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martes, 25 de octubre de 2016

Guatemala: El exjefe del Estado Mayor de la Defensa y hermano del expresidente Romeo Lucas García, será procesado por violación sexual, desaparición forzada y deberes contra la humanidad.


Benedicto Lucas será procesado en caso Molina Theissen

Por Redacción PL.
El Juzgado de Mayor Riesgo C decidió ligar a proceso a Benedicto Lucas en el caso ya abierto en contra de otros militares que habrían participado en la desaparición del menor Marco Antonio Molina Theissen, en 1981.
Benedicto Lucas -al centro- durante la audiencia este martes en el Juzgado de Mayor Riesgo C. (Foto Prensa Libre: Paulo Raquec)


Lucas está procesado por crímenes cometidos en la base militar de Cobán, Alta Verapaz, durante el conflicto armado interno y se suman un segundo proceso este martes.
La fiscalía sostiene que Lucas García participó en la desaparición del niño Marco Antonio Molina Theissen, hecho que ocurrió el 27 de septiembre de 1981.
El militar retirado es el quinto implicado en este caso, en el que ya están procesados Francisco Gordillo, Edilberto Letona, Hugo Zaldaña y Manuel Callejas y Callejas, quienes enfrentan cargos por los delitos contra los deberes de la humanidad. A los dos últimos también se les imputa el delito de desaparición forzada.

La desaparición de Molina Theissen

Según la información presentada por el ente investigador, el 27 de septiembre de 1981 en Santa Lucía Utatlán, Sololá, fue detenida Emma Guadalupe Molina Theissen, en un retén militar de control de carreteras; ella llevaba escondida propaganda de estudio y discusión política y fue trasladada a la Zona Militar "GMLB" de Quetzaltenango, donde fue torturada y violada y de donde logró escapar 9 días después.
El 6 de octubre de ese mismo año, tres elementos del ejército vestidos de particular, llegan a la casa de la familia Molina Theissen en la 6a. avenida 2-35 zona 19, La Florida, y se llevaron a Marco Antonio Molina Theissen, hermano de Emma Guadalupe.
El 26 de abril de 2004 el Estado de Guatemala reconoció su responsabilidad en la desaparición del menor ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, instancia que condenó al Estado y ordenó buscar a la víctima, investigar y eventualmente sancionar a los responsables materiales e intelectuales del hecho.
Durante 10 años el MP trabajó en la investigación, utilizando como medios el peritaje militar, de derecho internacional humanitario, archivístico, declaraciones testimoniales,entre otros, e individualizó responsabilidades contra cuatro integrantes del ejército en esa época.
http://www.prensalibre.com/guatemala/justicia/benedicto-lucas-sera-procesado-en-caso-molinta-theissen

jueves, 16 de junio de 2016

GUATEMALA: 45,000 CLAVELES ROJOS

Marco Antonio Molina Theissen, desaparecido el 6 de octubre de 1981
45 000 flores cortadas. 45 000 árboles talados. 45 000 desaparecidos. Se dice fácil y rápido pero no sin dolor. No tardo ni diez segundos en pronunciar la frase, pero los ladrones de cuerpos, los torturadores, los dadores de muerte, los ocultadores de cadáveres, perpetraron este crimen de lesa humanidad, continuado e imprescriptible, durante más de treinta años en Guatemala.


Uno, mil, diez mil, cincuenta mil, las cifras no importan, son generalizaciones que no dan cuenta de la vasta diversidad humana que se perdió para siempre en el torbellino del horror. Cada pérdida sigue siendo una tragedia para decenas de millares de familias que viven con la ausencia forzada de hombres y mujeres, jóvenes y viejos/as, niños y niñas, seres humanos portentosos, poseedores de todos los derechos, entre ellos a la vida, la integridad personal, la libertad y el derecho a morir con dignidad, de muerte natural, no asesinados ni desaparecidos. De todos ellos fueron despojados vilmente.

El dato también oculta quienes fueron esos seres humanos. Escritores/as, músicos/as, poetas, bailarinas/es, artistas de todas clases, maestras/os, estudiantes, catequistas, monjas y sacerdotes, ingenieros/as, médicos/as, abogados/as, obreros/as, sindicalistas, políticos/as, deportistas, amas de casa, artesanos/as, periodistas, choferes, peones, zapateros, modistas, enfermeras. Eran personas de todos los colores, tamaños, procedencias, que amaron, rieron, cantaron, odiaron, trabajaron, crearon y dieron un aporte a su familia y a la sociedad, o iban a hacerlo.

No son 45 000 ceros a la izquierda. Hijos o hijas de alguien, esposos o esposas, madres, padres, amigos/as, compañeros/as de trabajo o estudio, hermanos/as, tíos/as, sobrinos/as, abuelos/as. Todos los grados de parentesco resultaron afectados, en todas las familias y colectividades un día faltó alguien amado, alguien imprescindible, insustituible. Si estuvieran aquí, se podría organizar un gran desfile o una fiesta hermosa.

Con ellos y ellas se podría haber llenado dos veces el estadio “Doroteo Guamuch”[i]poblar una ciudad, construir otro país. Tenían nombres y apellidos y familias que les seguimos amando. A quienes les perdimos nos harán falta a lo largo de nuestra existencia, así como a nuestra sociedad le hacen falta sus aportes intelectuales, artísticos, laborales, profesionales y de todo tipo. Son incontables los cuadros que no pintaron, los poemas y novelas que no escribieron, los panes que no hornearon, las plantas que no sembraron, los libros que no leyeron, las hijas e hijos que no tuvieron, su amor y los abrazos que ya no recibimos. Su ausencia forzada es un vacío que llenamos de furia y un dolor insondables.

En un país con siete millones de habitantes en los inicios de la década de los ochenta, unas 45 mil personas representaban el 0,64%, más de seis de cada mil guatemaltecos/as había sido desaparecido/a. ¿Cuántos habitantes tendría hoy Guatemala si eso no hubiera pasado?

Sensibilicémosnos. No son un número, no son un dato, son personas que tenían derecho a vivir. Sintámoslos. Recuperemos sus sueños y hagámoslos realidad. Repitamos sus nombres en voz alta, como una letanía. Preguntemos quiénes son. Indaguemos. Elevemos 45 000 claveles rojos con sus nombres. Imaginemos ese vasto contingente de seres humanos desaparecidos por el odio. Busquemos sus rostros en la muchedumbre. Lamentemos su pérdida. Recordemos sus voces. Abracemos sus memorias. Rompamos el silencio. Indignémonos. Exijamos justicia para que nunca más suceda esta tragedia.

[i] El verdadero nombre de Mateo Flores era Doroteo Guamuch Flores. En una muestra de ese racismo que nos atraviesa se lo cambiaron para bautizar el estadio nacional, un dudoso homenaje.