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viernes, 28 de agosto de 2020

OJK'ASLIK ESTAMOS VIVOS


OJ K’ASLIK “ESTAMOS VIVOS” 
24 min. Español 2003

Documental sobre la recuperación de la memoria Histórica en Rabinal, Baja Verapaz.
Rabinal cuenta con un capítulo de la Historia muy doloroso y que muchas personas sufren al recordarlo, y es la violencia, ocasionada en los años 80 por el conflicto armado interno, en esos años se violaron los derechos de la población de Rabinal fueron asesinadas por lo menos 5,000 personas (hombres, mujeres y niños) en ese tiempo el equivalente al 20% de la población y en su mayoría las víctimas pertenecientes al pueblo Maya Achí.

30 AÑOS ASOCIACIÓN COMUNICARTE COMPARTIENDO MEMORIA 1990 -2020

DEVOLVIENDO LAS IMÁGENES A LOS ACTORES, LOS TESTIMONIOS DE LAS VICTIMAS Y SOBREVIVIENTES DEL CONFLICTO ARMADO.

Hablar hoy de Memoria Histórica o de Memoria Colectiva, es hablar del trabajo que COMUNICARTE viene desarrollando desde 1990.

viernes, 3 de febrero de 2017

GUATEMALA: CARTA ABIERTA A UN GENOCIDA MORIBUNDO.

Por Hugo Gordillo
General
José Efraín Ríos Montt.
Presente.
Despreciable general:
Me acabo de enterar que se aproxima al lecho de muerte. No sé cuánto le va a durar la vida; pero, créame, desde que empezó el juicio en su contra por genocidio, hago votos porque tenga una larga vida, como la que le desean los apologetas del crimen, que antes y después de muerto le seguirán lanzando hurras. Le cae bien una larga vida para que, día a día, desee estar muerto, a causa de tanta cita judicial, tanto supositorio y tanta pesadilla por sus sangrientas barbaries, que lo tienen con ojeras de cancerbero.

Aprovecho a escribirle ahora, porque no lo haré desde el día de su muerte, hasta que haya pasado, por lo menos un año, de su lamentable deceso. Es el mínimo respeto que debo tener por la memoria de cualquier difunto, como aprendió a respetar la humanidad desde que dio el salto a la civilización. Un respeto que atilas como usted no se merecen, si juzgamos que, a los familiares de sus miles de víctimas ni siquiera les dio la oportunidad de enterrarlos cristianamente.

Nada más vea la cantidad de cementerios clandestinos que le gritan en la cara: ¡fue usted general, fue usted! El último de esos camposantos, el de la Zona militar de Cobán, donde uno de sus pupilos, Ricardo Méndez Ruiz, cumplió con las órdenes. Así fue como se dio gusto golpeando, torturando, ejecutando hombres, mujeres, ancianos y recién nacidos comunistas, puestos a dormir en ese inframundo, en cuya superficie tronaban las botas de la soberbia y la impunidad.

No se preocupe. Siempre habrá quién intente acallar esas voces, como el oficial de inteligencia, hijo de su subordinado Méndez Ruiz, que creó una Fundación Terrorista, desde la que amenaza y acciona contra defensores de los derechos humanos, alentado por la resurrección del fascismo global, el apoyo logístico de la Asociación de Veteranos Militares Genocidas de Guatemala, AVEMILGUA, y el financiamiento del CACIF, que también financió los escuadrones de la muerte desde 1954.

Qué buena semilla nos dejó con los “oficiales jóvenes”, heraldos de su cruzada sanguinaria de valores: Otto Pérez Molina, su niño bonito que barrió el Triángulo Ixil; y Mauricio López Bonilla, su niño feo, segundo verbo del golpismo del 82, uno de los primeros militares que se empiernaron con guerrilleros en el negocio de la guerra y la violación de derechos humanos. Par de delincuentes que casi gozan, como usted, de impunidad: arresto militar en el vergonzoso Cuartel de Matamoros, donde torturaron y mataron a tantos cristianos.

Si es que algún día los tuvo, general, ¡dónde perdió la decencia y el don de gentes?, porque usted fue demócrata y cristiano. Quizás todo se fue al traste cuando rompió con los valores de la democracia y el cristianismo de nuevo testamento, para abrazar esa secta imperialista antiguo testamentaria, que lo convirtió en dictadorzuelo, en Herodes de República Bananera. Usted y su fanatismo hicieron ver como enanos a Estrada Cabrera, devoto de los envenenamientos, y a Ubico, devoto de la Ley Fuga y la virgen de Zapopán.
Mire cómo dejó este país con su prédica dominguera y su doctrina de quitarle el agua al pez. Envenenó los ríos y los lagos cuando debió procurar la multiplicación de los peces y los panes. Mire cómo los hijos y nietos de los otrora niños que no alcanzó a eliminar con fusiles y frijoles, hoy se mueren de hambre en cualquier paraje rural y de enfermedades prevenibles en cualquier barriada citadina. A Dios sea la gloria y a usted los honores militares, hijo predilecto del averno.


Mire cómo su seguridad anticomunista de metralla y tribunales de fuero especial tiene hasta hoy, sobre envalentonados a los poderosos por encima de un pueblo al que, día a día, le roban la dignidad entre la pared de la sobrevivencia y la espada de la corrupción. El pecado del comunismo no se absolvió con sus pecados capitales, como eso de matar en nombre de Jehová. Vea este pueblo acechado por la maras, reencarnación de sus hordas castrenses de casco hendido, que igualmente golpean al pobre, al humilde y al trabajador.

No se sienta mal porque, por lo menos, sus hijos siguieron sus pasos al pie de la letra: no mienten, no roban, no abusan. Ha de ser un orgullo para usted el proceso contra su hijo Enrique Ríos Sosa por el desfalco de 471 millones de quetzales en el Ejército, dinero del pueblo que fue a parar a cuentas de particulares. Y qué decir de su hija Zury, que, gracias a Dios, acabó con el FRG, su partido de la manita con sangre, cuando extorsionaba empresarios para el financiamiento de su campaña electoral.

Lo bueno es que, al igual que usted, su hijo Enrique, ese cobarde ladrón (por no decirle hueco) atrapado en el cuerpo de un militar y envuelto en las enaguas de su nana, continúa en la impunidad gracias al putrefacto sistema de justicia, al que su partido contribuyó a modelar. Lo mejor es que su hija Zury, ese militar atrapado en el cuerpo de una vieja, continúa en la política ofreciendo principios y valores con la garantía de que usted es el modelo de ciudadano y, su familia, el modelo de sociedad en Guatemala.

Para olvidarse del dolor de culo a causa de los supositorios, recuerde su mejor tiempo, que fue el de dictador. Por ejemplo, la masacre de 96 ixiles en la comunidad Estrella Polar, de Chajul, El Quiché, ocurrida el mismo día de su asunción. Recree a esos hombres inermes ejecutados en la Iglesia Católica, Mujeres asesinadas por sus emisarios en una casa cercana y a los soldados sacando los cadáveres durante dos días para tirarlos en un pozo seco. Diviértase un poco. Recordar es volver a vivir.


Si no le parece divertido, sepa que tampoco fue divertida la matanza, a martillazos, de doscientos ladinos en “Dos Erres” La Libertad, Petén. Recuerde que entonces la gente decía que usted estaba loco, mientras presumía de cuerdo. Hoy, para evadir a la justicia, usted dice que está loco y la gente presume que está cuerdo. ¡Pongámonos de acuerdo generalísimo y criminal, por la gracia de Dios! Le deseo una larga vida de sufrimiento. Ojalá fuera eterno, para resarcir, en parte, la sangre que ni todos los hematólogos del mundo han derramado nunca, como usted lo hizo en Guatemala.

Hugo Gordillo

sábado, 10 de diciembre de 2016

Guatemala: identifican desaparecidos durante la guerra


ARCHIVO - En esta foto de archivo del 13 de enero de 2011, un antropólogo forense exhuma parte de una fosa común en uno de los cementerios más grandes de Guatemala, La Verbena. Los restos de Juan Estuardo Orozco López y José Zenón Hernández Cusanero fueron encontrados en una fosa en este lugar. Son dos de 500 desaparecidos que hasta ahora se han identificado tras un proceso que comprar sus restos con DNA de sus familiares. El proceso inició a mediados de año, de acuerdo a la Fundación de Antropología Forense de Guatemala. (AP Foto/Rodrigo Adb, Archivo)

AP. 10.12.2016 - 10:29h PST 

Por más de 30 años, los restos de Juan y José no fueron más que una pila de huesos sin nombre.

Las osamentas se hallaron en una fosa común del cementerio de La Verbena, en la capital de Guatemala, y son un recordatorio de la guerra civil que cimbró el país centroamericano entre 1960 y 1996.

Juan Estuardo Orozco López y José Zenón Hernández Cusanero son dos de 500 cadáveres desaparecidos identificados hasta el momento, pero de acuerdo con un informe de La Comisión para el Esclarecimiento Histórico —auspiciada por la Organización de las Naciones Unidas— aún hay pendientes por saldar: en esa guerra que enfrentó a militares y civiles desaparecieron 45.000 y murieron 200.000.

La Fundación de Antropología Forense de Guatemala logró la identificación de los restos tras realizar comparaciones con muestras de ADN de las víctimas con sus familiares. Aunque el proceso inició a mediados de 2016, la información —a la que The Associated Press tuvo acceso en exclusiva— no se había dado a conocer a la prensa sino hasta ahora.

Los nombres de Juan y José se suman a una lista de 183 que aparece en una bitácora conocida como Diario Militar, cuya existencia se dio a conocer en 1999 y constituye un registro de quienes fueron detenidos tras acusaciones de subversión y haber pertenecido a la guerrilla.

Señalados como enemigos de los regímenes militares que entonces gobernaban Guatemala, miles de integrantes de organizaciones sindicales, estudiantiles o campesinas se convirtieron en víctimas del conflicto.

El Diario Militar, que identifica con fotografía a cada víctima de las fuerzas de seguridad, detalla lo que ocurrió tras su detención. Entre otras cosas, ahora se sabe que el número "300" era una clave para detallar que alguien había sido asesinado.

Por más de 30 años, los restos de Juan y José no fueron más que un par de osamentas marcadas con números —496 y 1200— en una fosa común. Como ellos, muchos otros cadáveres anónimos ampliaron la cifra de miles de desaparecidos a causa de la guerra.

Según los testimonios de la familia de Juan, un ingeniero eléctrico que tenía 29 cuando desapareció, el joven fue atacado en la zona 11 de Ciudad de Guatemala tras resistirse a ser detenido por fuerzas de seguridad en agosto de 1983. Nunca dieron con su paradero.

El Diario Militar identifica a Juan con el número 2. Asimismo, la bitácora establece que utilizaba el seudónimo de "Miguel y Marín" y que era un supuesto miembro de la Organización del Pueblo en Armas (ORPA), una de las cuatro fracciones de la guerrilla conocida como Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG).

El informe detalla: "cayó abatido al oponerse a su detención".

José, por su parte, desapareció el 23 de abril de 1983. Tenía 25 años y según los testimonios salió de su comunidad en San Martín Jilotepeque, en el departamento de Chimaltenango, hacia la capital. Luego no se supo más de él.

En el dossier, José es el número 112. Su seudónimo era "Marco Antonio" y, según los militares, era miembro del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), una fracción de la URNG. De acuerdo al documento, las fuerzas de seguridad lo identificaron y trataron de detenerlo.

En lo que fracasaron los hombres, tuvieron éxito las armas: "al darse cuenta de los vehículos, se quiso poner en fuga, por lo que tres impactos de (un fusil) M-16 lo detuvieron".

El informe detalla: "300 en el lugar".

De las 183 personas que aparecen en el diario militar, 101 fueron ejecutadas. Algunos cuerpos se localizaron; otros nunca aparecieron. Del resto —82— algunos fueron puestos en libertad; del resto no se sabe más.

José Suasnavar, director de la Fundación de Antropología Forense de Guatemala, dijo que en La Verbena se han localizado 3.323 osamentas que se han comparado con más de 13.000 muestras de ADN del Banco Genético Nacional de familiares y Víctimas de Desaparición Forzada, donde se han localizado a ocho personas que aparecen en el Diario Miliar.

En 2012, la Corte Interamericana condenó al Estado guatemalteco por violación a la vida, integridad y derechos de las víctimas. Desde entonces, el Estado está obligado a resarcir a sus víctimas y a buscar a los desaparecidos.

Ver más en: http://www.20minutos.com/noticia/69193/0/guatemala-identifican-desaparecidos-durante-la-guerra/#xtor=AD-1&xts=513357#xtor=AD-1&xts=513357