzas armadas del Estado hace menos de un año? ¿En tiempos de Paz?
3) Afirman que el juicio es contra el Estado. Es falso, pues se acusa dos personas en particular. Pero vale también preguntarse si el Estado de Guatemala no debe rendir cuentas sobre sus actuaciones del pasado. Un Estado  colonial, militarista, autoritario, sobre el que pesan acusaciones por delitos de lesa humanidad. Si en cambio, su frase pretende deslegitimar lo hasta ahora logrado con el juicio, preguntamos ¿No es el juicio por genocidio la causa de que hoy se hable en el mundo de algún avance en términos de institucionalidad y justicia en Guatemala?
4) Con que arrogancia, afirman que el juicio por genocidio “no corresponde a la voluntad de las mayorías”, y más aún, “de las víctimas”. Explíquennos, ¿se hizo una encuesta de opinión o consulta a las víctimas antes de lanzar esta afirmación? ¿Es alguno de ustedes víctima de los desmanes que la población ixil sufrió durante el conflicto armado, como para asegurar que el juicio por genocidio no les resarce? ¿Creen que ese infierno se perdona con las firmitas de un par de “sholones”, y una bolsa de víveres?
5) ¿Qué los guatemaltecos, pero sobre todo, que las víctimas quieren dar vuelta al pasado? Vaya sugerencia facilona, más acorde a lo que pregonan las iglesias evangélicas y los “cerebros” de la Marro, que a la explicación de un estadista. ¿De verdad creen que las víctimas pueden dar vuelta al pasado sin justicia por los desmanes? ¿De verdad creen que se puede construir país, cuando cada vez que se cava para instalar un cimiento, se encuentra un cementerio clandestino? ¿Construir país, tomando como base delitos de lesa humanidad y genocidio impunes?
6) Aseguran que “esta acusación de genocidio implica −de consumarse− el peligro inminente de que la violencia política reaparezca”, lo que viene a desestabilizar los logros de la Paz. Aunque se permitió el fin de ciertos desmanes militares –que ustedes nos sugieren, volverán–vale preguntar ¿Por qué la búsqueda de justicia riñe con la Paz? Pero también, si ¿Hay paz hoy en Guatemala? ¿Con 16 muertos diarios? ¿Donde gana una oferta electoral de “mano dura”? ¿No es Guatemala hoy una jungla, en la que cualquier día podemos perder la vida? ¿No es creciente el hostigamiento y muerte de defensores de Derechos Humanos? ¿No se sigue ignorando, criminalizando y atacando la voluntad de las poblaciones que se oponen a la imposición de los proyectos extractivos, a los que el PAN dio plataforma?
El genocidio, los delitos de lesa humanidad y las desapariciones selectivas emprendidas por el Estado contra su población, diezmaron la organización social, provocando que lo dispuesto en los Acuerdos de Paz se llevara adelante en proyectos que no tuvieron oposición ni fiscalización política efectiva. A pesar de contener pautas declarativas que pretendían mejorar la situación del país, los Acuerdos también pueden ser entendidos como una pausa a la barbarie militar, necesitada por las élites para aplicar el modelo económico neoliberal que el PAN instauró.
En tanto, el comunicado, en vez de revertir, puede legitimar la violencia que desaten los gorilas. Si la violencia vuelve a surgir (¿cuándo acabó?), será porque este país no conoce su historia, y sus débiles –e intervenidas− instituciones no la han juzgado ejemplarmente. Por el momento en que decidieron lanzar sus apreciaciones, los intelectuales están coadyuvando a que la justicia, independiente e imparcial, procure la verdad y el juzgamiento ejemplar de los desmanes ocurridos, consolidado una institucionalidad que pueda velar para que no vuelvan a ocurrir. Así como coadyuvaron a un gobierno neoliberal cuya política económica genera hoy una enorme conflictividad social. Esto no es ninguna especulación.
¿Qué quieren legitimar los doce intelectuales? ¿Cuáles logros de la Paz? ¿O más bien, quieren que aceptemos el modelo económico instaurado a finales de los noventa, que además de propulsar la inequidad y conflictividad, tiene un origen criminal impune?
 * Guatemala (1985). Estudié Ciencias Políticas. Disfruto el cine, la música, viajar, y me esfuerzo en leer cuanto pueda. Inconforme con la desigualdad, conservadurismo, violencia y racismo presente en este pedacito de tierra (ahí, en medio de los bellos paisajes). Integrante del Grupo Intergeneraciona

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