jueves, 20 de marzo de 2014

2013: el pueblo Ixil tejió nuestra historia. 19 de Marzo de 2014 a un año del inicio del Juicio por Genocidio

2013: el pueblo Ixil tejió nuestra historia
http://comunitariapress.wordpress.com/2013-el-pueblo-ixil-tejio-nuestra-historia/
Este año para quienes vivimos en Guatemala ha sido bastante significativo y trascendental, un pueblo valiente como muchos otros, tejió nuestra historia, abrió y escribió una parte de nuestra memoria colectiva. Con mucha dignidad lograron contar, sacar del silencio la barbarie vivida por ellos, por ellas y por todo un pueblo: El genocidio.
En el 2013: el pueblo Ixil tejió nuestra historia.
El 10 de mayo del 2013, la jueza Jazmín Barrios, presidenta del Tribunal Primero A de Mayor Riesgo leyó ante el mundo la sentencia en donde se condenó a Efraín Ríos Montt quie fue presidente de facto entre marzo de 1982 y agosto de 1983. Esta condena es por ser responsable del genocidio perpetrado en contra del pueblo Ixil en calidad de autor. Fue condenado a 80 años de prisión, 50 por delitos contra deberes de la humanidad y 50 por genocidio.
Queremos rendir un homenaje al pueblo ixil, a través del aporte de varias personas que por medio de sus palabras, sus acciones, sus pasos, sus imágenes contribuyeron también a recuperar la memoria.
Comunicarte
Ilka Oliva
Ximena Morales
Prensa Comunitaria

Dictador en el banquillo


Por Asociación Comunitarte
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justicia

Llore señor traductor, seque sus lágrimas ahora HABLE

genocidio6
Lucía Robles
No señor traductor
le dije vagina no estómago
no sé como se lo habrán enseñado a usted
pero yo sé la diferencia entre un golpe en el estómago y una violación
si señor traductor, una violación, con todas las letras
si señor traductor, muchas veces
sí señor traductor, los soldados
si señor traductor, tantos que perdí la cuenta
si señor traductor, sangré mucho
venga aquí señor traductor,
tome un poquito de agua para que pueda repetirlo conmigo muchas veces
ay señor traductor, siéntese, respire, tranquilícese, no tenga vergüenza
ay señor traductor, que usted tiene la edad de mis hijos?
Que no conoce a su padre?
Que su madre se parece a mí?
Qué tiene pena?
Llore señor traductor,
seque sus lágrimas
ahora HABLE.

Tejiendo la memoria

Fotos de Mauro Calanchina…
bordado memoria
genocida
ixil
ixil 1
justicia y paz
mano clavel
mujer clavel
mujer clavel 2
mujer paz
mujeres ixil

Vengo mujer.

Vengo desde aquel remoto silencio agudo
Desde la entraña fría de la fosa que pudrió mis huesos quebrados
Vengo con el eco de mis antepasados
Con la fuerza inquebrantable de mis ancestras
Con las calles y florestas de la tierra que se arrasó
Vengo digna, descalza y poblada
De la sangre regada que tu traición derramó
Vengo con el llanto anudado de sobrevivientes del pasado que tu lujuria marcó
Yo vengo con paso firme, con el cansancio a cuestas
Con la memoria en carne viva
Con mi vientre destrozado
con mi reboso desteñido,
Con el corazón henchido
con mis ojos que asareados hoy ya no tienen sumisión
Vengo con mi voz de mujer enardecida, a denunciar a la jauría que a la justicia enlutó
Vengo y no me voy porque mi voz hoy es el canto que a miles tu bala silencio.
Vengo mujer a rescatar a la niña que ultrajaste,
con la malicia de tu lastre
cuando te creías un dios
Vengo al ajuste de cuentas, a cobrarte la afrentas
con la justicia en mi mano y en mis hombros los nombres de mis hermanos que tu desdicha masacró
Vengo andando de frente y no tengo cuartada, sí la verdad contada en testimonio de tribunal
Vengo a recoger la tapisca de aquel fruto sembrado que ni todos tus soldados pudieron arrancar.
Vengo desde el ahínco de mi identidad con la austeridad correspondida a la decencia de la vida que se niega a traicionar.
Vengo mujer, adolescente y niña desde la campiña a observar las aves de rapiña que entre ellas comiéndose están, entre los desperdicios de la Corte de Constitucionalidad.
Ilka Oliva Corado.
Octubre 24 de 2013

Vengo mujer

Publicado en Genocidio, Ilka Oliva, Ixil, Justicia

Guatemala: hoy, una jornada histórica

Hoy, una jornada histórica

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Hoy, 9 de mayo de 2013:
Una jornada histórica en Guatemala
Juicio al general Ríos Montt y José Rodríguez Sánchez, ex Jefe de la Segunda Sección del Estado Mayor General del Ejército y de la Defensa Nacional de 1982 a 1983, por genocidio en contra del Pueblo Ixil.
Gracias Pueblo Ixil
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¿Quién dijo que todo está perdido?
yo vengo a ofrecer mi corazón,
tanta sangre que se llevó el río,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
No será tan fácil, ya sé qué pasa,
no será tan simple como pensaba,
como abrir el pecho y sacar el alma,
una cuchillada del amor.
Luna de los pobres siempre abierta,
yo vengo a ofrecer mi corazón,
como un documento inalterable
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Y uniré las puntas de un mismo lazo,
y me iré tranquilo, me iré despacio,
y te daré todo, y me darás algo,
algo que me alivie un poco más.
Cuando no haya nadie cerca o lejos,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
cuando los satélites no alcancen,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Y hablo de países y de esperanzas,
hablo por la vida, hablo por la nada,
hablo de cambiar ésta, nuestra casa,
de cambiarla por cambiar, nomás.
¿Quién dijo que todo está perdido?
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Fito Páez
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Guatemala: A contracorriente, un 10 de Mayo para la Historia

A contracorriente, un 10 de Mayo para la Historia
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Por la ternura, la memoria y la justicia. Gracias Madre Ixil
Hoy está previsto que llegue a su término el Juicio al general Ríos Montt y José Rodríguez Sánchez, ex Jefe de la Segunda Sección del Estado Mayor General del Ejército y de la Defensa Nacional de 1982 a 1983, por genocidio en contra del Pueblo Ixil.
Gracias Pueblo Ixil.
Gracias a una nueva generación de fiscales, jueces y abogados que por primera vez le han dado dignidad al Derecho.
A todas y todos los que han hecho posible esta utopía ¡gracias!
Por la Justicia, en Guatemala, a contracorriente, seguimos caminando
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Amnesia

Amnesia Alioto Loko y Alejandro Arriaza

Granito de arena

Granito de Arena: Cómo Atrapar a un Dictador (RIOS MONTT)








GRANITO DE ARENA, el nuevo documental de la premiada cineasta estadounidennse Pamela Yates (State of Fear, The Reckoning, Cuando las Montañas Tiemblan) se estrena en la Sala Efraín Recinos del Centro Cultural Miguel Angel Asturias el jueves 1o. de marzo del 2012 a las 19:30 horas.Asimismo se estará realizando un cine-debate el viernes 2 de marzo a las 17:00 horas en el Salón Mayor Adolfo Mijangos López en el Museo de la Universidad de San Carlos de Guatemala. 9a avenida y 10a. Calle esquina del Centro Histórico Zona 1. Contando con la participación de los protagonistas del documental y sus realizadores.
Sinópsis del documental:
En parte thriller político, en parte memoria, GRANITO DE ARENA es una historia de acontecimientos oscuros, yuxtapuestos con el poder inspirador de la acción colectiva en la búsqueda de justicia. En 1982, siendo una joven cineasta, Pamela Yates viajó a Guatemala a filmar un documental, Cuando las montañas tiemblan, acerca de una guerra oculta. De repente, en el presente, un grupo de abogados de un caso internacional de genocidio le pidieron que rastreara en los archivos de su antiguo documental en busca de posibles pruebas en contra del dictador guatemalteco, el general Ríos Montt, que había presumido de su poder absoluto ante la cámara de Yates hace tres décadas. De golpe, el viejo material fílmico cobra nueva vida y Pamela tiene la oportunidad de ayudar a llevar a los acusados ante la justicia.
“Desde que filmé a estos generales en 1982, he querido verlos pagar por sus crímenes”, afirma Yates, que apunta a Granito como un ejemplo del poder de un cineasta para marcar la diferencia y el cambio en el mundo.
Rodeada por polvorientas cajas de película y rollos de 16 mm., Yates inicia una búsqueda por estos descartes enterrados durante 30 años. En Guatemala en aquel tiempo, un movimiento democrático que se extendía por el país estaba siendo atacado por los escuadrones de la muerte gubernamentales, una guerrilla surgía en el campo y el ejército guatemalteco estaba lanzando una campaña de tierra arrasada para eliminar a 200.000 indios maya del altiplano. Entrelazando hechos sueltos de una historia olvidada, Yates nos lleva en el tiempo a través de un estremecedor relato del genocidio, junto al grupo de tenaces personajes del presente, unidos por el destino en su intento de llevar al terrible dictador ante la justicia. Un relato épico surge cuando cada personaje del documental añade su “granito”, un grano diminuto de arena, a la historia.
GRANITO DE ARENA ha sido dirigido por Pamela Yates, producido por Paco de Onís y editado por Peter Kinoy, fue estrenado en el Festival de Cine de Sundance de 2011. Pamela Yates fue galardonada con una Beca Guggenheim para realizar este trabajo, su tercer largo de un cuarteto de documentales sobre derechos humanos y justicia de transición.
Cuatro de los documentales de Pamela Yates -Cuando las montañas tiemblan; Poverty Outlaw, Takeover y The Reckoning: The Battle for the International Criminal Court- fueron nominados al Gran Premio del Jurado en el Festival de Cine de Sundance y Cuando las montañas tiemblan ganó el Premio Especial del Jurado de Sundance en 1984. Su documental State of Fear: The Truth about Terrorism, ha sido traducido a 47 lenguas y retransmitido en 154 países. Su anterior y más reciente trabajo en la dirección, The Reckoning: The Battle for the International Criminal Court (ICC), es un relato épico sobre los tumultuosos seis primeros años de la Corte Penal Internacional, filmado en cuatro continentes y seis idiomas, en el curso de cuatro años.
GRANITO DE ARENA es una producción filmada en español, inglés, quiché e ixil, y se presentará con subtítulos en español. La película tiene una duración de 103 minutos.
En la web:

Si hubo Genocidio: se hizo justicia 31 años después

Por Nelton Rivera.  Prensa Comunitaria.
11 de mayo 2013.
La Jueza Jazmín Barrios, Patricia Bustamante y Pablo Xetumul del Tribunal A de Mayor Riesgo dictaron sentencia en una audiencia histórica a los dos ex generales acusados:
José Efraín Ríos Montt: ex general, quien diera el golpe de Estado en 1982, diputado al congreso de la república, secretario y fundador del partido político Frente Republicano Guatemalteco – FRG. Fue condenado por cincuenta años inconmutables, por los delitos de genocidio y treinta años inconmutables, por los delitos de deberes contra la humanidad por las atrocidades realizadas por el ejército de Guatemala bajo su mando, realizadas contra el pueblo Ixil.
José Rodríguez Sánchez: fue Jefe de Inteligencia del Estado Mayor Presidencial durante el gobierno de facto dirigido por Efraín Ríos Montt, fue absuelto de estos dos delitos.
“Nada podrá
contra esta avalancha
del amor.
Contra este rearme del hombre
en sus mas nobles estructuras”.
(Poema Comunicado. Otto Rene Castillo)
Foto reportaje en homenaje al pueblo Ixil y a todos los pueblos de Guatemala y su lucha, también al trabajo y memoria de Mauro Calanchina.
“En la  gigantesca sala de audiencias del tribunal hubo más de 100 lentes, pero estuvo presente el tuyo Mauro, disparando como siempre, haciendo, construyendo con cada imagen que nos permite conocer y ver nuestra memoria viva”.  Nelton Rivera.
Mauro Calanchina, dibujo Arnoldo Ramírez Amaya – El Tecolote.

El fin de la mentira ixil

Por 30 años, Guatemala llamó mentirosos a los ixiles cuando denunciaban el genocidio, las masacres y la obcecada persecución del ejército en su contra. El viernes, una sentencia histórica no solo condenó a Efraín Ríos Montt a 80 años de cárcel por los crímenes durante su gobierno: también abrió la puerta a una nueva verdad histórica sobre lo sucedido en el Quiché.

José Luis Sanz
elfaro.net / Publicado el 13 de mayo de 2013
La tarde de su condena por genocida, a Efraín Ríos Montt le recibieron en la sala de audiencias con aplausos y gritos de viva Guatemala. No eran aún las 4 y una treintena de familiares y seguidores se soltó a vitorearle en su camino al banquillo. Nunca, en ninguno de los días del juicio, había tenido el anciano exdictador tanto respaldo en la sala, a 30 personas arropándolo. Los aplausos solo tardaron unos segundos en quedar sepultados bajo un breve pero eficaz manto de abucheos. La mayor parte de las 500 personas que abarrotaban el salón, las que ocupaban asientos, gradas y pasillos, las decenas reunidas en la plaza que se abre frente al edificio de la Corte Suprema de Guatemala con ganas frustradas de entrar, estaban allí para condenar a Ríos Montt.
Miente quien diga que la tarde del viernes 10 de mayo no esperaba una condena. Los mismos defensores del general retirado la habían anunciado el día antes, en su caso como una supuesta prueba de prejuicio del tribunal, de injusticia. Durante semanas habían denunciado que el proceso era “un linchamiento jurídico” y que la sentencia contra Ríos Montt, gobernante de facto en Guatemala entre marzo de 1982 y agosto de 1983, y contra su exjefe de Inteligencia, Mauricio Rodríguez Sánchez, acusados ambos de genocidio y crímenes contra la humanidad, ya estaba escrita. Y habían anticipado la intención de apelarla.
Los partidarios del castigo lo consideraban, en cambio, una consecuencia lógica de la avalancha de testimonios, pruebas y peritajes presentados por los acusadores para probar que la muerte de más de 1,770 indígenas ixiles, el desplazamiento de decenas de miles, y su persecución y tortura con la excusa de su supuesta vinculación con la guerrilla, constituían un plan de exterminio. En más de un mes de juicio, la defensa se había mostrado torpe en la sala de audiencias, aunque agresiva en los pasillos de las cortes de apelaciones; había estado más interesada en frenar el juicio o anularlo que en probar la inocencia de sus defendidos. Durante las últimas tres semanas había logrado constantes suspensiones del juicio, que en algún momento pareció estar herido de muerte. Pero no. En tres días la jueza Yassmín Barrios había esquivado trabas legales, precipitado el fin del debate público y dejado el caso visto para sentencia.
Barrios ya tenía como credencial de carácter el haber condenado en 2001 a los asesinos del obispo Juan Gerardi, y había demostrado desde el inicio del juicio el 19 de marzo un evidente interés en escuchar testimonios y dictar sentencia lo antes posible. Enzarzada en una batalla personal contra los intereses políticos opuestos por años a la tesis histórica del genocidio, que ahora trataban junto a la defensa de detener el juicio, en las últimas jornadas la jueza había interpretado de forma claramente restrictiva cada posición de la Corte de Constitucionalidad o cada derecho de los acusados y sus abogados que pudiera implicar una nueva suspensión. Ninguna de las posibles razones -apegadas a la ética y al derecho o no- a las que se pudiera atribuir al deseo de Barrios por dictar sentencia favorecían al exdictador.
Por eso la mayoría de los presentes en esa sala el viernes 10 a las 4 de la tarde se sabían parte de un pedazo de historia. Y ansiaban ver el gesto del general en el momento preciso en que por fin escuchara la sentencia. Pero una cerrada barrera de fotógrafos volcados al acecho de ese mismo morbo ocultó desde el primer minuto a Ríos Montt y a sus abogados, y el público, privado de la tentación del escarnio, sin esa distracción, quedó a solas con las palabras de la jueza, obligado a masticarlas en absoluto silencio como si las escuchara por radio.
La nueva verdad histórica
Barrios comenzó la lectura de la sentencia con ritmo vivo, tras anunciar que se trataba de una versión condensada de la misma y que la sentencia completa se haría llegar a las partes el viernes 17 de mayo. Desde los primeros compases fue obvio que daba por válidas las pruebas y argumentos de la acusación: “… a los ixiles se les estigmatizó para exterminarlos…”; “… el ejército no hizo diferencia entre población civil y gente armada…”; “… se persiguió la creación de un nuevo modelo de indígena…”; “… matarlos de hambre…” La sala permanecía muda. Sentada en la cuarta fila, entre decenas de mujeres ixiles y de otras etnias mayas, la premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú se frotaba nerviosa las manos, con cierto disimulo, y no dejaba de hacer temblar la pierna derecha. Los labios fruncidos. La mirada al suelo, arriba, de nuevo al suelo…
A las 4:13 de la tarde, tras la detallada enumeración de hechos, Yassmín Barrios afirmó por primera vez en la historia que en Guatemala se había cometido el delito de genocidio. Lo repetiría a las 4:37. Y varias veces más hasta el final de su sentencia. Silencio aún. Solo miradas cruzadas entre quienes, ante el nacimiento de una nueva historia oficial en Guatemala, necesitaban confirmar que habían escuchado bien. Soplidos, miradas, pero ni una palabra. Solo las de Barrios.
Como brotes en ese huerto de tensión, comenzaron a rodar las lágrimas de algunas de las víctimas. Primero una mujer de rostro triste e inmutable, sentada en la cuarta fila justo al lado de Rigoberta Menchú, que le pasó el brazo sobre los hombros; después, un hombre en la fila tercera, sombrero, bastón de autoridad indígena, inclinado hasta casi guardar la cabeza en su saco rojo de líder ixil para intentar secarse con las solapas los ojos, por debajo de las gafas; y otra mujer en la fila siete, y una anciana sentada a tres asientos de la primera. En diferentes puntos de la sala, en desorden, pañuelos, mangas y manos se pusieron a enjugar en movimientos lentos. Ni un sollozo, ni siquiera un gesto de dolor… solo lágrimas calladas. A medida que escuchaban a la jueza describir lo sucedido “… violación para destruir la semilla ixil…”, “… prueba objetiva de la intención de destruir al grupo ixil…”, “… por querer cambiar sus condiciones de vida se les llegó a considerar enemigos…”, y nombrarlo como verdad probada, las víctimas indígenas revivían el dolor de su historia de muerte, tortura, rapto, huida y hambre, y lloraban la alegría de que a partir de ahora nunca nadie en Guatemala pudiera volver a llamarles mentirosos por contarla. “… Siendo el racismo la base para el genocidio…”
En cuidado orden lógico, Barrios fue encajando como piezas los peritajes de la acusación hasta llegar a la afirmación de que Efraín Ríos Montt estaba informado de la estrategia de exterminio que su ejército ejecutaba en las aldeas del área ixil, y recurrió incluso a lo declarado en juicio por un perito de la misma defensa, el general José Luis Quilo Ayuso, para sustentar que el exdictador estaba, desde su despacho en la capital, al mando de esas operaciones. Sentenció que los planes militares Victoria 82, Firmeza 83 y Sofía concordaban entre sí, que la mayoría de masacres cometidas por el ejército tenían el mismo patrón de conducta, que lo sucedido “no fue espontáneo sino planificado”.
La versión de la defensa del exdictador, y de buena parte de la élite empresarial del país, y de la Asociación de Veteranos Militares de Guatemala (Avemilgua), y del presidente de la república, el también militar Otto Pérez Molina, y del mismo Ríos Montt, empeñados todos ellos en decir una y otra vez que en Guatemala no hubo genocidio, que durante la guerra se habían cometido solo “excesos” aislados imposibles de evitar por las autoridades, se convertía en apócrifa.
Cumplida media hora de lectura ininterrumpida, el silencio entre el público seguía siendo absoluto. Sentada entre varios periodistas, la defensora de derechos humanos Helen Mack mantenía los labios apretados y el gesto concentrado. A su hermana Myrna la asesinaron en 1990 por documentar y denunciar la tragedia de los ixiles. El juicio a Ríos Montt y su gobierno era el juicio a la brutalidad de décadas de gobiernos militares. Mientras, Barrios avanzaba imparable -“… desde su posición podía haber impedido…”, “… la responsabilidad alcanzó al jefe de Estado de facto Efraín Ríos Montt…”, “tuvo conocimiento de todo y no lo detuvo a pesar de tener capacidad para hacerlo…” Apuntalada ya, su siguiente afirmación cayó por su peso: “Consideramos que la conducta del acusado Efraín Ríos Montt se encuadra en el delito de genocidio en calidad de autor, de forma que debe imponerse la condena correspondiente”. Culpable.
Culpable por saber. Culpable por ser, como jefe de Estado, el responsable. Aun dando por posible que Ríos Montt no ordenara expresamente el genocidio, culpable por ampararlo y por no hacer nada para impedirlo.
Eran las 4:44 de la tarde. De forma inexplicable la sala se aferró todavía al silencio. Con gesto compungido Rigoberta Menchú comenzó a buscar miradas en las que apoyarse. Como si se sintiera sola y necesitara ayuda para sobrellevar las emociones que se le agolpaban en el cuerpo 14 años después de haber iniciado ella, ante la Audiencia Nacional de España, el primer proceso por genocidio contra el exdictador en nombre de las mismas víctimas que ahora estaban venciendo en este juicio guatemalteco. Barrios anunció que absolvía a Mauricio Rodríguez por falta de pruebas: “… la duda favorece al reo…” Y hubo entre el público un rumor de descarga. La jueza repitió afirmaciones para referirse al segundo delito imputado, el de crímenes contra la humanidad, o “crímenes contra los deberes de humanidad”, según el Código Penal de Guatemala, y declaró a Ríos Montt de nuevo culpable, y a Rodríguez otra vez inocente.
Los alegatos del abogado de Rodríguez, un día antes, habían sido sólidos, rocosos, centrados en el supuesto carácter consultivo de la figura de Director de Inteligencia dentro de la cadena de mando del ejército y en la falta de pruebas en su contra. El mismo general retirado comentaba una hora antes de la lectura de la sentencia: “No han demostrado que yo haya participado en la elaboración de esos planes ni que yo tuviera mando operativo de las acciones. Pero es que tampoco soy yo el que les importa: la joya de la corona en este juicio es Efraín Ríos Montt”.
Como si la condena no lo significara todo, como si el castigo fuera la verdadera medida de la justicia, fue el anuncio de la pena de cárcel la que desató la respiración de la sala e hizo estallar gritos de “¡Bravo, bravo!” Las víctimas se permitieron, por fin, sonreír, celebrar: “El artículo 376 del Código Penal establece delito de genocidio, contemplando la pena de 30 a 50 años de prisión. Dentro de ese parámetro, los juzgadores hemos optado por imponer la pena de 50 años de prisión inconmutables”. Y 30 más por crímenes contra la humanidad. 80 años de cárcel para un hombre que casi tiene 87. Una cifra para sentar precedente.
Y un gesto para no dejar dudas de la decisión de castigar: la anulación de las medidas sustitutivas que, desde que comenzó el juicio en su contra hace más de un año, habían permitido al exdictador permanecer en su casa, bajo arresto domiciliario, en lugar de en una celda. Solo las cámaras de fotos, las de televisión, las de los documentalistas que pretenden firmar la historia de este juicio en sus imágenes, vieron el gesto de Efraín Ríos Montt cuando se oyó culpable. Y solo ellas captaron su reacción cuando escuchó que se ordenaba su detención y su ingreso inmediato a prisión, una medida que muy pocos de sus adversarios esperaban, dada la edad del exgobernante.
Leída la sentencia, Barrios prohibió al condenado salir de la sala hasta que llegaran agentes de la Policía para llevárselo. Rodríguez, que asistió a todo el juicio en silla de ruedas, fue empujado hacia la salida entre abrazos de sus familiares. No quedará libre hasta que la sentencia sea firme pero no podía deshacer la sonrisa. La mayoría de quienes acompañaban a Ríos Montt también salieron, por órdenes del tribunal, para evitar enfrentamientos con otros asistentes. Un joven del público gritó a la jueza “¡egoísta!”, “¡con el mal no se combate el mal!” antes de retirarse. El resto, el salón aún repleto, no quiso marcharse. No hasta ver al exdictador, al genocida, encaminarse a la cárcel, tal vez esposado.
Una sala en catarsis
Siguieron momentos de desorden, casi de riesgo. El enjambre de camarógrafos que habían permanecido todo el juicio volcados sobre la mesa de Ríos Montt y sus abogados se convirtió de repente en una animalesca marabunta hambrienta de una frase del condenado y una fotografía más cercana aún, como si la intimidad de la imagen se alimentara de centímetros. Los empujones derribaron la mesa, acorralaron a Ríos Montt, hicieron temer por su seguridad. “Señora jueza, me están maltratando”, se oyó gritar al anciano, aprisionado entre sus guardaespaldas y la turba de periodistas. Por momentos pareció que el exdictador saldría herido.
Hubo un conato de pelea entre un periodista y uno de los nietos del general retirado que intentó intervenir para garantizar espacio a su abuelo. Los gritos de la jueza, entre la exigencia de orden, la insistencia en que el acusado no podía salir de la sala y los ruegos tardíos a los periodistas, no consiguieron nada. Tuvo que ser el público el que, al clamor de “quítense, quítense”, obrara la cordura.
Después vendrían la paz y cierto ambiente de milagro. La larga espera, de casi una hora, hasta que el general retirado fue formalmente detenido y escoltado -sin esposas, nunca se le esposó- hacia una patrulla policial, convirtió el salón de audiencias en una vigilia que fue asentando emociones y destilando los gestos. Mack, sin levantarse de la silla, hundida la mirada en el suelo, lloró en silencio, agotada y feliz. El día que la jueza de primera instancia Carol Patricia Flores trató de anular este juicio había dicho: “No hay un mínimo respeto a seres humanos que han esperado 30 años para obtener justicia. No puedes tener paz cuando el Estado ignora a sus propios habitantes.” Lloraba porque se acababa de asentar una esquina de esa paz.
Rigoberta Menchú, entre abrazos y abrazos, daba declaraciones a la prensa. De fondo, el murmullo de las conversaciones se fue volviendo un canto, suave al principio, más fuerte luego: “… aquí no lloró nadie / aquí sólo queremos ser humanos…” Era un poema de Otto René Castillo al que el cantautor Fernando Pérez puso música hace algunos años.
“A partir de ahora el ladino no tiene que ser siempre el que nos juzga, el que nos dice que no hablamos bien, que dice que solo inventamos, el que nos acusa una y otra vez”, decía Menchú. Detrás de su voz, el canto parecía acallarse por momentos, avergonzado de ofender la presunta solemnidad de la sala. Pero cada vez que los versos parecían diluirse, la alegría de parte del público vencía y se repetía con más fuerza la estrofa: “… aquí sólo queremos ser humanos / comer, reír, enamorarse, vivir / vivir la vida y no morirla…” Rigoberta Menchú también seguía: “Hoy se sienta un precendente contra el odio que nos han tenido todos estos años. Aquí se están rompiendo esquemas muy grandes; espero que los guatemaltecos tengamos la altura para soportarlo.”
El canto se prolongó por minutos, mientras Ríos Montt, siempre invisible, ahora tras un cordón de agentes de seguridad, permanecía arrinconado a un extremo de la sala, asediado aún por las cámaras. La fiesta en la sala se celebraba sin él. Maryelena Bustamante, hermana de desaparecido y activista pro derechos humanos, vertida en lágrimas, se acercó a dar la mano, uno por uno, a los 12 abogados que conformaban la acusación. Bustamante había sido una presencia constante durante las audiencias del juicio. Llevó flores rojas a las mujeres ixiles que testificaron sobre las violaciones que habían sufrido en los 80, gritó “¡Ríase, general, pero los gusanos lo vomitarán por asesino!” a Ríos Montt en su cara cuando salía de una audiencia, volvió a regalar flores el día que Yassmín Barrios se nego a acatar, por considerarla ilegal, una orden de anular el juicio.
“Hemos esperado 31 años. Este no es directamente el caso de Emir, pero no solo es él, no son solo los ixiles, en todo el territorio hubo miles de desaparecidos”, decía Bustamante, ladina, entre lágrimas, a quien le escuchaba. “Esta sentencia es un canto a la vida. Sé que no me van a regresar a mi hermano, y no se puede resarcir todo el dolor de este pueblo, pero por algo se empieza a escribir el nunca más en esta tierra.” Y luego, como si se lo dijera a sí misma, como si se tratara de pellizcar para salir del sueño, repetía, en referencia al tribunal: “Se atrevieron. Se atrevieron”.
Justo antes de que la Policía se llevara al exdictador, los partidarios de la causa ixil comenzaron a corear a la que ya consideran “su” jueza: “Justicia, justicia”, “Yassmín, Yassmín”, gritaban en medio de la alegría por la condena. Barrios, en un gesto que da más combustible a quienes la acusan de ser parcial, de estar volcada hacia el lado de la acusación, se levantó sonriente y cruzó los brazos simulando un abrazo. Después saludó con la mano en alto a quienes la coreaban. Una complicidad incómoda en un proceso como este.
Por la noche ya circulaba por la ciudad un lema que se ha convertido rápidamente en viral en ciertos círculos: “La justicia es colocha”, una referencia al cabello rizado de las dos nuevas heroínas de los defensores de los derechos humanos, la fiscal general Claudia Paz y Paz y la jueza Yassmín Barrrios.
El juicio no termina
La sentencia, aplaudida por los organismos de derechos humanos y por la comunidad internacional, no cierra sin embargo el debate que durante el último año se ha ido asentando en la sociedad guatemalteca acerca de la conveniencia de juzgar el pasado y de encarar su propia historia negra. En un país en el que las estructuras militares, políticas y económicas que administraron la guerra contrainsurgente en los años 80 conservan todavía una fuerte cuota de poder, la batalla de apelaciones que ya han prometido los abogados de Efraín Ríos Montt será, como lo ha sido en estas semanas en que el juicio pendía de un hilo, una prueba constante para la institucionalidad y los ríos de influencias que desembocan en la Corte de Constitucionalidad.
“Vamos a botar esta sentencia. El juicio nació muerto. El juicio nació viciado. Con la zurda boto este fallo, se lo garantizo”, amenazaba el defensor del exdictador, Francisco García Gudiel, la mañana del día 10, antes de conocer oficialmente la sentencia. Ya después del veredicto, su colega Francisco Palomo le complementaba: “Lo tendremos que resolver (el caso) a través de los recursos. Si los magistrados de la Corte Suprema y la Corte de Constitucionalidad, que son gente mucho más seria, no cede ante las presiones de la comunidad internacional, los recursos deberían prosperar”.
De momento, la absolución de Rodríguez puede tener un efecto de vacuna para la sentencia, puesto que divide los intereses de una defensa que hasta hoy actuó unida. Al ex jefe de inteligencia de Ríos Montt le interesa ahora que la sentencia sea firme cuanto antes, para quedar libre. Los amparos pendientes, que buscaban anular el juicio, se convierten en un peligroso obstáculo para ello. Queda ver si Efraín Ríos Montt insiste en anular el juicio a costa de arrastrar de nuevo a un largo proceso a su antiguo subordinado.
La reacción del presidente Otto Pérez Molina al fallo del tribunal puede servir, en cualquier caso, de medida para el nivel de crispación política que el juicio ha provocado en Guatemala. Otto Pérez dijo a El Faro el pasado 24 de abril que no se sentía “políticamente implicado” en el juicio contra Ríos Montt. En una entrevista a CNN en español concedida el mismo día de la condena, su primera respuesta al periodista Fernando Rincón fue sin embargo para recordar que la sentencia del tribunal que preside la jueza Barrios no es todavía firme y que, por tanto, todavía se pueden permitir, él y quienes piensan como él, afirmar que en los 80 no hubo genocidio.
Él, general retirado, que en 1982 estuvo destinado como comandante en el área ixil de Nebaj bajo el alias de “Tito Arias”, está especialmente interesado en que así se corrija el fallo de la jueza Barrios. Durante el juicio, uno de los testigos de la acusación contra Rios Montt le nombró directamente como responsable de torturas y de ataques a aldeas ixiles, y si su nombre no resonó más veces en la sala es porque el Ministerio Público, temeroso de agitar más el avispero político que amenazaba con detener el juicio, retiró a los testigos que pudieran incriminarle.
El tribunal dejó además en su sentencia un mensaje ambivalente para quienes, como el presidente, se sienten amenazados por esta justicia incómoda que se niega a olvidar el pasado. Por un lado, la absolución de Mauricio Rodríguez podría interpretarse como una clarificación de la prioridad que, en términos de justicia restaurativa, se marca el sistema judicial guatemalteco, enfocado en el castigo ejemplarizante de los máximos responsables políticos de lo sucedido, por encima de la persecución de los autores materiales. Sin embargo, Barrios anunció explícitamene lo contrario durante su veredicto: “El tribunal ordena al Ministerio Público que continúe la investigación en contra de cualquier persona que pudiera haber participado en los hechos que se señalan.” Al escuchar esta frase, el público presente en la sala, especialmente los ixiles que seguían la sesión por el sistema de tradicción simultánea instalado por la asociación querellante AJR, estallaron en aplausos.
Pesonas cercanas a la otra de las organizaciones querellantes, CALDH, consideran lejana la posibilidad de abrir una serie de nuevos casos contra responsables directos de las masacres de los 80 en territorio ixil, por el enorme esfuerzo humano y económico que supone un juicio de estas dimensiones, pero es, al fin y al cabo, lo que desean muchas de las víctimas.
Tomás Raimundo, de la aldea Salquil Grande, lo decía claro a la salida de la audiencia del viernes, quizá contagiado de la euforia de la victoria judicial: “Tanta mentira en lo que hablan, tanta discriminación… Ya se confirmó que es la verdad lo que contamos. Creímos que no lo lograríamos. El día de ayer teníamos baja la moral, porque los abogados de los militares dijeron que éramos ignorantes, y eso nos bajó la moral, pero ganamos. Ahora lo que queremos es que ojalá siga y salgan en juicios todos los oficiales que fueron, porque no fueron nada más estos dos”.
A su lado, Gaspar Velasco, por años miembro de la directiva de AJR, pero que hace tres años delegó el puesto en un vecino de su comunidad, asentía: “Hay más. Solo los están tapando”. ¿Tienen fuerzas para seguir?, le pregunté. “Claro. Solo si nos morimos vamos a parar. O tal vez no pueda caminar pronto, pero siempre puedo ser testigo sentado”.

Ríos y montañas son para la vida, no para las empresas

Ricardo Ramírez Arriola
360gradosfoto.com
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ASAMBLEA DE LOS PUEBLOS DEL NORTE DEL      DEPARTAMENTO DE EL QUICHÉ
En el lugar sagrado de Nebaj, el día Wuqub Ajpu, del Kajlaju Ba’ktun.
El 20 de abril del año 2013.

¿De qué paz están hablando????

Carta de respuesta parcial al campo pagado “Traicionar la Paz y dividir a Guatemala”, en homenaje a Daniel Pedro, q’anjobal de Santa Eulalia

 
Efraín Ríos Montt-Juicio por Genocidio (Foto: Cristina Chiquin)
Santiago Bastos – Prensa Comunitaria 
 IIlustres Señores y Señoras, signatarios y signatarias de la Paz y del campo pagado “Traicionar la Paz y dividir a Guatemala”:
No sé si ustedes saben que ayer, mientras desayunaban leyendo el campo pagado en que ustedes nos comunican al resto de sus conciudadanos que decidieron que el juicio por genocidio es traición y es peligroso; en esos momentos, más de cuatro mil personas peinaban metro por metro las cumbres de Santa Eulalia, las escarpadas laderas de San Mateo Ixtatán y las llanuras de Barillas e Ixcán, buscando desesperadamente a Daniel Pedro.
No les quiero hablar del juicio que les da tanto miedo a ustedes. Como alguien dijo muy sabiamente ayer, eso es un tema que se está resolviendo en la sala de tribunales y ustedes, que son ilustres e ilustrados ya saben que eso tiene su propio camino, y como demócratas de probadas credenciales que son, sabrán respetar la independencia de poderes.
Yo quiero hablarles de Daniel Pedro. Seguramente ustedes no saben que Daniel es una persona muy conocida y querida en su natal Santa Eulalia y en todo el norte de Huehuetenango, donde lleva años moviéndose y organizando a la gente, primero desde la iglesia católica, después alrededor de los partidos URNG y Winaq,  y siempre a partir de la Radio Jolom Konob’, que fundó, construyó materialmente con sus manos y a través de la cual se conectaba con todos los municipios del área y con los hermanos q’anjobales que residen en el Norte. Ahora estaba luchando en contra de las licencias de explotación minera y de los proyectos hidroeléctricos en la región.
Con sus importantes tareas, ocupaciones y preocupaciones, seguramente ustedes no supieron que Daniel fue secuestrado este domingo 7 de abril. Fue llamado a Barillas con el engaño de impartir una capacitación y ahí mismo desapareció. Por eso, a partir del lunes sus paisanos y sus amigos de los municipios vecinos empezaron a buscarle cada vez más preocupados. Pero se han cumplido las peores expectativas: mientras escribo estas líneas, el facebook se llena de noticias sobre la aparición de un cadáver en la aldea Ya’ Tz’ikin, a 20 kilómetros de Santa Eulalia, que según todos los indicios, es el de Daniel.
En los comunicados que han salido estos días, la gente de Santa Eulalia responsabiliza “a las empresas Mineras e Hidroeléctricas que están implementando sus proyectos a cualquier costo en la Región” de lo que pueda ocurrirle a Daniel. Y en esas percepciones, la gente no suele equivocarse. Así ocurrió en Barillas, cuando todo el mundo en el pueblo culpó de la muerte de don Andrés Francisco Miguel el pasado 1 de mayo al personal de Hidro Santa Cruz, y apenas un mes después el MP detuvo al jefe de Seguridad de la empresa por ese delito.
Ante estos hechos, yo querría preguntarles: ¿es ésta la paz de la que ustedes hablando?  ¿ es ésta la paz que “traicionan” los que piden que el tribunal haga justicia? ¿Se refieren a la “paz” que se vive ahora en Santa Eulalia; a la que viven los vecinos de San Rafael Las Flores que fueron golpeados y detenidos en el Escobal; la que se respira en Santa María Xalapán después del secuestro de cuatro dirigentes y la muerte de uno de ellos;  la que sienten en La Puya con las amenazas continuas a su plantón pacífico? ¿Es la “paz” del Polochic, Totonicapán, Camotán, San Juan Sacatepéquez, San Miguel Ixtahuacán, del mismo Barillas? ¿A eso se refieren al hablar de “paz” –y eso que no entramos con los asaltos, zetas, coyotes, maras, asesinatos de mujeres y demás actividades? ¿O se refieren a la paz que viven ustedes en sus despachos corporativos y en sus condominios blindados?
En un foro recientemente llevado a cabo en la UNAM, en ciudad de México, el sociólogo Carlos Figueroa Ibarra planteaba que la situación vivida en los últimos meses en el país se podía calificar como de “terror selectivo” generalizado, similar a la que se vivió en la segunda mitad de los años 70 del siglo pasado, justo antes del “terror generalizado” que se implantó después y llevó al genocidio que según ustedes nunca existió –o que si existió, creen que es mejor olvidarlo.-
¿Es ésa la paz que ustedes quieren defender a toda costa? Aclárenlo, por favor ¿Se refieren a la paz de los secuestros, los presos, los desaparecidos y los muertos? Creo que es necesario que sepamos a qué se refieren ustedes. No puede ser casualidad que se esté juzgando un genocidio mientras mueren y desaparecen líderes como hace treinta años.  ¿Qué ha pasado en este país  para que todo esto vuelva a pasar delante de nuestras miradas y gente como ustedes se niegue a reconocerlo? O mejor ¿qué es lo que NO ha pasado? ¿Qué ha significado finalmente esa “paz” que ustedes tan valientemente defienden?
Ustedes, tan ilustres e ilustrados, y que conocen tan de cerca la historia reciente de este país quizá nos puedan explicar qué intereses sienten tan amenazados con el juicio histórico que nos permitirá conocer una parte de la verdad que oculta este país y que duele tanto a tanta gente, como para que tengan que acudir a Ustedes, para que con su alto prestigio y sus altas calificaciones digan  que el juicio es peligroso para la ¿paz? del país.
Pero sobre todo, lo que me gustaría de verdad es que nos explicaran a todos y todas los guatemaltecos, con esa sabiduría que ustedes tienen, a qué intereses amenaza gente como Daniel Pedro, con su andar continuo y su hablar suave. Qué gente, empresas y gobiernos se siente tan inseguros ante estos líderes, para que tengan que acudir a Ustedes para que les laven las manos con su docto jabón de la asepsia de la paz firmada, esas manos que están manchadas de sangre desde hace por lo menos treinta años  y que se siguen manchando con la de gente como Daniel –que esperemos descanse en paz, ahora sí.

CORAZÓN IXIL – CAMBIA LA ESTACION

Por Fernando López.

Fueron cuatro los colores y los rumbos
cuatro ríos caminando hacia los mares
con sus aguas floreció nuestra conciencia
como pueblos ancestrales en la historia
Los abuelos sembraron la resistencia
siglos antes de la farsa del pecado
Desde entonces vuela en alto la utopía de avanzar y resistir
y desafiar a los engendros de la muerte y su peste de miseria
Pero hoy cambia la estación, cambia la estación, cambia la estación
Estación ixil, Estación ixil de la primavera
Llevo el corazón, llevo el corazón, lleno de emoción
Corazón ixil, Corazón ixil de la resistencia.
Benditos sean los labios amorosos
en el beso a nuestros muertos en la huida
rojos los latidos de la sangre
que corre vena despertando la memoria
sigue viva ante la estirpe envenenada
de los que alientan el odio y el olvido
Porque rojo es el color de la utopía del inmenso corazón
que desnuda a los señores del racismo de conciencia ensangrentada
Porque hoy cambia la estación, cambia la estación, cambia la estación
Estación ixil, Estación ixil de la primavera
Llevo el corazón, llevo el corazón, lleno de emoción
Corazón ixil, Corazón ixil de la resistencia.
Bendita sea la sal que ungió la vida
en las nocturnas caminatas de la sierra
pues las bestias son valientes en el día
pero de noche le temen a las estrellas…!
Y benditas las mujeres de la tierra
que llevan nombre de flor, de paz y luna
Porque roja fue siempre la persistencia de entregar el corazón
que hizo florecer de nuevo nuestro sueño de igualdad en el planeta
Porque hoy cambia la estación, cambia la estación, cambia la estación
Estación ixil, Estación ixil de la primavera
Llevo el corazón, llevo el corazón, lleno de emoción
Corazón ixil, Corazón ixil de la resistencia.
Sigue siendo rojo el sol de la mañana
en el monte que da amparo a nuestra lucha
Rojo en el color de los tocados
y huipiles de mujeres aguerridas
que supieron desde la densa neblina
inspirarnos con su luz y su ternura
Porque rojo es el color de la utopía de su inmenso corazón
que ha bajado desde la tierra arrasada a nombrar al genocida
Porque hoy cambia la estación, cambia la estación, cambia la estación
Estación ixil, Estación ixil de la primavera
Llevo el corazón, llevo el corazón, lleno de emoción
Corazón ixil, Corazón ixil de la resistencia.

Mujeres maya ixiles: ejemplo de dignidad y persistencia

Por Lucrecia Molina Theissen
El 10 de mayo de 2013 en Guatemala es una fecha que pasó a la historia. Ese día, en el que se celebra a las madres en una fiesta comercializada y patriarcal, el Tribunal A de Mayor Riesgo, condenó al ex general Efraín Ríos Montt a ochenta años de prisión inconmutables por genocidio y delitos contra los deberes de humanidad. El que una vez fuera el hombre más poderoso del país, el jefe de una cúpula militar que llevó a la práctica el plan de exterminio del pueblo maya ixil, fue hallado culpable de la muerte de 1 771 mujeres y hombres de todas las edades. En la perversa lógica contrainsurgente, fueron configurados como enemigos a quienes debía exterminarse para erradicar su voluntad de lucha contra la opresión y el despojo. La acusación del Ministerio Público y las víctimas sobrevivientes, agrupadas en la Asociación Justicia y Reconciliación (que tuvo el apoyo de organizaciones de derechos humanos y sus equipos de abogados/as), estaba dirigida, además, al ex jefe de la G2 (inteligencia militar) que salió absuelto y otros dos militares que no se presentaron debido a motivos de salud.
El 19 de marzo se inició la tercera parte de este proceso judicial en un país en el que los terroristas de Estado se aseguraron la impunidad de los más ominosos crímenes. En la sala de audiencias de la Corte Suprema de Justicia ocurrieron milagros. El 2 de abril Elena, Juana, Ana, Carmen, Margarita, otra Ana, Magdalena y otra Magdalena, envueltas en sus rebozos coloridos, jardines caminantes, se presentaron ante el tribunal de juicio con los rostros cubiertos. Las que entonces fueran proscritas, perseguidas, objetos deshumanizados asesinables, llegaron desde Nebaj, Chajul y San Juan Cotzal ataviadas con sus trajes prohibidos. En su idioma, también prohibido, despacito, conteniendo las lágrimas, echaron a volar tales congojas que se oscureció el cielo. Por primera vez, públicamente, se conocieron los actos inhumanos a los que fueron sometidas, todos ellos bajo la etiqueta de violencia sexual. De sus pechos, volcanes dormidos, en erupción sanadora brotó la lava de verdades horrendas guardadas por treinta años.
Sus testimonios sobre las torturas y los asesinatos de sus padres y hermanos, las violaciones y maltratos terribles contra sus madres, hijas y hermanas y la esclavitud sexual y laboral en las que se les sumió a las sobrevivientes, fueron piedras cayendo sobre los techos de las buenas conciencias oligarcas. La ceniza que brotó de sus bocas oscureció las estrellas de los generales, recibidas en guerra de cobardes ensañados con la gente más humilde e indefensa: las niñas y las mujeres de maíz, cuyos cuerpos, dadores de vida, fueron transformados en doloridos territorios de la muerte.
Jazmín Barrios (al centro) presidió ayer la audiencia de resarcimiento a las víctimas de genocidio. Foto Rafael Rosales/s21Al frente las escuchaba otra mujer: la jueza Iris Jassmin Barrios Aguilar, presidenta del tribunal, que con dignidad y valentía admirables se mantuvo firme e imbatible ante los ataques de la defensa. Misóginos y racistas, los abogados no cesaron de intentar debilitar su autoridad y su entereza moral vociferando en la sala o con decenas de argucias jurídicas sin ética alguna, a las que continúan recurriendo para evitar que la sentencia sea ratificada por los tribunales superiores. El tribunal está integrado, además, por Patricia Isabel Bustamante García y Pablo Xitumul de Paz.
Este proceso fue posible también gracias a la decisión de Claudia Paz y Paz, la fiscal general de la república, que desde su puesto ha resistido los ataques rastreros de los militares y sus cómplices, que siguen afanándose por deslegitimar su desempeño. Desde antes y con otros procesos, otras mujeres han abierto el camino con su tenacidad y su exigencia de justicia. A mi mente llegan los nombres de Aura Elena Farfán, Helen Mack, Rigoberta Menchú, Rosalina Tuyuc y Blanca Rosa Quiroa, entre millares de hermanas, hijas, esposas y madres de las innumerables víctimas asesinadas, masacradas, torturadas o desaparecidas en la vorágine del terrorismo estatal. Tampoco puedo olvidarme de mi madre ni de su hijo desaparecido, mi hermano, cuando solo tenía 14 años.
Estos hombres viles, y muchos otros que ojalá sean llevados al banquillo de los acusados, que escucharon imperturbables los testimonios de sus víctimas, fracasaron en su intento de acabar al pueblo maya ixil “hasta la semilla”. Ante ello, cobra sentido el verso del poeta Otto René Castillo, asesinado en 1967 por otra generación de genocidas, “nada podrá contra la vida porque nada pudo jamás contra la vida”.
Fue vida lo que aconteció en los treinta días que duró la tercera etapa del juicio por genocidio, junto con el anhelo visceral de justicia sostenido por la dignidad de las mujeres y hombres ixiles que se atrevieron a romper el silencio y, afrontando el olvido, el rechazo, el odio, el racismo, pusieron a prueba dos visiones de mundo: la de la justicia y la verdad y la de la impunidad y el cinismo. Otro país deberá surgir después de esto, uno en el que se haga realidad el “nunca más”, en el que pasito a pasito derrotemos el modelo excluyente, oligárquico, patriarcal y racista que ha prevalecido desde hace más de 500 años, para construir un país en paz en el que la vida sea un valor sagrado.

Una parte de mí. –Multiétnica-

Una parte de mí está muerta
Por la barbarie,
La tortura, la represión
Por la violación de mi cuerpo mancillado
Una parte de mí no respira
Ustedes transgredieron
Mi frágil oquedad
¿Cuántos fueron?
¿Cuántos de ustedes mi vagina destrozaron?
Una parte de mí, se niega a continuar
Se detuvo en el instante mismo
En que ustedes la mutilaron
¡Soldados! ¡Verdugos! ¡Genocidas!
¡Ustedes hermanos!
Hijos de un mismo suelo
Al que de sangre empaparon, ¡ Tiranos!
Una parte de mí
Se niega a existir
Se ha vuelto penumbra, que me arrastra y me obliga
Que a mi alma castiga y renuncia a vivir
Habita en el desamparo
Ésa parte de mí
Que se aísla y se encierra
Que en silencio perece
No es retoño que crece
Ni eco de montaña
De aquella tierra arrasada, que ustedes hicieron quemar
Una parte de mí agoniza a la deriva
Ustedes despedazaron
Los pétalos de mi embellecida flor
Con estacas, metrallas y cuchillos
Cercenaron su tenue botón
Una parte de mí, perdió su niñez
El embrujo de la infancia de niña aldeana me abandonó
Se largó a un mar de angustia que me intenta ahogar
Mi primera sangre
Ustedes la hicieron bajar
Desde mis entrañas molidas a golpes
Dese mi corazón dolido que se niega a palpitar
Desde mis ovarios de niña
Que reventaron a palos
No, ya no seré un jardín
De lozanas flores del campo
Porque mi tierra infértil la dejaron
Es un desierto donde sólo crecen tormentos
De trastornos lapidarios
Que a mi infringido ser sepulta
Pero, hay otra parte de mí
Que lucha constantemente por sobrevivir
Soy la niña, la adolescente, la mujer que sigue viendo de frente
Cada día el amanecer, la nueva aurora , el renacer
Soy la anciana que se resiste a perecer
En la sombra del silencio
¡tengo una voz autónoma!
¡Un canto emancipado de ave de monte!
¡Un Nawal que me guía y las ancestras de las fosas clandestinas que mi candil son!
¡Desde esas profundidades claman justicia y castigo!
¡ A más de un genocida que nos vulneró!
¡Soy la que creíste muerta, asesino!
Pero sobreviviente soy, de las cenizas he resurgido, ¡tirano, opresor!
Crezco en enredaderas de aquella bella flor, llamada tamborillo, de mi aldea un primor.
-Por las hermanas Ixiles, hoy y siempre-.
Ilka.
Abril 02 de 2013.
Tabucolandia.
Publicado en Genocidio, Ixil, Justicia






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